Cuando quien gana no importa

Cuando me propusieron escribir
esta columna acerca
de cómo entendía que podrían
ser las relaciones entre
el Gobierno y los banqueros de
este país durante la próxima legislatura,
lo primero que hice fue plantearme
qué pensaría yo de ser Emilio
Botín o Francisco González después
de la victoria electoral del PSOE.
La respuesta que me vino a la
mente después de pensarlo un poco
llegó, a su vez, en forma de preguntas:
¿y qué más me daba a mí, como
hipotético banquero, quién hubiera

03/04/08 · 0:00
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Cuando me propusieron escribir
esta columna acerca
de cómo entendía que podrían
ser las relaciones entre
el Gobierno y los banqueros de
este país durante la próxima legislatura,
lo primero que hice fue plantearme
qué pensaría yo de ser Emilio
Botín o Francisco González después
de la victoria electoral del PSOE.
La respuesta que me vino a la
mente después de pensarlo un poco
llegó, a su vez, en forma de preguntas:
¿y qué más me daba a mí, como
hipotético banquero, quién hubiera
ganado las elecciones? ¿Qué diferencias
había entre los programas
de uno y otro partido con aspiraciones
reales a la victoria que pudieran
afectar a mi negocio?
Al margen de afinidades personales
e ideológicas y lazos de vieja
cuna que tradicionalmente unen a
derecha y banca, nada hay en el
programa económico del PSOE
que pudiera haber hecho incomodarse
a los principales nombres de
nuestro sistema bancario tras la
victoria electoral de aquél. De hecho,
ninguno de los grandes banqueros
del país se manifestaron a
favor de uno u otro partido de forma
previa a las elecciones y ninguno
mostró su contrariedad tras conocerse
el resultado. Al contrario,
alguno de ellos incluso alabó la capacidad
del ministro Solbes para
gestionar la crisis en la que acabamos
de entrar y cuya gravedad ese
mismo ministro ha ido tratando de
minimizar continuamente.

La razón es más que evidente: el
sistema bancario de este país se encuentra
prácticamente a salvo de
cualquier tipo de intervención gubernamental
porque su negocio no
es ni controlado ni supervisado por
el Gobierno, sino que dicha tarea corresponde
al Banco de España. Y,
en este sentido, no debe olvidarse
que esta institución es, desde 1994,
una entidad independiente que no
atiende a directrices del Gobierno
para el desarrollo de su actividad sino
que regula y supervisa el conjunto
del sistema financiero en función
de sus propios criterios y normas.
Es frente a la misma, por lo tanto,
ante quien los banqueros demandan
medidas de desregulación, solicitan
un mayor grado de autocontrol o, en
última instancia, tienen que justificar
sus actuaciones.

Bien es cierto que cualquier gobierno
en cualquier momento podría
revertir las reglas del juego y,
aún manteniendo la independencia
del Banco de España, vaciar a
éste de contenidos y proceder a
intervenir sobre el sistema financiero
para que éste dejara de ser
ese ‘agujero negro’ del capitalismo
en el que se ha convertido y se
pusiera al servicio de las necesidades
de los ciudadanos.

Pero, sinceramente, no creo que
Botín o González estén removiéndose
en sus asientos pensando que
el Gobierno de Zapatero será
quien acometa ese cambio. De hecho,
yo, de ser ellos, no lo estaría
haciendo porque, probablemente,
mis relaciones con su Gobierno en
poco o en nada diferirían de las
que tendría con el Gobierno del
Partido Popular. Bueno, sí, tal vez
en el talante; pero eso, como todo
el mundo sabe, no es motivo para
que aquéllos ganen menos dinero.

Tags relacionados: Emilio Botín Sistema financiero
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