MEDIOAMBIENTE Y EMIGRACIÓN FORZOSA
Desplazados ambientales en la sombra

La sobreexplotación de la pesca en Senegal y de los
recursos acuíferos en Uzbekistán para el algodón son
ejemplos de problemas medioambientales que
desplazan forzosamente a millones de personas.

06/09/07 · 0:00
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MAR ARAL, MAR SECO. El lecho del mar Aral se ha
convertido en una “zona de desastre ecológico”.
4.000 personas dejan la zona por año / flickr.com

Una vez más, este verano
hemos presenciado la llegada
mediante pateras de
inmigrantes a España.
Los medios de comunicación en estos
casos se suelen centrar en las terribles
condiciones de llegada de las
personas desplazadas o en las situaciones
que se generan en los puntos
de desembarco masivo. En muchas
menos ocasiones se analizan las razones
que impulsan a estas personas
a irse de su país, más allá de un
comentario genérico sobre la pobreza,
o en ocasiones referencias a las
guerras o los conflictos bélicos.

Las teorías convencionales de las
migraciones tratan de explicar los
movimientos de población a través
de las llamadas ‘fuerzas de repulsión’
o ‘fuerzas de atracción’ -que a
su vez son clasificadas como de tipo
económico, sociopolítico o psicológico-.
La realidad nos muestra
que estos conceptos no son suficientes,
en muchas ocasiones bajo
ellos subyacen importantes alteraciones
ambientales que deben ser
señaladas como un aspecto básico
en la comprensión de los desplazamientos
y la migración.

La Organización de Naciones
Unidas en el informe La situación
de los refugiados en el mundo. Desplazamientos
humanos en el nuevo
milenio, a través del Alto Comisionado
de las Naciones Unidas para
los Refugiados (ACNUR) reconoce
la existencia de desplazados ambientales:
decenas de millones de
personas son desplazadas directa o
indirectamente a causa de la degradación
ambiental y desastres naturales
o provocados por el hombre.

Según la Federación Internacional
de la Cruz Roja y las Sociedades
de la Media Luna Roja, un
promedio de 211 millones de personas
anuales han sido afectadas
durante la última década por desastres
naturales -triplicando el
promedio de la década anterior y
siendo cinco veces la cifra de personas
afectadas por conflictos armados-.
Muchas de ellas se han
visto obligadas a un desplazamiento
forzado. Pero no sólo se producen
desplazamientos debido a los
desastres naturales. Buena parte
de los desplazamientos ambientales
se deben a la extensión de una
multitud de grandes infraestructuras
mal (o simplemente no) planificadas,
que externalizan los impactos
ambientales e ignoran los derechos
de los habitantes donde se realizará
la actividad (existen numerosos
casos relacionados con
represas, zonas de explotación de
recursos mineros o instalaciones
nucleares, por ejemplo). El mismo
Banco Mundial calcula que anualmente
unos 10 millones de personas
son desplazadas y reasentadas
forzosamente debido a grandes
proyectos de infraestructuras.
También se originan desplazados
ambientales por una mala gestión
de los recursos naturales, marinos o
terrestres. Los pescadores senegaleses
impulsados a emigrar por la sobreexplotación
de la pesca de sus
costas -a cargo de empresas transnacionales-
que acaban en España
son un ejemplo de cómo la sobreexplotación
pesquera acaba desplazando
a personas hasta nuestras
fronteras. Los desplazados por el
cultivo de algodón en Uzbekistán
son otra muestra de cuán determinante
puede ser en términos de desplazamientos
una mala gestión del
agua. Las políticas agrarias y del territorio
son, sin duda, fundamentales
en la aceleración o freno de los
desplazamientos ambientales.

Finalmente, cabe destacar que
según investigadores de Naciones
Unidas, el cambio climático, el aumento
de los niveles de los océanos,
la desertificación y la disminución
de las fuentes de agua potable
pueden elevar el número de
desplazados ambientales hasta los
50 millones de personas a fines de
la presente década.

Los desplazados ambientales son
decenas de millones, pero desgraciadamente
aún está pendiente que
se les preste la atención debida y se
incorpore la problemática en la discusión
política y económica.


