CUIDADOS: EL EMPLEO EN EL HOGAR Y LAS GRIETAS EN EL MALTRECHO ESTADO DE BIENESTAR OCCIDENTAL
Economía, arte y derechos para hablar de los cuidados

Las asociaciones de empleadas del hogar y grupos de mujeres que están tratando la crisis de los cuidados y de la reproducción
de la vida están realizando un trabajo de difusión y pedagogía de esta faceta menos conocida de la crisis global. La importancia de las cuestiones micropolíticas y el ejercicio de comprensión de los motivos que llevan a mujeres de medio mundo a migrar al norte son algunos pasos que apuntan hacia la resolución de una barrera creada por intereses sistémicos.

, Zaragoza
06/06/11 · 17:25
Texto de Elena P., Esther M. y Jara C.
 
"Trabajo, sueldo y trato dignos" (Foto: Olmo Calvo)

La conferencia sobre cadenas globales
de cuidados de la economista y
feminista Amaia Pérez Orozco y la
inauguración de la exposición dependencias
mutuas, con Rafaela
Pimentel, de Territorio Doméstico,
hicieron de marzo un mes ajetreado
en Zaragoza.
Y es que, siguiendo a Amaia
Pérez Orozco, es necesario ampliar
el análisis para comprender las cadenas
globales de cuidados en su
complejidad: a la exploración de los
procesos estructurales –los sistemas
de desigualdad global– es imprescindible
incorporar las cuestiones
micro –o cotidianas–. Además,
como explica Pérez Orozco, huyendo
de concepciones estáticas y reduccionistas
podremos buscar los
puntos de fuga
y por ejemplo, apreciar
que las motivaciones económicas
provocadas por las crisis de reproducción
social de los países de
origen no son las únicas que impelen
a las migrantes a partir de sus
hogares, sino que las razones tienen
también que ver con propósitos
de vida personales y con la apertura
de horizontes vitales. Del mismo
modo, de las cadenas también
surgen movimientos de liberación
de mujeres,
“no toda migrante empleada
de hogar es una madre inmolada
o no sólo es una madre inmolada”.

Para analizar lo micro,
Amaia Pérez propone entender cómo
son los hogares insertos en las
cadenas globales de cuidados:
el
hogar de origen, al que la mujer migrante
transfiere responsabilidades
de cuidados al marcharse; el hogar
empleador, en el que ésta se inserta
recibiendo el cargo de cuidados de
otra mujer que a su vez estará empleando
diversos recursos para organizar
el sostenimiento del hogar;
y el hogar que la migrante crea en
el país de destino. En el hogar de
origen se generan nuevas identidades
de cuidadoras:
abuelas con maternidad
expandida y madres adolescentes
que implican la disolución
de la frontera entre persona
cuidadora y cuidada. Las realidades
de gestión de los cuidados de
los hogares de destino son múltiples,
aunque prima el ajuste entre
los servicios públicos, los trabajos
no remunerados y el empleo del hogar.

Algo parecido ocurre con los
hogares migrantes: como advierte
Amaia Pérez Orozco, en ellos las
mujeres tienen los mismos problemas
que las autóctonas, pero con
muchos menos recursos para resolverlos
y con estrategias que, en muchas
ocasiones, se vuelven en su
contra, como sucede a menudo
cuando la interna reagrupa a sus
hijos e hijas en el hogar de destino.
A esta dificultad se suma la doble
condición que recae sobre las mujeres
que migran: la de cubrir el trabajo
derivado de las fallas de los regímenes
de bienestar y la de migrantes,
que conlleva un estatus de
ciudadanía inferior.

Un ejemplo, Tramalena
Aminata, senegalesa, quiere saber
cuáles son sus derechos: es interna y
en principio fue contratada para cuidar
a una anciana. Ahora, por el mismo
sueldo, está cuidando de dos; sus
empleadores prescindieron de la cuidadora
del segundo anciano y le doblaron
el trabajo sin contraprestación
a cambio. Bessie, de Nigeria,
también es interna y sólo sale los domingos
por la tarde. Se encuentra
muy nerviosa, angustiada y con frecuentes
cambios de humor.

El 20% de las usuarias del centrozaragozano de formación para mujeres
en riesgo de exclusión social
Tramalena son migrantes sin papeles,en parte porque allí pueden realizar
cursos sin estar regularizadas,
hay guardería, las actividades se realizan
en horario escolar, y la asistencia
es flexible según los tiempos
de cada una. Isabel y Esther, trabajadoras
del centro, explican que en
2008 detectaron cambios en la actitud
de las usuarias: una gran necesidad
de acceder al mercado laboral
y de información sobre las prestaciones
a las que tienen derecho.

Isabel y Esther denuncian la
desigualdad que generan los propios
servicios sociales:
muchas veces
depende del o la profesional
que las mujeres puedan tramitar
las ayudas existentes. Ambas creen
que el sistema de servicios sociales
no estaba preparado para esta
crisis: ni en recursos económicos ni
en volumen o calidad de sus profesionales.

Además, advierten que el
certificado de profesionalidad que se
quiere implantar con la Ley de
Dependencia revalorizará la experiencia
laboral y permitirá acceder a
módulos de FP, pero segregará nuevamente
a las mujeres que no puedan
regularizarse o tengan un nivel
de formación reglada más bajo.

Tras el encuentro mantenido en
Tramalena el pasado febrero con
Rafaela Pimentel, de Territorio Doméstico
de Madrid, la Red de Apoyo
a Sin Papeles de Zaragoza ha convocado
encuentros entre trabajadoras
domésticas y personas interesadas
en su problemática. El objetivo
es construir un espacio de relación,
información, desahogo, apoyo mutuo,
denuncia y diversión
desde el
que poder impulsar transformaciones,
visibilizar las condiciones del
empleo doméstico, reivindicar su
mejora y buscar trabajo sin intermediaciones.

Propuestas
de cambio

El empleo doméstico está actualmente
regulado por el Decreto
1424/1985 del 1 de agosto,
una norma discriminatoria que
permite jornadas de trabajo muy
superiores a las 40 semanales y
salarios por debajo del mínimo
interprofesional. La Asociación
de Trabajadoras del Hogar de
Valladolid cree que la reforma de
este decreto debe incluir la obligatoriedad
de que se establezcan
contratos escritos, en los que
consten la jornada y el horario de
trabajo; jornadas máximas de 40
horas semanales, y descansos
obligatorios de un día y medio
por cada semana trabajada.

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"Trabajo, sueldo y trato dignos" (Foto: Olmo Calvo)
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