ALTERNATIVAS AGROECOLÓGICAS DE PRODUCCIÓN, DISTRIBUCIÓN Y FINANCIACIÓN
Del campo a la casa, es posible

La colectividad agraria Del Campo a la Casa y la cooperativa Ecosecha nos cuentan cómo producen y distribuyen variedades
locales y de temporada en un mercado de proximidad.

29/10/09 · 0:00

El Estado español encabeza la lista
en superficie dedicada a la producción
ecológica en toda la Unión Europea,
según los últimos datos publicados
por el Ministerio de Medio
Ambiente Rural y Marino. Desde el
año 2004 se registró un aumento
del 80% de la superficie cultivada
hasta alcanzar en la actualidad
1.317.000 hectáreas dedicadas al
cultivo certificado en ecológico.

Sin embargo, las cifras con respecto
al consumo interno de estos
productos no son muy alentadoras.
Además de ser un consumo escaso,
el 80% de estos productos con certificado
ecológico acaban siendo exportados
hacia otros países de la
Unión Europea como Alemania o
Francia, según el Instituto Español
de Comercio Exterior.

DIAGONAL ha hablado con dos
proyectos que producen hortalizas
y verduras a pequeña escala y que
hacen agricultura bajo los principios
de la agroecología. Uno de
ellos es Ecosecha, cooperativa de
trabajo asociado con sede en Madrid.
El otro Del Campo a Casa, colectividad aragonesa.

Ambas se caracterizan porque sólo
distribuyen sus productos a través
de la venta directa, primando
las variedades locales y de temporada.
Estos dos proyectos cuestionan
la agricultura ecológica
convencional y proponen formas alternativas
de producción agrícola y
también de distribución.

Como pequeños agricultores, su
principal reto es crear redes de apoyo
conjunto que les permita llegar a
un mercado lo más próximo posible
a sus fincas y estrechar los vínculos
con sus consumidores. Entre sus
principales limitaciones está el
tiempo, pues además de cultivar,
necesitan divulgar sus proyectos y
hacer actividades de sensibilización
para conseguir nuevas personas
que se sumen al proyecto, según
comenta Joaquín, agricultor de
Del Campo a Casa.

Otra barrera habitual para vender
a pequeña escala es la falta de estructuras
comerciales donde el pequeño
productor pueda distribuir directamente
su cosecha. “Sólo queremos
distribuir nuestros productos a través
de la venta directa porque pensamos
que el consumidor debe participar
de la estructura de producción,
de tal manera que haya una comunicación
permanente entre el productor
y el consumidor”, afirma Javier
Peréz, socio trabajador de Ecosecha.

La venta de sus verduras y hortalizas
se realiza habitualmente bajo el formato de
bolsa cerrada con verduras de temporada,
realizando un reparto semanal
de la cosecha y garantizando la
venta total de la producción. Este
modelo exige ciertos cambios en las
pautas de los consumidores y exige,
también, la organización en grupos
de consumidores para poder recibir
las verduras semanalmente. El otro método también frecuente, es el de la oferta semanal: Grupos de Consumo bien organizados y divididos en unidades de consumo familiares que reciben semanlamente una oferta de productos donde cada unidad decide lo que pide.

Para ellos las cifras del Ministerio
sólo muestran una cara de la agricultura
que es la certificada por el
Comité de Agricultura Ecológica.
Esta certificación controla que no
haya residuos químicos en los productos,
pero no certifica factores
tan importantes como la reducción
de residuos en el proceso de producción
o que al final del ciclo de vida
los materiales usados puedan ser
reciclados y reutilizados. La vertiente
social y económica tampoco es
tenida en cuenta por el sello.

"Para nosotros no supone un
gran problema cumplir con todos
los parámetros que exige el Comité,
pues el etiquetado sólo garantiza
un control administrativo en una
parte del proceso, pero no garantiza
otros parámetros que consideramos
fundamentales como que se
primen los circuitos de venta de
proximidad o el cuidado de los trabajadores,
como puede ser a través
de la dignificación de sus condiciones
laborales", explica Javier.

