PESCA EN CENTROAMÉRICA // IMPACTOS DE LAS ATUNERAS RIANXEIRA Y CALVO, Y DE LA ACUICULTURA DEL LANGOSTINO DE PE
Las dos caras de las empresas pesqueras

Las mejoras del bienestar anunciadas por pesqueras
españolas al abrir sus plantas en Centroamérica chocan
con denuncias de explotación laboral y ambiental.

- La ruinosa salida del langostino

13/01/12 · 16:02
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Al poco de implantarse la atunera
Rianxeira en Guatemala, en 2002, la
empresa hablaba en la prensa comercial
española de la creación de
“15.000 empleos en la pesca artesanal
e industrial”
del país centroamericano.
Las expectativas sobre el desarrollo
que iba a generar la transnacional
también calaron en Guatemala.
Cuentan en Puerto San José los pequeños
pescadores artesanales, que
salen al mar en lanchas con motor
fueraborda, que ellos pensaban que
podrían vender el atún que pescaran
a Rianxeira. Pronto se dieron cuenta
de su error: “Para comprarnos,
Rianxeira nos exigía capturas mínimas
de una tonelada, pero en las lanchas
de pequeña escala no podemos
traer toneladas de atún”
, explican.
Los empleos de Rianxeira en
Guatemala se limitan, pues, a los generados
en sus grandes barcos cerqueros
y a los de una planta de procesado
de atún. En total, nomás de 500.

La implantación en Centroamérica
de tres plantas de las transnacionales
gallegas Rianxeira,
Pescanova y Calvo, hace ahora una
década, se acompañó de discursos
institucionales sobre modernización
pesquera y aumento del bienestar social,
que se revelan ahora como discutibles.
Las instituciones centroamericanas
inciden en lo positivo, en
que la transformación del producto a
nivel local supuso un paso adelante
:
“Pasamos de una situación en la que
los países se limitaban a abanderar
barcos a la creación de plantas de
procesamiento en tierra”, explican
en Ospesca, la institución pesquera
que integra a los gobiernos de
Centroamérica. “Generamos empleo,
en algún caso en zonas muy deprimidas,
y también consumo de un
producto que para nosotros era escaso”,
indican en referencia al atún.
“Tenemos además unos 40 barcos de
altura con bandera centroamericana
pescando atún, que era una pesca
que no estaba al alcance de nuestras
posibilidades”. La otra cara de las
transnacionales la cuentan movimientos
sociales, pequeños pescadores
y trabajadoras de las factorías,
que narran historias de explotación,
de empobrecimiento y de daños al
medio natural
que nada tienen que
ver con aquellos paisajes de desarrollo
fabulados hace una década.

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EL SALVADOR. Un pescador del Bajo Lempa lanza la atarraya, una red característica de la pesca de subsistencia. MARCOS CANOSA

Exportaciones y consecuencias

Las actividades españolas en
Centroamérica se enfocan en la cría
de camarones (langostinos) en piscinas
artificiales (Pescanova en
Nicaragua, Honduras y Guatemala
)
y en la pesca y procesado de atún
(Rianxeira en Guatemala y Calvo en
El Salvador
). Sus producciones se
orientan a los países del Norte. Por
ejemplo, el atún de Rianxeira no se
encuentra en los supermercados de
Guatemala. De las plantas de Calvo
y Rianxeira llegaron al Estado español
en 2010 más de 18.000 toneladas
de atún y también se importaron
de la zona más de 10.000 toneladas
de camarón.

Los beneficios alimentarios y económicos
de las exportaciones fluyen
al exterior, en tanto los impactos
negativos permanecen en Centroamérica.
En el medioambiente, las
consecuencias más visibles se sitúan
en la producción de camarón, una
industria que ocupa y destruye extensas
áreas costeras de manglar.
Los manglares, un ecosistema de
bosque sobre agua salada, son un
área principal de cría y desove para
las especies marinas, además de una
protección contra la erosión y contra
los impactos de las tormentas. “Su
destrucción afecta no sólo al medioambiente,
sino también a la seguridad
alimentaria de las comunidades
pesqueras”
, señalan en los
Comités de Defensa de Fauna y Flora
del Golfo de Fonseca. En Honduras,
en los ‘80 y ‘90 desaparecieron más
de 15.000 hectáreas de manglares
por la expansión de la industria acuícola.
Pescanova ocupa en la actualidad
5.500 hectáreas de piscinas camaroneras
en Nicaragua y unas
3.000 en Honduras.

Las tres plantas de procesado
montadas por Pescanova, Calvo y
Rianxeira en Centroamérica generan
en torno a 4.000 empleos directos,
pero las denuncias de explotación
laboral y alta siniestralidad
empañan
esa imagen. Resulta significativo
que, preguntada para este reportaje
por esas denuncias, Pescanova
no haya contestado, en tanto Calvo
admite “errores” en el pasado, pero
defiende que ha cambiado.

RIANXEIRA. La planta de procesado
de atún de Rianxeira en
Guatemala se conoce popularmente
entre las trabajadoras con el revelador
nombre de “el infiernito”,
según testimonios recogidos en un
informe sobre Rianxeira publicado
recientemente por la Universidad
de San Carlos (Guatemala).

