Bolivia: asamblea constituyente y revolución

En abril de 2000, la revuelta
en Cochabamba contra la
privatización del servicio
de abastecimiento de agua
representó el primer episodio de un
ciclo de acción colectiva que desafió
la hegemonía que el bloque de poder
neoliberal mantenía en Bolivia
desde 1985. Las protestas sucesivas
configuraron un bloque contrahegemónico
de movimientos sociales
indígenas articulado en torno a la
nacionalización de hidrocarburos y
a la elección de una Asamblea
Constituyente. El nivel de conflicto

22/07/06 · 14:16
Edición impresa

En abril de 2000, la revuelta
en Cochabamba contra la
privatización del servicio
de abastecimiento de agua
representó el primer episodio de un
ciclo de acción colectiva que desafió
la hegemonía que el bloque de poder
neoliberal mantenía en Bolivia
desde 1985. Las protestas sucesivas
configuraron un bloque contrahegemónico
de movimientos sociales
indígenas articulado en torno a la
nacionalización de hidrocarburos y
a la elección de una Asamblea
Constituyente. El nivel de conflicto
planteado por los movimientos sociales
creó poderosísimas estructuras
de contrapoder capaces de doblegar
Gobiernos y de imponer políticas
públicas mediante mecanismos
no institucionales. El avance
del proyecto de transformación antineoliberal
e indígena requería, sin
embargo, de instrumentos de intervención
político-electoral.

La espectacular victoria de Evo
Morales en las elecciones de diciembre
pasado representó la ruptura del
empate político previsto por las élites
neoliberales para mantener sus
resortes de poder e impedir el avance
de los movimientos sociales. La
victoria se produjo además en un
contexto latinoamericano en el
que el desafío a los modelos de integración
neoliberal de la región
es una realidad y donde algunos
gobiernos de izquierda pueden
contribuir a asegurar los primeros
pasos de un Gobierno boliviano
que está dejando pocas dudas sobre
su voluntad transformadora.

El 2 de julio se celebraron elecciones
para formar una Asamblea
Constituyente en Bolivia que redacte
una nueva Constitución. Se trata
de un paso determinante en el proceso
de transformación social iniciado
en 2000 pues aspira a enterrar la
República monoétnica inalterada
desde la independencia en 1825 y a
ser la base jurídica sobre la que desarrollar
políticas hacia la gestión
pública de los recursos, realizar reformas
económicas socializantes y
reconocer mecanismos de participación
y gestión indígenas.

Sería ingenuo pensar en el proceso
boliviano como una revolución
social y política de corta duración.
El proceso será largo, difícil y su
suerte no será ajena a la del conjunto
de luchas emancipatorias en
América Latina y en el mundo. Pero,
el debate constitucional que se abrirá
en agosto en Sucre representa
una oportunidad para los movimientos
sociales de la izquierda radical
europea de trazar una mirada
de largo alcance. Nos encontramos
frente a la otra cara de la propuesta
zapatista; la necesidad de una política
de transformación cuando no se
puede tomar el cielo por asalto. Los
zapatistas enseñaron cómo hacer
política cuando las aspiraciones al
poder político-institucional son inviables
o burocratizantes pero, una
vez que los movimientos se revelan
capaces de desalojar la institucionalidad,
sería estúpido dejar que ésta
siguiese en manos del enemigo. Es
hora de tejer nuevas alianzas.

Tags relacionados: Nacionalización
Imprimir Imprimir
Versión PDF PDF
Enviar por e-mail Enviar
Corregir
+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

0

separador