¿De dónde viene la Deuda de Ecuador?

El origen de la deuda externa ecuatoriana, como en gran parte del Tercer Mundo, poco tiene que ver con el desarrollo del país y mucho con los intereses de los países más ricos.

22/01/09 · 0:00
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El ciclo de sobreendeudamiento
se inicia en Ecuador,
como en buena parte
de los países del Sur, durante
la década de los ‘70. En este
caso, de la mano del inicio de la explotación
petrolera en el Oriente
ecuatoriano. En 1972 llega al poder
en Ecuador el General Guillermo Rodríguez
Lara, aupado por un golpe
militar y con intención de promover
un modelo relativamente autocentrado
de desarrollo económico. El
plan se debía financiar principalmente
gracias a los ingresos de la naciente
industria petrolera, dirigida
desde el inicio fundamentalmente a
la exportación del crudo. En 1976 un
nuevo golpe de estado promovido
por las Fuerzas Armadas derrocó a
Rodríguez Lara e instauró un gobierno
de las tres ramas del Ejército.

El nuevo Gobierno, conocido
como ‘El Triunvirato’, que gobernó
hasta 1979, utilizó los ingresos petroleros
para incrementar el endeudamiento
externo, para financiar los
gastos públicos cada vez más elevados
y el déficit de la balanza comercial.
En un año la deuda se incrementó
exponencialmente. Los acreedores
internacionales veían a Ecuador
como un atractivo sujeto de crédito y
su petróleo, cuyo precio se había ido
incrementando durante la década de
los ‘70, como garantía de pago de los
créditos otorgados. En este contexto,
en 1978, se modificó la Constitución
ecuatoriana, eliminando el control
parlamentario de la política de endeudamiento
del país y dejando con
ello vía libre a todo tipo de prácticas
de corrupción y clientelismo.

Durante la década de los ‘70 la
deuda ecuatoriana pasa de 260 millones
en 1971 a 5.850 millones de
dólares en 1981. Este incremento
de la deuda, acumulada en su mayoría
durante gobiernos de corte no democrático,
responde en buena medida
a la contratación de préstamos
para la construcción de infraestructuras
que tenían que permitir la explotación
petrolera, pero que con los
años aprovecharían empresas como
la Texaco y otras compañías extranjeras
del sector de los hidrocarburos.

En 1983, ante la dificultad del sector
privado de hacer frente a los
compromisos con la banca internacional,
el presidente Hurtado ordenó
el inicio el proceso conocido como
‘sucretización’. Éste consistió en
la asunción por parte del Estado de
la deuda del sector privado con los
acreedores internacionales, ante el
riesgo anunciado por el Banco Central
de Ecuador de un colapso en el
sector productivo y la desestabilización
económica. Se decidió entonces
que el Estado asumiría la deuda con
los acreedores y que los deudores retornarían
lo prestado al Estado al
cambio de dólar de 1983, sin intereses
y con un período de amortización
mayor del original. En 1985, cuando
se debía empezar a pagar la deuda al
Estado, el presidente León Febres-
Cordero amplió el plazo de devolución
cuatro años más, manteniendo
la misma paridad con el dólar de
1983. La deuda externa pública pasa
de poco más de 3.500 millones de dólares
en 1980 a 6.700 en 1984, casi
duplicando su valor, convirtiendo en
públicas pérdidas que correspondían
al sector privado. Según la propia
Comisión de Investigación de la
Deuda Externa (CEIDEX), el proceso
de sucretización estuvo además
plagado de “desorden, abusos
y descontrol”. Buena parte de la
deuda que Ecuador debe hacer
frente hoy en día tiene su origen en
el proceso de sucretización.

El proceso de nacionalización de
deudas privadas por parte del
Estado no sirvió para mejorar la economía,
y durante el gobierno de
Sixto Durán-Ballén (1992-1996) se
realizó un canje de deuda pública
(incluida la deuda externa privada
sucretizada) por bonos Brady. La
emisión de bonos Brady tenía como
objetivo asegurar el pago de la deuda
externa a los bancos privados,
especialmente a los estadounidenses,
de manera que con la adquisición
de nueva deuda “se resolvía el
problema de los bancos y se aplazaba
el de los países deudores (…) Los
bonos Brady constituyen algo menos
de la mitad de la deuda pública
ecuatoriana”. El proceso estaba
tutorizado en todo momento por el
FMI e iba acompañada del compromiso
del país deudor de aplicar un
plan de ajuste estructural. Lo único
que se consiguió fue aplazar el estallido
de la crisis brevemente, a cambio
de duros ajustes sociales.


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CRISIS ECONÓMICA Y DOLARIZACIÓN

El ministro coordinador de la
política económica de Ecuador,
Diego Borja, ha manifestado
a este periódico que el
país está en “alerta amarilla”
debido a la crisis financiera
internacional. Según Borja, el
país está preparado para
hacer frente a la crisis, aunque
indicó: “La situación es muy
grave, es una crisis mundial
que el Ecuador no provocó y
que nos golpea fuertemente”.
No obstante, Borja indicó que
“es una crisis que se encuentra
a un país con herramientas
fuertes para enfrentarla. Una
reserva monetaria internacional
de 6.500 millones de dólares
con previsión a crisis, una fortaleza
en la inversión pública e
inversión social enorme, si bien
el Gobierno prepara un paquete
de medidas entre las que
están la restricción de determinadas
importaciones”.

Paralelamente, los medios de
comunicación ecuatorianos,
todos ellos en manos de sectores
económicos vinculados a la
derecha política y opositora del
país, indican permanentemente
que el gobierno de Rafael
Correa prepara la desdolarización.
Tanto Borja como el presidente
Rafael Correa han señalado
que el esquema de la
dolarización se mantendrá y a
pesar de que critican fuertemente
esta medida que se
adoptó en el gobierno de
Mahuad en el año 2000, en la
actualidad no es posible desdolarizar
el país hasta que no
esté puesta en marcha una
moneda común latinoamericana
(sucre), en el marco de la
construcción de una nueva
arquitectura financiera internacional
a la medida del proceso de integración latinoamericana.

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