Hacia un movimiento social urbano
Brasil: el fin del consenso social lulista

El escritor y analista uruguayo explica las razones que han sacado a miles de brasileños a las calles.

, Autor de ‘Brasil potencia’.
01/07/13 · 9:00
Edición impresa

Es casi imposible comprender y explicar cómo una pequeña manifestación de cinco mil personas en Sao Paulo, el 6 de junio, se expandió a más de cien ciudades y a millón y medio de personas apenas dos semanas después. Tres preguntas, por lo menos, deberían ser respondidas para comenzar a atisbar respuestas más completas: ¿cuáles son las causas de fondo de este fenomenal movimiento juvenil? ¿Por qué ahora, durante la Copa de las Confe­dera­ciones? ¿Qué consecuencias tendrán?

Lo primero es considerar que Brasil es uno de los países más desiguales del mundo, y que esa desigualdad se expresa en las ciudades en pésimos servicios para los sectores populares. Sao Paulo, epicentro de las protestas, tiene el transporte público más caro del mundo en relación al salario promedio de sus habitantes (más de un euro cada pasaje). La buena situación económica y las políticas sociales sacaron a 40 millones de brasileños de la pobreza, pero eso no se tradujo en la mejora de los servicios, lo que hace que tanto el transporte como la salud estén desbordados.

El sistema de transporte colectivo de Sao Paulo casi duplicó la cantidad de pasajeros entre 2004 y 2012. Pero hay menos autobuses en circulación. La conclusión es casi obvia: en cada unidad viaja un 80% más de pasajeros. Los autobuses hacen menos viajes por el congestionamiento del tránsito, lo que recae en los usuarios, que sufren por la ineficiencia del sistema.

Los sectores populares viajan entre cuatro y cinco horas diarias en autobuses congestionados y caros, mientras los ricos viajan en helicóptero. Brasil posee una de las mayores flotas de aviación ejecutiva del mundo, que creció un 58,6% en los diez años que gobierna el Partido de los Trabajadores. Sao Paulo tiene 272 helipuertos y más 650 helicópteros ejecutivos que realizan alrededor de 400 vuelos diarios. Muchos más que ciudades como Tokio y Nueva York.

La segunda cuestión se relaciona con los abusos de la FIFA, al imponer estadios de lujo, aeropuertos, transportes y hoteles adecuados al tipo de turista que visita el país cuando se realizan campeonatos mundiales, y a la legislación de excepción que debió votar el Parlamento para impedir desde la venta ambulante hasta las manifestaciones en un radio de dos kilómetros de cada estadio. La disputa del Mundial 2014 ha obligado a Brasil a construir 12 estadios, 21 nuevas terminales aeroportuarias, siete pistas de aterrizaje y cinco terminales portuarias. El coste total para el Estado de todas las obras será de 15.000 millones de dólares. Los precios de los servicios, la vivienda y la alimentación aumentan en las doce ciudades que albergarán el Mundial y las obras fuerzan el desplazamiento de miles de personas, entre 170.000 y 250.000 según la Articu­lación Nacional de los Comités Populares de la Copa.

En las doce ciudades se crearon años atrás comités populares para difundir los problemas que generan las obras vinculadas al Mundial y, muy en particular, para impedir los desalojos masivos para ampliar aeropuertos y autopistas. La sensación de agravio jugó un papel en los abucheos que recibieron Blatter y Rousseff en la inauguración de la copa. Cuando desatacados jugadores de fútbol, estrellas que ganan millones, se muestran contrarias a las imposiciones de la FIFA y apoyan las manifestaciones es porque la calle tiene una enorme legitimidad.

La tercera cuestión, sobre las consecuencias de una oleada de protestas que aún no ha terminado, es más compleja. Mi impresión es que habrán de pasar varios años antes de que podamos percibir cambios. Está naciendo un poderoso movimiento urbano en un país que históricamente contó con importantes movimientos rurales. El intento del MST de crear un movimiento sin techo urbano a imagen y semejanza tuvo escasos resultados.
Está naciendo un poderoso movimiento urbano en un país que históricamente contó con importantes movimientos rurales Lo seguro es que el centro de la protesta se traslada del campo a la ciudad. Que no estamos ante exigencias sólo económicas, sino ante un rechazo masivo de la desigualdad.

El consenso lulista consistió en la mejora de la economía de los más pobres, pero bloqueó la posibilidad convertirlos en sujetos políticos, congelándolos en su lugar de electores o beneficiarios de programas sociales. La pasividad y el conformismo se acaban de romper. La mitad de los manifestantes tienen menos de 25 años, completaron estudios secundarios o universitarios y no quieren seguir siendo tratados paternalmente por una tecnocracia de centro-izquierda. Las élites brasileñas siempre creyeron que los jóvenes pobres no pueden articular un movimiento y, cuando lo hacen, sacaron los tanques a las calles. Esa lógica ya no funciona.

Tags relacionados: Brasil Número 201
+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

2

  • |
    Aitor
    |
    02/07/2013 - 2:26pm
    &quot;Tener posibilidades de ser burgués&nbsp;debería ser un derecho para todos&quot; es en eso en lo que se reducen las protestas de Brasil y España en los entornos del civismo, lo publico y las batucadas. Desde mi punto de vista se le da demasiada importancia a cualquier movilización hasta el punto de que medios de comunicación que se declaran anticapitalistas&nbsp;realizan noticias en las que ofrecen artículos&nbsp;favorables a manifestaciones que no dejan de ser cosas parecidas a la socialdemocracia, que es capitalismo moderado a fin de cuentas.&nbsp;<br /><br />
  • |
    Rocco
    |
    02/07/2013 - 10:13am
    Buen comentario, principalmente eso: &quot;El consenso lulista consistió en la mejora de la economía de los más pobres, pero <strong>bloqueó la posibilidad convertirlos en sujetos políticos</strong>, congelándolos en su lugar de electores o beneficiarios de programas sociales.&quot;. Un único equívoco: las manifestaciones empezaron en Porto alegre, aunque más tarde São Paulo se haya convertido en el epicentro.
  • Tienda El Salto