Consumo, ergo soy social

Mientras el mundo celebraba
el viernes 26 de
noviembre un diluido
día sin compras cuyo
efecto apenas resonó entre nosotros
más allá de los círculos activistas,
el españolito de a pie trataba
de sacudirse los resquemores e
infortunios de la crisis para entregarse,
un año más, a la liturgia del
hiperconsumismo navideño. Y es
que, por muy mal que nos vayan
las cosas, el rito de una Navidad
reconvertida en fiesta anual del
consumo resulta demasiado fuerte
como para que las amenazas o

, CODIRECTOR DE PENSAR LA PUBLICIDAD
20/12/10 · 13:08
Edición impresa

Mientras el mundo celebraba
el viernes 26 de
noviembre un diluido
día sin compras cuyo
efecto apenas resonó entre nosotros
más allá de los círculos activistas,
el españolito de a pie trataba
de sacudirse los resquemores e
infortunios de la crisis para entregarse,
un año más, a la liturgia del
hiperconsumismo navideño. Y es
que, por muy mal que nos vayan
las cosas, el rito de una Navidad
reconvertida en fiesta anual del
consumo resulta demasiado fuerte
como para que las amenazas o
estrictas constancias que perturban
el ambiente predominen frente a
esta celebración que ha recuperado,
a través del consumismo exacerbado,
buena parte del carácter
sacro que antaño la caracterizara.

Consumir, derrochar en navidad
es mucho más que malbaratar una
paga extra que, por desgracia, no a
todos alcanza. Viene a suponer el acto
mágico por el cual, sin que seamos
conscientes de ello, nos integramos
en sociedad; compartimos con la inmensa
mayoría unos comportamientos
que hace tiempo dejaron de ser el
acatamiento de una determinada
ideología o la asistencia colectiva a
determinadas celebraciones religiosas.

Consumimos, luego estamos en
sociedad. Nos sentimos oscuramente
realizados pulsando ese fabuloso
smartphone o contemplando ese televisor
de plasma que los reyes magos
pagarán, no obstante, rigurosamente
a plazos. Y participaremos,
regalándonos o regalando, de esa
gran fiesta colectiva en la que el hiperconsumismo
que, pese a todas las
crisis, atraviesa como un hilo conductor
nuestra sociedad, se explaya
en su plenitud demostrando hasta la
saciedad dónde residen en la actualidad
los verdaderos dioses sociales.

Algunos opinarán que practicar el
hiperconsumismo en navidad, cuando
la crisis que corroe al capitalismo
comienza a mostrar sus fauces, constituye
una frivolidad o tal vez algo
mucho más grave que probablemente
pagaremos antes o después. Pero
semejante constatación no hace más
que señalar el largo y arduo camino
que tenemos por delante. Habrá que
derrocar al dios consumo, que estos
días navideños se enseñorea en
nuestras ciudades y tal vez en nuestras
conciencias, para que las verdaderas
necesidades sociales, y con
ellas la promesa de una sociedad distinta,
comiencen a aflorar aquí y allá.

Artículos relacionados:

- [Consumo navideño: ¿Seguimos igual?->13060]
- [¿Deflación?, sí gracias->13061]
- [El comercio minorista no levanta cabeza->13059]

Tags relacionados: Número 139
+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

0

separador

Tienda El Salto