EQUIPOS CIENTÍFICOS LAMENTAN LA FALTA DE APOYO PÚBLICO A INVESTIGACIONES SOBRE EL ESTADO DEL MAR
Ecologistas en Acción cifra en 300 las zonas costeras contaminadas

En el último año al menos 300 zonas costeras
del Estado sufrieron daños contaminantes.
El dato se recoge en un estudio
de Ecologistas en Acción sobre ecosistemas
litorales en peligro. La organización,
que presenta en julio los datos finales de
su campaña ‘Banderas Negras’, alerta sobre
el aumento de agresiones urbanísticas
y vertidos en las playas de la península.
Además, advierte de que ante el crecimiento
desmesurado de las ciudades, las
depuradoras de agua no dan más de sí.

22/06/06 · 0:50
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PRIMERA LÍNEA. La urbanización del litoral es uno de los factores que explica el aumento en la contaminación.

Pablo Sánchez, coordinador del informe
en Almería, no oculta su indignación.
“Lo peor de todo es que
cada año va a más”, asegura. En julio
de 2005, después de que las diversas
federaciones territoriales de
Ecologistas en Acción examinaran
cada una de las costas del Estado,
se llegó a una conclusión clara: “La
situación es alarmante”, se dijo.

La campaña ‘Banderas Negras’
señalaba entonces en el mapa un total
de 189 zonas donde se habían registrado
vertidos industriales, escasa
depuración de aguas residuales o
urbanizaciones costeras desmesuradas.
La organización, además,
alertaba sobre 109 puntos negros
que padecieron “impactos ambientales
significativos”. Por eso, para
evitar que la situación siguiera agravándose,
el informe sugería varias
actuaciones. Entre ellas, que las administraciones
contribuyeran al saneamiento
de las playas.

No funcionó. Y el mar próximo a
las costas se encuentra cada vez
más contaminado. Las causas son
varias. De entrada, la contaminación
de los barcos. “Desde los buques
o las embarcaciones de recreo
se vierten muchos residuos sólidos.
Incluso se llega a atar piedras a la
basura y tirarlas al agua”, explica
Juan Grimalt, miembro del Centro
de Investigación y Desarrollo.
Para Francesc Sardá, investigador
de Ciencias del Mar, se producen
daños aún más graves. Según
señala, “el tráfico de buques es uno
de los motivos importantes para la
contaminación. Muchas limpiezas
de depósitos se hacen en el mar para
evitar los controles”. “Y lo mismo
pasa con barcos que se pintan en alta
mar”, añade. “No hay un control
de los residuos. Si pintan tiran al
agua pinturas, pinceles, trapos sucios,
baterías, lo que sea”.

Precisamente fue Sardá uno de
los primeros investigadores en advertir
el grado de contaminación al
que se había llegado en el Mediterráneo.
Ocurrió en 2001, durante
una investigación sobre la gamba
rosada y los fondos marinos
donde puede encontrarse. “Si tiras
la red y te encuentras con mucha
más porquería que pescado es que
algo grave está pasando”, sonríe.

A partir de ese año algunos investigadores
intentaron realizar estudios
sobre el estado de salud del
mar. En vano. No contaron con ayudas
públicas ni privadas. Según
Sardá, la falta de apoyos se debe
principalmente a la escasa rentabilidad
a corto plazo de esta clase de
estudios. Para algunos ecologistas,
en cambio, los motivos van más allá.

“Es evidente que las instituciones
también son responsables”, apunta
Antonio Hernández, coordinador
del Área Marina de Ecologistas en
Acción. A su juicio, “si se hicieran
auditorías ambientales con rigor, si
las autoridades obligaran a cumplir
con los planes ambientales o si los
países controlaran a sus propios
barcos, no iría tanta basura al agua”.

‘Boom’ descontrolado

Pero más allá de alta mar, es en la
primera línea de playa donde se
achaca un vínculo directo entre las
administraciones y el deterioro ambiental.
“Se está repitiendo el boom
urbanístico incontrolado de los ‘60”,
denuncia Jorge Sáez, responsable
de la campaña ‘Banderas Negras’.

Y los datos le avalan. En este momento,
las edificaciones en el primer
kilómetro de costa alcanzan el
34% del litoral mediterráneo. Según
informaba recientemente el
Observatorio de la Sostenibilidad
de España (OSE), las zonas urbanizadas
han aumentado más de un
50% en Murcia y la Comunidad
Valenciana en los últimos 20 años.
Una fiebre a la que se acusa de
devorar la costa y que no parece
detenerse. Tan sólo en 2005 se batió
el récord de construcción de vivienda:
800.000 nuevas en todo el
Estado. De ellas, cerca de la mitad
pensadas como segunda residencia
en las zonas costeras.

Desde Ecologistas en Acción, sin
embargo, se advierte de los efectos
ambientales de este frenesí inmobiliario:
la construcción de depuradoras
no está siguiendo el ritmo de crecimiento
que marcan los planes de
urbanismo. “En verdad, los lugares
señalados con banderas negras se
refieren a los casos más salvajes, pero
podríamos hablar de una bandera
negra kilométrica por todo el litoral”,
enfatiza Pablo Sánchez.

En ecología, el impacto de los
vertidos no depurados cuenta con
un término propio: ‘eutrofización’.
Un fenómeno de difícil definición
científica, pero con efectos fácilmente
visibles: las aguas se enturbian,
adquieren un color verdusco
y hacen aflorar cientos de algas.

Para la salud humana, el problema
más inmediato se da en la comida.
“Consumimos alimentos altamente
contaminados, como filetes plagados
de mercurio”, explica Sánchez,
quien además señala un problema
más grave para el futuro:
“La explosión de algas provoca que
la luz no llegue al fondo del ecosistema,
lo que impide la fotosíntesis
y la producción de oxígeno. Así
que, al final, lo que está en riesgo
es el aire que respiramos”.

«Falta educación ambiental»
_ Junto a las críticas a las administraciones,
desde Ecologistas en
Acción también se hace hincapié
en la importancia de un cambio en
las pautas de comportamiento
habituales para reducir la contaminación
en las zonas costeras.
Como apunta Jorge Sáez, «no falla
sólo la falta de depuradoras, seguramente
las que hay funcionarían
mejor si la gente se acostumbrase,
por ejemplo, a algo tan sencillo
como no tirar el aceite por el fregadero».
Según opina otro coordinador
de la campaña, Pablo Sánchez,
«cuando se supone que más
desarrollados estamos, los niveles
de educación ambiental se vuelven
también más bajos. No hay
cuidado por el medio ambiente».
«Además», añade, «las instituciones
no están interesadas en que
haya conciencia medioambiental.
Si la hubiese, mucha gente vería
inaceptable lo que ocurre y
muchos se replantearían el voto».

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