La desecación de un mar

Antes de la expansión de
la producción algodonera
en Uzbekistán y los países
vecinos, el mar de Aral era
un oasis ecológico situado
en medio de los grandes
desiertos de Asia central.
Sin embargo, actualmente
se utiliza para irrigación el
85% del agua disponible,
principalmente para el cultivo
de algodón, que consume
casi 20.000 litros
de agua por cada kilo de
algodón cosechado. El
resultado es que actualmente
el mar de Aral se
ha reducido a sólo el 15%
de su volumen original y
ahora es, no uno, sino tres
cuerpos de agua separados
por tierras desérticas.
La muerte del Aral ha
dejado al descubierto más
de 40.000 km2 del antiguo
lecho marino. Esa
superficie, mayor que la
de Suiza, está ocupada
por planicies de barro
seco saturadas de sal y
contaminadas por residuos
de plaguicidas. Las
aguas remanentes del Aral
son ahora mucho más
salinas que antes. Con 67
gramos de sal por litro de
agua, el mar es el doble
de salado que los océanos.
Las especies nativas
de peces de agua salada
han sido erradicadas por
el rápido cambio. En su
momento el Aral fue la
fuente de pescado de la
región. Hoy las estériles
aguas del Aral se hallan
en el centro de 400.000
km2 de zona ekologicheskogo
bedstviya es decir
‘zona de desastre ecológico’.
Enfrentados a la pérdida
de sus medios de subsistencia,
la pobreza y la
mala salud, amplios sectores
de la comunidad qaraqalpaq
han respondido
con el desplazamiento.
Actualmente, esos refugiados
ambientales están
abandonando su territorio
étnico en busca de una
mayor prosperidad en
algún otro sitio. Hay estimaciones
que sugieren
que antes de 1996 más
de 100.000 personas
abandonaron la región
(ACNUR, 1996) y, desde
entonces, la emigración
ha continuado a un ritmo
de aproximadamente
4.000 personas por año
(MSF, 2003).
El delta del Aral, que antaño
atraía a miles de personas
hacia sus costas, es
ahora tan yermo que
rechaza a los humanos
hacia el desierto.


Los bosquimanos gana y gwi del Kalahari
Los bosquimanos llevan
viviendo en el Kalahari
más de 20.000 años, lo
que les convierte en una
de las culturas más antiguas
del planeta. Entre
ellos, 5.000 gana y gwi
de la Reserva de Caza del
Kalahari Central en Botsuana
fueron de los últimos
bosquimanos que
vivían exclusivamente de
la caza y recolección. Sin
embargo, en 1997 y
2002, tras años de
acoso, el Gobierno de
Botsuana los expulsó de
sus tierras ancestrales en
la Reserva. Los trasladó a
la fuerza a campos de reasentamiento,
conocidos
entre los gana y gwi muy
expresivamente como ‘los
lugares de la muerte’,
pues en ellos reinaba y
reina solamente la desesperación,
el paro, el alcoholismo,
la prostitución, el
sida y la muerte. Se esgrimieron
varias excusas: lo
costoso que resultaba el
abastecimiento de agua
en la Reserva, que los
bosquimanos constituían
una amenaza para la
fauna de la Reserva
(curiosa razón, pues los
bosquimanos han vivido
en el Kalahari más de
20.000 años sin perjudicar
el equilibrio ecológico),
etc. No obstante, la
primera razón que se les
expuso (aunque posteriormente
lo negaran reiteradamente)
era la verdaderamente
importante: la
Reserva entera está
cubierta en la actualidad
por concesiones de prospección
de diamantes.
Sin embargo, en esta ocasión
los desplazados forzados
no se dieron por
perdidos. Llevaron a juicio
al Gobierno de Botsuana
por haberles expulsado de
sus tierras ancestrales y,
tras el juicio más largo y
caro de la historia del
país (con una duración de
más de dos años), consiguieron
un dictamen favorable.
El Tribunal Supremo
de Botsuana dictaminó
que era “ilegal e inconstitucional”
por parte del
Gobierno, tanto haberles
expulsado de la Reserva
de Caza del Kalahari Central,
como los impedimentos
(torturas, detenciones)
puestos a sus actividades
de caza y recolección en
sus tierras.

Más informacióm:

www.ecologiapolitica.org

Tags relacionados: cambio climático Mineros Nucleares
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