Los testimonios dan cuenta de que
muchas trabajadoras tienen que dejar
la planta por lesiones musculares
y óseas, debidas a traumatismos y a
cargas de peso excesivas. También
son frecuentes las roturas de huesos,
según el mismo informe. Rianxeira
considera a las personas “desechables”,
valora el texto.

La planta de procesado
de atún de Rianxeira
en Guatemala se conoce
entre sus trabajadoras
como “el infiernito”

Las condiciones para sindicarse
son imposibles. Las trabajadoras tienen
que realizar además horas extras
obligatorias que en parte no se
pagan, según varios testimonios. “Si
alguna trabajadora protesta, es despedida
y registrada en una lista de
personas que no pueden volver a trabajar”
, explican exempleadas. Otro
problema de la planta es el maltrato
verbal a las trabajadoras, con la particularidad,
que se recoge en el documento,
deque ese trato empeoró desde
la llegada a la planta de mandos
nicaragüenses procedentes de
Pescanova.

La utilización de una tarjeta individualizada
por trabajadora para medir
el tiempo de uso de los aseos, persistentes
enfermedades laborales por
hongos y bajos salarios que rondan
los 200 dólares al mes
–insuficientes
para mantener a una familia y muy
inferiores a los 600 dólares prometidos
inicialmente– son otras críticas
que aparecen en el informe.

PESCANOVA. La factoría que procesa
el camarón de Pescanova en
Nicaragua trabaja en temporada alta
(mayo-diciembre) las 24 horas del
día, con dos turnos de 12 horas.
Testimonios de trabajadoras recogidos
por el movimiento social nicaragüense
Otro mundo es posible hablan
de condiciones espartanas, con
periodos continuados de trabajo sin
descanso ni alimentos de hasta diez
horas
, con las visitas a los aseos restringidas.
También se han documentado
alta siniestralidad y deficiente
atención sanitaria, acompañadas de
maltrato verbal a las trabajadoras y
de prácticas antisindicales.

En 2010, por estos y otros abusos
Pescanova fue declarada culpable
por el Tribunal Permanente de los
Pueblos, una iniciativa altermundista
que trata de suplir a nivel simbólico
la falta de una justicia internacional
que controle las vulneraciones de
derechos humanos cometidas por las
transnacionales.

CALVO. En los primeros años de la
planta de Calvo en El Salvador, la
red sindical Uita ha documentado
intoxicaciones, accidentes de trabajo
con amputaciones, despidos
de decenas de trabajadoras por intentar
la constitución de un sindicato

o prácticas intimidatorias tales
como la utilización de un detector
de mentiras.

Preguntada por estas cuestiones,
la dirección de Recursos Humanos
de Calvo defiende que desde 2008
su política laboral ha dado un giro
en positivo. Calvo mantiene que en
la actualidad existe en la planta una
seguridad laboral adecuada, de
acuerdo con los “estándares de
Centroamérica”
, y niega mantener
prácticas antisindicales. No obstante,
las acusaciones de la Uita sobre
un sindicato mayoritario de carácter
amarillo en la planta no son desmentidas.

«PESCAMOS MENOS Y CADA VEZ MÁS LEJOS»

En Centroamérica los pequeños pescadores artesanales repiten a lo largo de cientos de kilómetros de costa una queja común: «Pescamos menos y cada vez más lejos». En Guatemala, en la costa del Pacífico, cuentan cómo ahora tienen que salir en lanchas fueraborda hasta más allá de las cien millas para capturar dorado y tiburón. Dos noches y tres días en el mar sin garantías de pesca. «Cuando las mareas son buenas y se traen hasta 15, 18 quintales, a veces hasta la tonelada de tiburón y dorado, pero hay días que uno apenas vuelve con 200 libras de pescado (90 kilos), por las que igual saca 1.200 quetzales (112 euros), mientras los gastos de combustible y otros rozan los 4.000 quetzales (376 euros)», evalúan en Puerto San José (Guatemala).

La sobreexplotación de los recursos constituye la principal amenaza para el sector, según un documento de la FAO que analiza las perspectivas en la región. El informe, de 2010, recomienda una evaluación del impacto de la pesca industrial en los medios de subsistencia de las pequeñas comunidades pesqueras, aunque también alerta de malas prácticas de los pescadores artesanales.

La falta de pesca aviva el conflicto que mantienen los pequeños pescadores del istmo centroamericano, en torno a 130.000, con las transnacionales y con las industrias pesqueras nacionales. Estas últimas suman cientos de barcos de arrastre, un tipo de pesca no selectivo caracterizado por tasas de descartes superiores al 80%. Los efectos del cambio climático constituyen otro factor de vulnerabilidad para el sector pesquero tradicional.

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comentarios

1

  • |
    anónima
    |
    16/01/2012 - 6:42pm
    Muy buen artículo. Y os dejo un link en actuable dirigido a las 15 mayores empresas españolas comerciadoras de langostinos tropicales manchados con sangre. No se trata sólo de medio ambiente, debemos exigir justicia social!!
  • EL SALVADOR. Un pescador del Bajo Lempa lanza la atarraya, una red característica de la pesca de subsistencia. MARCOS CANOSA
    EL SALVADOR. Un pescador del Bajo Lempa lanza la atarraya, una red característica de la pesca de subsistencia. MARCOS CANOSA
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