VARIAS MONEDAS SOCIALES LOCALES TRATAN DE PALIAR LAS FLUCTUACIONES FINANCIERAS
Cooperativismo para promover la autogestión de la vida cotidiana

Ya está en marcha la Cooperativa Integral Catalana, que
cuenta con una central de compras, intercambios de
bienes y servicios, y moneda social propia, el ecocoop.

15/06/10 · 6:44
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“El proyecto global es tratar de conseguir un embrión de nueva sociedad.
Se trata de una cooperativa
porque se tiene que relacionar
con el sistema, pero sobre todo es
un proyecto de construcción de
una alternativa integral al capitalismo”,
reflexiona Enric Durán,
activista y miembro de la Cooperativa
Integral Catalana puesta en
marcha en mayo. Una iniciativa
que tratará de cubrir todas las
necesidades de sus socios –alimentación,
vivienda, empleo, salud,
educación, protección social y
transporte– cortando progresivamente
los lazos con el capitalismo.

El proyecto podría considerarse
uno de los frutos del movimiento
que implicó la publicación de
Podemos! en marzo de 2009
, donde
ya se apuntaba la búsqueda de
una alternativa al capitalismo. La
Jornada de Huelga a la Banca del
17 de septiembre
supuso otro paso,
del que surgieron personas
interesadas. Pero el empuje definitivo
vino de la mano de las ecoxarxas,
redes de ‘prosumidores’ conscientes,
esto es, consumidores y
productores,
que se pusieron en
marcha en Catalunya –en Tarragona,
Montseny, Santa Coloma de
Gramenet– y que “ayudaron a replantear
la idea de la cooperativa
integral, ya no sólo como un proyecto
local, sino como un proyecto
de coordinación de las ecoxarxas,
integrando otras propuestas
para salir del capitalismo”, señala
Durán. Las ecoxarxas ya habían
lanzado monedas sociales, algo
que también ha hecho la Cooperativa
Integral Catalana que, con el
ecocoop, intercambiable por euros
y equivalente con el resto de
monedas sociales, pretende reducir
la dependencia de las fluctuaciones
financieras, implementar
los intercambios locales y mejorar
la capacidad adquisitiva de personas
que no pueden trabajar, aun
teniendo capacidades y conocimientos
para hacerlo. El ecocoop
“no es un almacén de valor”, remarca
Durán,
sino una simple unidad
de medida de los intercambios,
no genera intereses ni es
escaso, y no tiene sentido acumularlo
ni especular con él.

La figura jurídica de cooperativa
ofrece un blindaje contra embargos
privados o públicos, pues
no puede tomarse acciones contra
ella por las deudas de sus socios:
únicamente hay que evitar el endeudamiento
en nombre del colectivo,
cuestión que recogen los
estatutos. Así, se hace posible que
insolventes, morosos y parados
puedan vivir con toda normalidad,
trabajando y consumiendo de manera
autogestionada, sin tener que
preocuparse por los embargos de
deudas anteriores.

Las cooperativas disponen ya
de una central de compras de
productos ecológicos y locales y
una red social comunal para el intercambio
de productos y servicios.
Otro de los grupos de trabajo
busca proyectos de autoempleo
vinculados a necesidades reales
de los cooperativistas. Progresivamente,
se pretende autogestionar
la salud y la educación, y desearían
generar un sistema de
previsión social para garantizar
las necesidades básicas de todos
los miembros “en todo su recorrido
vital”. El proyecto está alojado
en la red social Redes en
Red
, puesta en
marcha para la reunión que citó
en Ruesta, durante cuatro días de
abril, a decenas de activistas interesados
en salir del capitalismo.
En poco más de un mes, la
cooperativa cuenta con un centenar
de socios y media docena de
núcleos locales en formación,
además del núcleo gestor de
Barcelona.

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