Juicio por el desastre en las costas gallegas en 2002
Las cicatrices negras del Prestige

Hoy martes se reinicia el juicio por el desastre del Prestige. Todas las nuevas informaciones que salen a la luz ahora certifican que las medidas tomadas, como el alejamiento del petrolero de la costa, fueron catastróficas para las costas.

, Investigador del Laboratorio de Socio-Ecosistemas de la Universidad Autónoma de Madrid
21/05/13 · 8:26
Voluntarios recogen el chapapote en la costa gallega. / FOTO: Pedro Agrelo.

Hoy martes 21 de mayo se reanudará el juicio del Prestige con una pericial sobre el coste económico y medioambiental del hundimiento del buque; un juicio que comenzó el pasado 16 de octubre con un retraso de 9 años, 11 meses y 3 días con respecto al día del accidente. Ahí es nada.

Recuerdo un curso sobre ecología en el que participé a finales de 2002. En él, una mañana, uno de los profesores del curso -y Catedrático de Ecología- nos pidió permiso para retrasar diez minutos el comienzo normal de la clase y hablarnos sobre el tema estrella de aquellos días: la catástrofe del Prestige. Muy rápidamente y dibujando en la pizarra un esbozo de mapa de la Costa da Morte, nos explicó (con profundos argumentos geográficos, físicos, oceanográficos, meteorológicos y ecológicos) cómo la medida menos dañina era sin duda arrastrar el buque hasta una pequeña bahía para evitar que el vertido se extendiese por el océano y afectase a muchos más kilómetros de costa [una máxima en Contaminación de ecosistemas es que un agente contaminante, cuanto menos se disperse, mejor, pues menores efectos nocivos entrañará sobre el ecosistema (sí, una obviedad)].

Entonces, y ante las recientes y sonadas declaraciones del, por aquel entonces ministro de Agricultura y Pesca, un compañero del curso alzó la mano y preguntó lo que todos estábamos pensando: ¿por qué no trata usted, desde su posición experta de Catedrático, de hacerle llegar esta recomendación al Gobierno? Su respuesta fue clara y contundente: "ya lo he hecho, pero no me han hecho caso".

Bajo bandera de Bahamas

Fue un miércoles 13 de noviembre de 2002 cuando, pasadas las tres de la tarde, un desconocido barco que navegaba bajo la bandera de Bahamas cargado con 77.000 toneladas de crudo pidió socorro por radio a 28 millas de la costa de Galicia. Un fuerte golpe le había abierto una vía de agua en estribor. Era el Prestige.

La misma tarde del accidente, apenas cinco horas después del “mayday” del buque, la compañía holandesa Smit ya había firmado un acuerdo para hacerse cargo del rescate del petrolero. Aun así, y a pesar de que esta compañía nunca recomendó alejar el buque mar adentro (sus opciones pasaron en todo momento bien por extraer el fuel del barco en una bahía tranquila o bien por introducirlo en un puerto seguro), la misma noche del día 13 el Gobierno español anunció, convincente, que el Prestige sería alejado de la costa gallega y que sus cabos jamás tocaría puerto español.

Cual granada entre las manos a punto de estallar, lo cierto es que el gobierno de Aznar contempló en todo momento como primera y única opción alejar el petrolero lo máximo posible de las costas españolas. Alejaremos el peligro y que pase lo que Dios quiera… y el país que se pringue de mierda que apechugue y se limpie… no vamos a ser nosotros los tolais que se coman el marrón de este buque extranjero y escacharrado, debieron pensar -más que menos- las autoridades españolas, sin sospechar lo que se nos vendría encima.

Sin embargo, un petrolero herido no es una granada bajo inminente explosión y, en este caso, lanzar el problema fuera y lejos no disminuye la onda expansiva sino todo lo contrario. Los acontecimientos, lamentablemente, así lo han demostrado. Y es que, a pesar de las increíbles declaraciones del por aquel entonces ministro de Defensa (Federico Trillo), que llegó a plantear como solución bombardear el barco con cazas F-18 y Harrier, la realidad es que no se pueden aplicar soluciones militares a problemas ambientales.
Durante los seis días siguientes al accidente España (y el mundo entero) asistió perpleja a una desorquestada danza náutica entre el petrolero y el mar que llevó al barco a situarse el jueves 14 a tan solo cinco millas de la costa gallega para después describir un confuso zigzag de más de 80 millas en forma de “V” invertida que finalizó la mañana del martes 19; cuando el buque se partió finalmente en dos a 130 millas de Finisterre y se hundió -tras haber sido arrastrado durante 240 millas de incoherencia y descoordinación- a 3.850 metros de profundidad con 58.000 toneladas de crudo aún en sus entrañas (valorada en unos 45 millones de euros).

Sigue vertiendo petróleo

Durante los diez meses siguientes al hundimiento las labores de rescate del fuel lograron extraer 13.700 toneladas del pecio en una compleja y carísima operación que ascendió a casi 100 millones de euros. A lo largo de los días, meses y años siguientes -y pese a las optimistas declaraciones del Gobierno el mismo día del hundimiento, que aseguró que el fuel se solidificaría- el petrolero ha seguido expeliendo fuel a razón de entre 13 y 20 litros diarios, según investigaciones científicas de la Universidad de Vigo.

El accidente del Prestige fue en un primer momento eso, un accidente; un suceso involuntario, fortuito y eventual. Es decir, se trató de un suceso externo al control de las autoridades españolas; un suceso que pudo deberse -entre otros factores- el presumible mal estado del buque (que le llevó en 1999 a recibir sanciones por fallos de seguridad en Nueva York y Rotterdam) o el bravísimo mar de aquellos días. Sin embargo, este accidente pudo quedar en muy poco si las decisiones que durante aquellos días fueron tomadas por parte del Gobierno español hubiesen sido otras. Pero no fue así… y es el deber de todos los que nos dedicamos al estudio de las interacciones entre naturaleza y sociedad así denunciarlo, alto y claro: las decisiones que se adoptaron entre el 13 y el 19 de noviembre de 2002 fueron nefastas, totalmente desordenadas y en todo momento tomadas al margen de las recomendaciones científicas mayoritarias.

Transcurridos ya más de 126 meses de aquel fatídico accidente y de su pésima gestión política, y aprovechando el concerniente juicio que por fin está teniendo lugar, conviene recordar a nuestros gobernantes (y a muchos de sus fieles votantes), sean del color que sean, que reconocer los errores del pasado es el primer paso para evitar que estos se repitan. Y qué mejor forma de animarles a ello que rememorando aquella polémica frase del que entonces era ministro de Agricultura y Pesca y que -cosas del destino- vuelve a ocupar hoy dicho cargo a través del reconstruido Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente: "Afortunadamente, la rápida intervención de las autoridades españolas alejando el barco de las costas, hace que no temamos una catástrofe ecológica" (Miguel Arias Cañete; 16 de noviembre de 2002).

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comentarios

1

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    Esther Caso
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    23/05/2013 - 10:14am
    ¡Magnífico artículo! Conviene recordar los errores cometidos para no volver a cometerlos. Esto, que parece tán sencillo, es dificilísimo cuando hablamos de decisiones políticas. No tenemos políticos con auténtica talla y carisma, además de cierta inteligencia, que les haga mirar más allá a la hora de tomar decisiones. El corto plazo nunca es bueno, las cosas hay que analizarlas en perpectiva, y tomar las decisiones que sean mejores a largo plazo, aunque sean soluciones más caras.