PANORAMA // LA DEMANDA DE VIVIENDA DIGNA GANA PESO POLÍTICO
El ‘derecho a techo’ se sitúa en primer plano

Las plataformas y asambleas por la vivienda digna se mantienen activas en cinco capitales. Tras el impacto inicial
de las sentadas, llega la hora de la consolidación.

26/10/06 · 0:00

Manifestación del 2 de julio en Madrid
convocada por la Asamblea contra la Precariedad y por la Vivienda Digna. / Quieres callarte

Las movilizaciones por la vivienda
entraron en una nueva fase con la
manifestación del 30 de septiembre
en Barcelona. Cerca de 10.000 personas -5.000 según la Guardia Urbana-
participaron, en un ambiente
reivindicativo y festivo, en la mayor
convocatoria desde que el 14 de mayo
echara a andar el movimiento de
sentadas por una vivienda digna.

En casi seis meses el fenómeno
ha desaparecido de la mayoría de
capitales donde sí estuvo presente
en la primera convocatoria, la que
llamaba a manifestarse “como en
Francia” para exigir un cambio en
las condiciones de vida. No obstante,
ha conseguido consolidarse en
Madrid y sobre todo en Barcelona,
a través de asambleas y plataformas
que actúan como dinamizadoras
de las acciones. Al menos en
Bilbao, Zaragoza y Sevilla también
hay grupos que tienen como referente
organizativo al movimiento
de sentadas.

Barcelona marca el compás

La cita del 30 de septiembre en Barcelona,
convocada por la
Assemblea per l’Habitatge Digne,
ha dejado un muy buen sabor de boca
entre sus convocantes. “Estamos
en plena euforia”, declara a DIAGONAL
Albert, de la asamblea. Al éxito
y creatividad de la convocatoria
se suma la notoriedad conseguida
tras la anulación de la cumbre europea
sobre vivienda, según el
Gobierno en previsión de posibles
actos violentos (ver recuadro).
La asamblea ha dejado claro que
sus métodos son pacíficos. Pero a
Albert no se le escapa que la espantada
gubernamental y la propia
fuerza de la manifestación del 30 de
septiembre les ha hecho ganar una
interlocución política que no piensan
utilizar en plena campaña de
las elecciones autonómicas. La consejera
de Vivienda ya ha llamado a
su puerta para una reunión. El alcalde,
Jordi Hereu, también les ha
tirado los tejos.

Pero la publicidad involuntaria
de los medios tiene un doble filo.
“Se habla de violencia para no hablar
del problema mismo de la vivienda”,
señala Albert. En TV3,
miembros de la asamblea tuvieron
que responder una y otra vez a las
preguntas de Pilar Rahola sobre el
uso de violencia en manifestaciones
que la Assemblea ni siquiera había
convocado. Pero al menos, ésta es
reconocida en Cataluña como un
actor político, si bien la diversidad
del colectivo dificulta que se establezcan
propuestas concretas para
dar solución a sus reivindicaciones.

Al cierre de esta edición, la hermana
madrileña de la Assemblea
barcelonesa, la Asamblea contra la
Precariedad y por una Vivienda
Digna, esperaba emular el éxito del
30 de septiembre con su propia manifestación
el 28 de octubre. Con la
ayuda de arquitectos y urbanistas,
la asamblea madrileña sí ha aprobado
un documento con medidas
concretas que inciden en el apoyo
al alquiler y la rehabilitación para
usos sociales del parque de 300.000
viviendas desocupadas que existe
en la Comunidad.

Prueba de la pluralidad del movimiento
es que, tanto en Madrid como
en Euskadi, las asambleas surgidas
después de las primeras sentadas
conviven con plataformas que
unen a organizaciones ya asentadas
y también preocupadas por la
especulación urbanística.
En Euskadi la plataforma por
una vivienda digna, convocante de
las sentadas, comparte espacio reivindicativo
con Etxebizitza Guztiontzat,
que desde hace años reúne
a organizaciones sindicales,
vecinales y sociales vascas para demandar
un cambio en las políticas
públicas de vivienda. Según explica
Igor, que participa en dicha plataforma
a través del colectivo Berri
Otxoak de Barakaldo, “la diferencia
hasta ahora es que el movimiento
de sentadas ha incidido
más en la tesis de que hay que romper
la burbuja, y que la responsabilidad
está del lado de los individuos
que no deben comprar mientras
exista esa situación”.

Etxebizitza Guztiontzat, que en
un primer momento llegó a reunir a
UGT y CC OO con los sindicatos
abertzales LAB y ELA, ha insistido
por su parte en la responsabilidad
de los políticos y en el seguimiento
de las políticas públicas de vivienda,
que en el tripartito vasco recae
sobre Ezker Batua-Izquierda Unida.
Estas diferencias reflejan la composición
relativamente diversa del
movimiento. “A nuestras reuniones
asisten sobre todo personas de entre
25 y 35 años, más trabajadores
que estudiantes”, informa Javier, de
la asamblea de Zaragoza. Les une-
como también ocurre en las asambleas
de Barcelona y Madrid- su poca
o nula experiencia política anterior,
que acompaña a la trayectoria
de activistas ya experimentados.

Las asambleas o plataformas funcionan
como núcleos dinamizadores
y movilizadores de un malestar
social mucho más amplio y diverso
que se expresa sobre todo en weblogs
y foros de Internet. Sin embargo,
el componente generacional-
pocas personas de más de 40
años- y el origen -casi total ausencia
de inmigrantes, uno de los sectores
más afectados por la carestía-
limitan todavía el alcance como movimiento
social de las protestas por
una vivienda digna.

El factor 'k' en Barcelona

Hace tiempo que los centros sociales y viviendas okupadas en Barcelona
son la bestia negra de los diferentes
gobiernos municipales. La
extensión y el nivel de organización
del movimiento han hecho que
éste sea tenido en cuenta, generalmente
para mal. Así, las personas
«de estética okupa» son culpadas
de cualquier incidente real o imaginario
que rompa la normalidad de
la ciudad-marca. Los disturbios tras
la carga policial en la zona conocida
como «forat de la vergonya»
(«agujero de la vergüenza», un
barrio degradado que un sector del
vecindario intenta rehabilitar de
forma autogestionada) fueron utilizados
por el Gobierno municipal y
estatal para responsabilizar al conjunto
del movimiento okupa barcelonés
de los disturbios, y para
relacionar a éstos con V de
Vivienda y su presunta intención
de emplear la violencia contra la
cumbre europea del 16 de octubre.

Al contrario, tanto los portavoces
de la Asamblea de Okupas
como de la Assemblea per l'Habitatge
Digne han dejado claro que
ambas organizaciones son diferentes,
si bien comparten preocupaciones
y discurso.

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