"NIÑOS ROBADOS // Otra muerte por otitis de un bebé nacido en la maternidad de O'Donnell "
“¿Dónde está mi hijo?, ¿Qué enterramos?"

Elena Torreño y Enrique Pertierra, padres de un niño que supuestamente murió, relatan cómo enfermeras, médicos y una monja les hicieron creer que el bebé había fallecido.

17/03/11 · 7:55
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Enrique Pertierra cree que su hijo no murió. / Foto: David Fernández.

“Estaba de ocho meses y un médico privado, don Antonio, nos mandó a la maternidad de O’Donnell en Madrid. Ingresé el 23 de julio de 1962 y el 24 nació mi primer hijo, Enrique”, comienza el relato Elena Torreño Pérez, una mujer tranquila, de 74 años, que recuerda aquellos días como si fuera ayer. “El niño pesó 2 kilos, era delgado y muy alargado. Me lo dejaron unos minutos y se lo llevaron a la incubadora. A los dos días lo sacaron y me lo trajeron. Venía desnudito y estaba morado. La enferma se paró con el bebé en medio de la sala. El niño temblaba y le pedí que lo tapara, que podía enfermar. Ella me contestó: ‘Para lo que van a ver en esta vida mejor que se mueran’”, recuerda Elena.

Dice que días después el bebé tuvo colitis y lo llevaron a la incubadora otra vez. “Cuando me dieron el alta otra enfermera me aseguró que mi hijo estaba ya recuperado de la colitis, pero como era ochomesino estaba mejor en la incubadora”, explica. Enrique Pertierra Arranz, el padre, interrumpe el relato de la madre: “Estos 48 años y 8 meses los tengo grabados. Fuimos a ese hospital por un favor de un médico, yo trabajaba en la construcción y no tenía seguridad social”, aclara Enrique Pertierra. “A mi mujer le entregaron una maquinita para que se extrajera la leche y le dieron el alta. Yo iba todos los días al hospital a llevarle la leche al bebé. Pero, o estaba en observación, o le estaban bañando, o haciéndole pruebas, o dormido… En 15 días, ni mi mujer, ni mi suegra, ni yo pudimos verle”, recuerda Enrique.

“NUNCA MÁS LO VIMOS”

Cuando el niño cumplió 20 días su padre fue de nuevo a llevar la leche materna. “La entregué y la enfermera me dijo: Hable con ese médico joven. Me dirigí a él y me sugirió que era mejor que hablara con el médico jefe de planta y subí a su despacho”, recuerda Enrique. El responsable médico le ordenó a una enfermera que le acompañase a ver a la madre superiora. La monja me recibió en su despacho, me pidió que me sentara y empezó a hacerme preguntas: “¿El bebé es su primer hijo?, ¿Usted sabía que estaba malito?...”, repasa Enrique y asegura que ella fingía ser toda amabilidad. “Y entonces me aconsejó: Cuando tenga más hijos vigílelos de los oídos. Su hijo ha muerto de otitis ”, dice Enrique mientras se le entrecorta la voz: “Aquella monja... ¡Qué papelón tuvo que hacer!”.

Enrique dice que no entendía nada. Enfadado le respondió que quería ver a su hijo. Pero la monja no quería y le insistió varias veces si estaba seguro. “Le respondí: Oiga, es mi hijo, mi primer hijo”. La religiosa lo envió a los sótanos de O’Donnell con una enfermera y le enseñaron un bebé muerto. “Era un niño gordito y le respondí a esa mujer que ese no era mi hijo. Mi niño pesó 2 kilos y con la colitis, ¿adelgazaría? Aquel niño era cabezón”, asegura. Salió corriendo a ver a la monja otra vez. Le insistió a la religiosa de que aquel no era su hijo, que estaría en otro sitio. La monja intentó tranquilizarlo pero sus palabras nunca convencieron a Enrique. Luego la religiosa le dijo que si querían, ellos [el hospital] se encargaban del entierro. “Del ataúd, el coche fúnebre, la tumba en el cementerio de La Almudena, incluso me ofreció coche de acompañantes... Todo lo pagaban ellos. ¿A qué venía tanta generosidad, tanto interés, se pregunta”.

Finalmente, los padres encargaron el entierro del recién nacido a su seguro. “Nada más nacer inscribí a mi hijo en el registro civil y lo incluí en mi póliza de Santa Lucía. Ellos se llevaron la cajita cerrada del hospital. No se me ocurrió abrirla. Ahora comprendo todo y me pregunto: ¿Qué enterramos, dónde está mi hijo?”, dice el padre.

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Fotografía de la tumba en el cementerio de La Almudena del hijo de Elena y Enrique tomada el 1 de noviembre de 1962.

Añade que cuando se cumplieron diez años de la muerte de su padre, el cementerio de La Almudena les notificó si deseaban que los restos siguieran en el mismo nicho o los depositarían en una fosa común. “¿Por qué ese mismo aviso no lo he recibido en el caso de mi hijo? Entonces, incluso debían comunicar el traslado de los restos a los cinco años”.

Él cree que su hijo está vivo. “¿Por otitis? He preguntado a varios médicos y me dicen que la otitis no es una epidemia y resulta que en O’Donnell hay un montón de casos. Con lo listos que fueron, inventaron el mismo guión para todos”, afirma Enrique. En la copia del registro de la maternidad con los datos de su hijo “Enrique Pertierra Torreño”, entregados por el Archivo Regional a sus padres, figura: diagnóstico “muerte por otitis”. Atendido por el ‘doctor Bomoño’ y la muerte está certificada por el director de la maternidad, el ginecólogo José Botella Llusía, tío de Ana Botella, mujer del ex presidente Aznar. Botella aparece en muchos documentos de los afectados por el robo de bebés que han interpuesto denuncias ante la Fiscalía.

Elena Torreño apunta: “Mis hermanos me dicen que cómo he podido creer durante años lo que nos dijo aquella monja. ‘No te acuerdas de lo que le pasó a papá con las monjas y los curas’”. Aclara que su padre fue un maestro nacional, “un demócrata, seguidor de Machado que sufrió de todo”. Su marido añade: “tengo cuatro hijas y cinco nietos, uno de ellos es muy curioso. Digo yo que mi hijo, si vive, habrá preguntado alguna vez sobre sus orígenes”. Explica que antes la gente se creía todo. “No estábamos espabilados, en plena dictadura, veías una bata blanca y esa gente eran como dioses, veías unos hábitos religiosos, y lo mismo. Todo te lo creías”.

Asegura que ahora con 75 años no tiene miedo a nadie. Cuando en febrero fue a la reunión con el ministro de Justicia, junto a cuatro personas de la Plataforma de afectados por los niños robados, no estaba prevista su intervención, pero “en un momento que el ministro Caamaño dijo que el robo de niños fue anecdótico, tomé la palabra y le conté mi caso. Caamaño no parpadeaba. Al final le pregunté si 300.000 casos y más de 1.000 denuncias son anecdóticos”. No le contestó.

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