G-20 DE LONDRES //
El dominio anglosajón en el sistema financiero

Pese al anuncio de “luchar
contra los paraísos fiscales”
lanzado en el G-20 de
Londres, EE UU y Reino
Unido mantienen intactos
sus centros ‘offshore’.

29/04/09 · 22:56
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Manifestación contra el G-20 en Londres, 2 de abril.

El G-20 presentó un programa
de 1.100.000 millones
de dólares destinado a apoyar
el crédito y a relanzar
el comercio, y consistente fundamentalmente
en aumentar los medios
del FMI
. Sin embargo, no se
anunció ningún plan de relanzamiento
global. Por otra parte, los
cinco billones de dólares anunciados
no son otra cosa que la suma de
los planes nacionales, es decir, una
suma de diferentes medidas. Se contabilizan
simples préstamos o garantías.

Al mismo tiempo, hay gastos
públicos que tienen que ver con
la reactivación y medidas de bajada
de impuestos, que no se traducen
automáticamente en un aumento
del consumo de los hogares, sino
más bien, en un alza del valor de los
activos financieros.

Como en las políticas nacionales,
el objetivo no es provocar un relanzamiento
de la máquina económica
por medio de un aumento de la demanda
de los hogares, sino promover
una redistribución de ingresos,
principalmente hacia el sector bancario.
Este proceso se acompaña de
una jerarquización cada vez mayor
del sistema financiero internacional.

Esta cumbre resulta ser un instrumento
del dominio anglosajón sobre
las finanzas internacionales. Lo esencial
se ha centrado en “la lucha contra
los paraísos fiscales”
. La acción
se basa en tres listas que acaba de establecer
la OCDE. La primera, la lista
negra, sólo comprendía cuatro
Estados, como Costa Rica y Uruguay,
países que no tienen ninguna
relación de fuerza a nivel internacional.
Tras un compromiso de “proceder
a hacer intercambios de informaciones
fiscales en función de la norma
de la OCDE”, estos países acaban
de ser sacados de esta lista, con
lo que ha quedado vacía. La segunda,
la lista gris, incluye a los países
“que tiene que hacer esfuerzos en
materia de cooperación fiscal” y
comprende a Suiza y Luxemburgo,
pero también, por ejemplo, a Bélgica.
La tercera, la lista blanca, la de
los países cooperativos, comprende
a Reino Unido y a cuatro de sus “territorios
dependientes”: Jersey,
Guernesey, la isla de Man y las Islas
Vírgenes. EE UU pertenece a esta
última y ello sin nota alguna sobre
las prácticas opacas de Estados como
Delaware o Wyoming.

Así, los resultados de G-20 traducen
las nuevas relaciones de fuerza.
EE UU ha desvelado su poder de reorganizar
en su beneficio el sistema
financiero. La UE se ha apresurado
a apoyar los intereses anglosajones,
mientras que China ha logrado preservar
sus paraísos fiscales, Macao,
Hong Kong y Singapur. Por lo que
se refiere a Israel, confirma su estatus
de pura anomia, un territorio situado
fuera del derecho y de los
acuerdos internacionales ya que a
pesar de que se le considera un país
blanqueador de dinero, no aparece
en ninguna de las tres listas.

Los ‘trusts’

La ofensiva se ha centrado en el secreto
bancario presentado como el
medio privilegiado para la evasión
fiscal. Sin embargo, actualmente la
mitad del mercado offshore se concentra
en los trusts, unas creaciones
jurídicas anglosajonas que no necesitan
el secreto bancario para poder
ponerse al abrigo del fisco. Ya no se
trata de un mercado de la discreción
bancaria, sino del de las técnicas jurídicas
en ingeniería fiscal.

El trust es un vehículo de derecho
anglosajón que permite a una persona
adinerada despojarse de su fortuna
para no aparecer como el propietario
para el fisco. Si es “discrecional
e irrevocable”, el banco que abre la
cuenta no puede exigir la identidad
del beneficiario. Una persona que ha
constituido este trust en el extranjero
no es gravada en absoluto porque ya
no es considerada propietaria de sus
bienes. Por lo que se refiere al beneficiario
del trust, que en principio es
imponible, no se exige su identidad
cuando se abre la cuenta.

Las islas británicas de Jersey y
Guernesey son unas jurisdicciones
especializadas en la constitución de
trusts. También es el caso de Delaware
y las islas del Caribe, que sirven
de refugio al dinero ‘gris’ procedente
de EE UU, al igual que Miami,
que acoge en EE UU a los capitales
estadounidense que quieren escapar
al fisco de sus países de origen. Singapur
cumple la misma función con
las fortunas asiáticas o europeas.

Los bancos anglosajones sólo conservan
información sobre el contratante,
el trustee, la sociedad de gestión
y de administración del trust, lo
que en la práctica les permite obtener
una opacidad total de la persona
que quiere escapar del fisco. Así llegan
a una confidencialidad aún mayor
sin secreto bancario en el sentido
formal del término.

El objetivo principal de este G-20
es Suiza, uno de los principales centros
financieros mundiales. De hecho,
se trata de una reorganización
del sistema financiero internacional
a su costa. EE UU y sus satélites de
las islas del Caribe, así como los
centros offshore bajo pabellón británico,
controlan cada uno de ellos
un mercado del ‘dinero gris’ casi
igual al de Suiza. Tras la ofensiva
estadounidense, Suiza, que todavía
detenta el 27% del mercado del ahorro
mundial administrado fuera del
lugar de residencia, podría perder
terreno a manos de sus competidores:
Reino Unido y sus islas anglonormandas,
la isla de Man y Dublín
que tratan el 24% de estos capitales,
así como Nueva York, Miami, las islas
del Caribe y Panamá que detentan
el 19% de los 7.300.000 millones
de dólares situados fuera de las
fronteras. La mitad de esta cantidad
no se declararía.

Tras la amenaza de incluir a Suiza
en la lista de los paraísos fiscales de
la OCDE
, este país ha abierto una
brecha en su secreto bancario. Va a
consentir el intercambio de información,
pero caso por caso, en respuesta
a peticiones concretas y fundadas
de las administraciones fiscales de
terceros países. Luxemburgo y
Austria, los dos últimos miembros de
la UE que desean conservar su secreto
bancario, han hecho lo mismo.

Situada en el contexto de la crisis
financiera, esta operación, bajo la hegemonía
estadounidense, “de lucha
contra el fraude fiscal” parece un intento
por parte de los Estados de recuperar
unos capitales destinados a
financiar en parte las ayudas consentidas
a los bancos y aseguradoras.
Sin embargo, no se llama a todos los
defraudadores del fisco a aportar su
contribución, ya que los más acomodados
siempre tendrán la posibilidad
de apelar a la ingeniería fiscal para
escapar a los impuestos. Esta operación
de sustracción fiscal se les facilitará
aún más si sitúan sus capitales
en centros offshore estadounidenses
o anglosajones, en territorios situados
bajo el control directo de la potencia
dominante.

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