ANÁLISIS // POR UNA RECONCILIACIÓN DE POLÍTICAS SOCIALES Y ECONÓMICAS
Los dos polos del liberalismo consecuente del PSOE

La peculiar versión de la
‘gobernanza’ (doctrina
sobre cómo gobernar un
país) de Zapatero tiene
dos sentidos: reconocer
ciertos derechos sociales e
individuales y aplicar una
política económica de
línea dura.

10/10/06 · 20:22
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VAMOS A MÁS. El buen momento de la economía hace posible que las reformas
más neoliberales del Gobierno resulten menos traumáticas.

Dicen que la economía es
cosa de los ricos o de tecnócratas
que gestionan
sus cuentas. Muchos
piensan que a los demás, más que
una calculadora nos basta con el
calcetín; que la economía es brujería,
y que no va con nosotros. Ahora
bien, no hay arte más social que la
economía. La sociedad se dota (con
disputas y acuerdos) de criterios y
normas que establecen qué es necesario,
qué se ha de producir y cómo
distribuirlo. Si evitamos hablar de
economía abandonamos esta batalla,
renunciando a definir algo que
nos atañe a todas y todos.

Recordemos. Una parte de aquel
movimiento antiguerra que tumbó
electoralmente al PP abrazó la alternancia.
El Gobierno actual inició,
por sorpresa, su mandato. Consecuente
con su liberalismo compasivo-
un guiño a las viejas ideas de
John Stuart Mill -, comenzó con los
capítulos referidos a las libertades y
derechos individuales y la mejora
de prestaciones de mínimos; con un
talante de consulta amplia, se vestía
de legitimidad. El aparente contraste
con el Gobierno anterior puso en
bandeja el idilio social. La izquierda
quedaba a traspiés, sin reflejos para
contestar. Siempre habló de política
social y se olvidó de que esta comienza
por la política económica.
Con todo, y la desorientación, el movimiento
se desactivó. Y, una vez
así, el PSOE ha podido desplegar en
la segunda fase de su legislatura su
política económica sin oposición ni
alternativas serias.

Está profundizando la línea de
política económica ya descrita por
todos los Gobiernos postransicionales,
incluso más allá que la desarrollada
por el PP. El contexto de crecimiento
económico (consecuencia
del extravagante ciclo económico
español ligado al tirón desequilibrante
de la construcción, y las ondas
largas capitalistas) y la austeridad
pública inauguran superávit en
las arcas estatales. En materia fiscal
reduce los impuestos directos, los
que podrían ser redistributivos.
Disminuye los tipos y tramos del
Impuesto sobre la Renta, así como
del Impuesto de Sociedades (sobre
los beneficios), en especial descarga
de los más ricos. El gasto público
sigue subvencionando al capital en
mayor medida que a los gastos sociales
o las inversiones; y los ingresos
fiscales proceden de la masa salarial
en mucha mayor medida que
lo correspondiente a su peso en el
PIB. El Estado roba a los y las trabajadoras
para dárselo a la burguesía.

El Gobierno ha intentado afianzar
el proyecto capitalista de la UE
a través de una apuesta por el
Tratado Constitucional que perseguía
hacer irreversible una política
monetaria en manos de un órgano
"técnico" políticamente comprometido
con el control de la inflación y
el monetarismo, que no prioriza el
empleo, y mucho menos su calidad.
Si no fuese suficiente, este Gobierno
ha emprendido dos reformas
en el ámbito laboral y una de la
Seguridad Social. Éstas suponen recortes
de derechos y que, partiendo
de una situación ya muy mala en la
precariedad sociolaboral, son avaladas
por aquellos que, debiendo aspirar
a cambios, se conforman con
recibir bofetadas en vez de puñetazos.
Sin contar con que la regularización
de inmigrantes que, pensada
para zanjar el tema, ignoraba que
su raíz se hallaba en una desigualdad
estructural a la que no se daba
respuesta: la del Norte-Sur.

Lo social no es el lado bueno y lo
económico el malo. Ambas forman
parte de un mismo modelo a criticar.
A muchos se les pasó por alto.
Es hora de rectificar.

«Los chicos de antes»

La OPA de Gas Natural sobre Endesa
o la supuesta maniobra de la
constructora Sacyr para desalojar a
Francisco González de la presidencia
del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria
han sido interpretadas por la
derecha económica y mediática
como intentos del Gobierno para
colocar a hombres afines en los
puestos directivos de las antiguas
empresas públicas. Fuentes de
Economía reconocen a DIAGONAL
que el ministerio no ve con buenos
ojos la presencia de directivos nombrados
por «los chicos de antes»-
en referencia al PP - en puestos
de poder influyentes.

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