ANÁLISIS // LA PERSECUCIÓN DE LA PLENA IGUALDAD SE VE BLOQUEADA POR LA RESISTENCIA A ASUMIR COMPROMISOS DE LA
Beijing+15: el avance del retroceso

15 años después de la
conferencia mundial de
mujeres de Beijing, los
compromisos de aquella
cita son incumplidos
sistemáticamente.

01/04/10 · 19:24
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Vivimos tiempos difíciles para
la primavera de la participación.
Los vientos totalizadores
de la globacapitalización
campan a sus anchas y los
espacios de resistencia sobreviven a
duras penas, en un entorno en el que
resulta cada vez más difícil difundir
voces alternativas críticas. Y frente a
esta realidad, la experiencia nos enseña
el valor de la ‘resiliencia’, de la
capacidad de las personas, especialmente
de las mujeres, de sobreponernos
a los obstáculos, aprender y
fortalecernos con estas experiencias.

Este proceso de empoderamiento se
acompaña de sus inseparables hermanas:
la participación, la rendición
de cuentas y la transparencia. Y
Nueva York ha supuesto la última
geografía de resistencia a la que hemos
asistido, recientemente, en el
marco del seguimiento a Beijing en
la 54ª reunión de la Comisión para la
Condición Sociojurídica de la Mujer
(CSW, por sus siglas en inglés).

Esta comisión fue creada en 1946
con el fin de promover los derechos
de las mujeres y, tras la IV Conferencia
Mundial de Mujeres celebrada
en Beijing (1995), se le encomendó
realizar el seguimiento de la implementación
de la Plataforma de
Acción (PAB) así como supervisar su
transversalización en la ONU.

¿Qué supone la Plataforma de
Acción de Beijing?
La Conferencia de Beijing supone
un hito, al lograr el mayor consenso
alcanzado entre gobiernos hasta ese
momento (189 países) sobre las estrategias
a aplicar para el logro de la
igualdad, que pasa a ser una prioridad
en la agenda de los Estados.
Este consenso se plasma en un documento
en el que se analiza la situación
de las mujeres y se completa
con objetivos, medidas, indicadores
y plazos concretos que comprometen
la palabra y la acción de los
Estados en torno a 12 esferas de acción.

Se trata, en suma, de un programa
político de acción que aúna
todo el aprendizaje acumulado tras
un largo proceso de reivindicaciones
y experiencias de las mujeres.
Beijing sistematiza a la perfección
el espíritu de los ‘90 cuando la
ONU construía agendas conjuntamente
con las organizaciones sociales
en torno al Desarrollo Humano,
donde las personas en general,
y las mujeres en particular, nos
erigimos en el centro y motor de los
esfuerzos políticos de desarrollo.

Actualmente, estos espacios han dejado
de suponer lugares de intercambio
entre sociedad civil y Estados,
aunque todavía resisten las
alianzas y las redes sociales, tal y
como ha demostrado Beijing+15.
Balance de Beijing+15
Ocho mil mujeres nos reunimos del
1 al 12 de marzo en Nueva York para
evaluar el grado de cumplimiento
de los Estados. Este acompañamiento
se vio dificultado desde el
primer día, sufriendo colas de más
de siete horas para lograr la acreditación
que nos permitiría, o eso creíamos,
el pase a las múltiples sesiones
de debate que se iban a organizar.
Y esa espera fue sólo el comienzo.

El caos organizativo muestra
la creciente tendencia de limitar
la participación social por parte de
los Estados en este siglo post 11-S
y la progresiva desidia a rendir
cuentas ante la ciudadanía de sus
(in)cumplimientos, que se acompaña
de la escasa transparencia sobre
sus procesos de toma de decisión.
En este sentido, los Estados aprobaron
una Declaración al segundo
día de encuentro. Y aun cuando,
ciertamente, los documentos vienen
precocinados desde Bruselas,
Nueva York, etc., la cortesía obligaba
a los Estados a negociar algunos
asuntos menores con las ONG y escuchar
sus demandas. Ese protocolo
se incumplió excluyendo a las
ONG del proceso. Además, se trata
de una declaración vacía en la que
se sobrevaloran los esfuerzos, se
ignoran los obstáculos y se olvida
mencionar los problemas derivados
del nuevo escenario global. En
palabras del secretario general,
Ban Ki Moon, “los progresos registrados
en relación con las mujeres
y las niñas (...) han sido muy dispares,
con resultados insuficientes
(...) Las múltiples crisis mundiales
(...) económica y financiera, alimentaria
y energética, así como el
cambio climático, han incidido negativamente
en los objetivos de
desarrollo acordados a nivel internacional
(...) y han puesto en tela
de juicio los enfoques actuales del
desarrollo”.

Para el máximo representante de
Naciones Unidos ha llegado el momento
oportuno “de replantearse y
modificar los enfoques, las estrategias
y las medidas en materia de política
a fin de garantizar una pauta
de crecimiento y desarrollo más
equitativa, paritaria y sostenible”.
El discurso oficial fue copado por
dos cuestiones: los Objetivos de
Desarrollo del Milenio (ODM) y la
nueva Agencia de Igualdad.
Conviene recordar que los limitados
objetivos del milenio no miden
el grado de aplicación de la PAB.

Más bien al contrario, sólo cumpliendo
con la Plataforma de
Acción de Beijing alcanzaremos
los Objetivos de Desarrollo del
Milenio. Es notorio que, a pesar de
algunos avances en determinadas
áreas, muchos de los ODM no se
alcanzarán para 2015, especialmente
el objetivo tercero y el quinto,
relativos a la promoción de las
mujeres y la reducción de la mortalidad
materna, donde menos
progresos ha habido.

Respecto a la Agencia, es de resaltar
que la cacareada relevancia
de la UE a esta reforma se traduce
en una exigua resolución en la que
poco dice y a nada se compromete
y en la que la cuestión de la financiación
permanece irresuelta.
Ante este escenario, las ONG presentes
decidimos retomar y repolitizar
un proceso que es nuestro, denunciando
los “teatros” políticos,
exigiendo el cumplimiento de los
compromisos en un documento respaldado
por más de cien entidades.
Éste promete ser el inicio de una
nueva batalla que se reencontrará
en septiembre en el marco de la revisión
de los Objetivos de Desarrollo
del Milenio. Allí estaremos, denunciando
que no avanzar equivale
siempre a retroceder en un contexto
que cambia y con unos compromisos
paralizados.

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