Del Campo a Casa, a pesar de
contar con la certificación, opina
que es mucho más interesante que
la persona consumidora sea quién
los certifique conociendo sus fincas,
obteniendo así su sello de
confianza. "Nuestro proyecto es
mucho más que eso, no es sólo el
sello de un producto, es la relación
directa, la proximidad, es otra forma
de consumo. Porque todos debemos
ejercer el principio de responsabilidad
compartida en el
tránsito hacia el consumo responsable",
aclara Joaquín.

Redes de economía social

A su vez, estos proyectos están muy
relacionados con las redes de economía
solidaria como la Red de
Economía Alternativa y Solidaria
(REAS) o la red de cooperativas La
Traviesa. Para Joaquín, un gran reto
dentro de la agroecología es que
"además de que nos estamos desvinculando
de las grandes empresas
de agroquímicos y del modelo
de consumo clásico, también consigamos
ser parte de otra forma de
entender la economía y apostar por
los principios de la economía solidaria.
Las empresas deben de tener
unas bases éticas y deben potenciar
ese tipo de modelo con sus formas
de hacer". Ambos proyectos han
contado o están en el proceso de tener
el apoyo de la cooperativa de
crédito Coop57 para poder financiar
mejoras en sus estructuras.


LA EXPERIENCIA DE LAS COOPERATIVAS AGROECOLÓGICAS

Redacción

Las cooperativas de producción,
distribución y consumo de verduras
agroecológicas plantean
un modo de relación entre productores
y consumidores basado
en la corresponsabilidad. La
idea motriz de grupos como
Bajo el Asfalto está la Huerta
(BAH!)
, Surco a Surco (SaS),
Crestas y Lechugas, Hortigas y demás Grupos de Consumo Agroecológico,
es tomar las decisiones entre
productores y consumidores y
que desaparezca por tanto la
tensión que hay entre estos dos
grupos en las relaciones de mercado.
Se trata, en casos como
el del BAH!, de proyectos económico-
políticos que rechazan
el modelo de producción, distribución
y consumo basado en
"producir, consumir y callar".
Formar parte de la asamblea de
una cooperativa agroecológica
requiere cambios en los hábitos
de consumo, así como asumir la
responsabilidad común de todo
el proceso. La mayoría de estas
cooperativas se organizan para
que los consumidores acudan a
la huerta al menos una vez al
mes, aunque dependiendo de la
estación puede solicitarse más
apoyo. También el reparto se
socializa y en asamblea se decide
sobre cosas como la composición
de la cesta semanal, la
compra de semillas y el reparto
en bolsas de la verdura.
Los principios de no emplear fertilizantes,
insecticidas ni hormonas
hacen que el clima cobre
más importancia que en los procesos
intensivos; también las
plagas pueden jugar malas pasadas,
que, en un funcionamiento
horizontal, afectan a toda la cooperativa:
algunas semanas la
cesta es escasa para todos, en
verano en cambio es normal que
las cestas rebosen. "En septiembre
ha habido un esplendor",
cuenta Amaia, del SaS del Centro
Social la Piluka (Madrid):
“calabacines, berenjenas, tomates,
etc.”.
Lo frecuente es que las cooperativas
tengan entre 20 o 25
consumidores por cada trabajador,
pero que hay ocasiones
en las que, si los trabajadores
tienen mucha experiencia en
la huerta o las tierras son muy
buenas, se pueden alcanzar
los 50 consumidores por productor.
Crecer no es el objetivo,
aseguran desde una de
ellas, la idea es que el desarrollo
se produzca en un
radio pequeño, pero que se
compartan conocimientos y
medios con otros grupos. El
salto adelante, reconocen, “es
lograr que las agroecológicas
cooperen con otras que aporten otros productos”.

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