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Democracia y cénit del petróleo

Frente a la hipótesis de que las revueltas suben el precio del petróleo, el
autor ataca a un modelo
que cree infinitos los combustibles fósiles.

- La especulación con alimentos básicos, un negocio seguro para los mercados

08/03/11 · 11:57
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Foto: Youngrobv.

La prensa y los medios de difusión
occidentales no paran
de titular que las revueltas
populares del norte
de África suben el precio del petróleo.
Es obvio el intento de identificación:
revuelta popular en país del
Tercer Mundo igual a gasolina más
cara para mi coche
. La realidad es
que es justo lo opuesto. Si vemos la
evolución de los precios del petróleo,
podemos observar que lo que
tiene relación muy directa con éste
es el precio de los alimentos que la
humanidad necesita.

Más del 95% del transporte mundial
de personas y mercancías en
todo el mundo depende del petróleo.
Hoy comemos petróleo, según
señaló hace años Dale Allen Pfeiffer:
seis de cada siete calorías de
los alimentos que ingerimos en
Europa son petróleo; nueve de cada
diez en EE UU. Pero la producción
mundial de petróleo convencional
(el de fácil acceso y barato) llegó a
su cénit en 2006. Hasta la Agencia
Internacional de la Energía lo sabía
perfectamente, y sólo lo ha confesado
en su informe mundial de 2010,
cuatro años después, pese a que hace
informes anuales.

Dependencia del petróleo

Pero nadie, salvo la Asociación para
el Estudio del cénit del petróleo y el
gas (ASPO, por sus siglas en inglés)
nos habló de ello. Los gobiernos occidentales
y muchos otros, sabían
perfectamente de este desproporcionado
nivel de dependencia energética
del combustible rey, por su
densidad energética y versatilidad
de uso. Algunos expertos advertían
que la llegada al cénit de la producción
mundial de petróleo la veríamos
por el espejo retrovisor
. Y así
ha sido.

Aunque la producción
mundial de crudo se ha mantenido
en una meseta con altibajos desde
el año 2005, ello ha sido posible porque
se han hecho esfuerzos considerables
en la explotación del llamado
petróleo “no convencional”,
que es el petróleo pesado que se extrae
de los líquidos residuales del
gas natural de los esquistos bituminosos
y arenas asfálticas, de aguas
marinas ultraprofundas o el que se
extrae en el Círculo Polar Ártico.

Este petróleo “no convencional”
exige más energía para su puesta a
disposición de la sociedad.
Otra fuente de energía que el
poder económico y financiero mira
con codicia en su desesperado
intento de seguir como hasta ahora
son los biocombustibles, que
están provocando, en pocos años,
desequilibrios gigantescos, ya que
ingentes cantidades de maíz en
EE UU se están derivando a alimentar
los estómagos de los vehículos,
y se arrasan grandes extensiones
de selvas tropicales
para
producir aceite de palma para hacer
biodiesel. Y grandes empresas
y corporaciones adquieren extensiones
enormes en Latinoamérica
para producir caña o soja o plantar
otras especies vegetales energéticas
con las que hacer bioetanol
o biodiesel.

Estos esfuerzos de bajo rendimiento
dejan, en cualquier caso,
menos energía neta a la sociedad
mundial, que ve así cercenado en
seco el sueño y el mito del crecimiento
infinito, en un mundo finito,
de la economía, ya que la actividad
económica y el consumo de energía
están estrechamente ligados.

Los gobiernos supuestamente
responsables de velar por el futuro
de sus ciudadanos en realidad
han actuado en este asunto como
puros servidores sumisos del poder
económico y financiero, que
no tiene otra visión que la del lucro,
la ganancia rápida y la acumulación
ilimitada e indecente de
riqueza, y no han hecho nada por
evitar esta onerosa dependencia.

Si hubieran sido razonables, deberían
haber comenzado a tomar
drásticas medidas de cambio de sus
sistemas energéticos y de modo de
consumo exacerbado al menos 20
años antes de haber llegado al cénit
de la producción mundial de petróleo,
como el informe Hirsch ya había
sugerido al propio Gobierno de
EE UU sin que éste, ni ningún otro,
hiciesen caso alguno al mismo. Y
no lo han hecho, entre otras cosas,
porque sus elementos básicos de
dominación reposan en una maquinaria
bélica, de transporte y en un
control comercial de los flujos de
bienes y servicios comercial es que
operan y están diseñados para funcionar
principalmente con este
combustible.

El control del petróleo
hoy les confiere un poder omnímodo.
La aparición de los especuladores,
que ahora preocupan, es consustancial
al sistema: nadie especula
con la abundancia. Se especula
con la escasez de bienes esenciales
e imprescindibles. En estos momentos
de zozobra y negación de la realidad
de un petróleo mundial cada
vez más escaso, los gobiernos todavía
no reconocen este hecho trascendente
como la raíz de la quiebra
del sistema de crecimiento económico
incesante e infinito.

La escasez
mundial de petróleo significa
escasez mundial de alimentos
que,
sumados a unos graves desequilibrios
en la cada vez más injusta distribución
de la riqueza, están provocando
los primeros estallidos de cólera
social en cascada. Esa es la secuencia
y no la inversa, como nos
quieren vender.


Más información:

- www.crisisenergética.org

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