VITORIA-GASTEIZ // POLÉMICA POR LA VENTA DE LA BASE DEL EJÉRCITO
Araka, otro expolio militar

La actual política de venta de terrenos y propiedades que lleva a cabo Defensa –terrenos y propiedades que en su gran mayoría fueron cedidos gratuitamente por las poblaciones, o fueron fruto de operaciones de expropiación forzosa– han supuesto ingresos de casi 2.584 millones de euros en los últimos años. El caso de Araka es otra muestra más de esta peculiar forma de ingresos para fines militares.

10/01/08 · 0:00
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ESPECULACIÓN. Terrenos cercanos a la base militar de Araka.

Texto del Colectivo Gasteizkoak, colectivo antimilitarista de Vitoria-Gasteiz

Araka, la base militar situada
junto a Vitoria-
Gasteiz, no es sólo aquel
lugar de pesadilla donde
miles de jóvenes fueron secuestrados
para cumplir el servicio militar
obligatorio en el CIR n.º 11, lo
que ocurrió durante casi 40 años.
Es también una crónica de casi
medio siglo de demostración de
poder fáctico militar.
Hasta mediados de los ‘60 del pasado
siglo Araka era una extensión
con más de 700 hectáreas formada
por eriales, monte bajo, pinares y
fincas cultivadas –en su mayoría comunales–.
Algunos de esos terrenos
formaban parte del Catálogo de
Montes de Utilidad Pública.
A principios de 1964 el entonces
denominado Ramo de Guerra, valiéndose
de la autoridad plenipotenciaria
que la dictadura militar franquista
le otorgaba y de la sumisión
servil que las autoridades civiles le
brindaban, decide hacerse, por las
buenas o por las malas, con esos
más de siete millones de metros cuadrados
de terreno, arrebatándoselos,
por la vía de la expropiación forzosa,
a sus legítimas dueñas: las poblaciones
vitoriana y alavesa.

Tras un trabajo de investigación
en los archivos municipales y provinciales
–cuyos datos principales
acabamos de publicar recogidos en
el libro Araka y Desamparadas, expolios
militares– hemos podido
constatar que, en el menos malo de
los casos, fueron las instituciones
alavesas las que desembolsaron el
80% de los 24 millones de pesetas
de la época que supuso la expropiación
forzosa de Araka. En concreto,
14 millones el Ayuntamiento (5 en
metálico y otros 9 mediante el pago
de los gastos de agua y electricidad
de los militares durante 8 años) y
otros 5 millones la Diputación Foral.
Decimos que “en el menos malo
de los casos” porque el propio Ayuntamiento
de Vitoria, como forma de
hacer frente a esos 14 millones, barajó
la posibilidad de aumentar en
un montante parecido a esa cantidad
(a la que denominó plusvalía,
reconociendo explícitamente su ilegalidad)
el pago de la factura que
iba abonar al Ejército por los terrenos
que éste poseía en el centro de
Gasteiz –en concreto en Desamparadas–,
y que iba a abandonar para
instalarse en Araka. Para más escarnio,
esos terrenos de Desamparadas
habían sido cedidos de forma
gratuita por el Ayuntamiento de
Vitoria en 1893.

Veamos la reproducción literal de
esa propuesta que aparece en el informe
municipal: “El Ayuntamiento,
en síntesis, negándose formalmente
a la obligación financiera en relación
con Araka, no tendría inconveniente
en compensar al Ejército en cifras
análogas a las negadas allí, en forma
de exceso de precio por la adquisición
de los solares netos que resulten
de la planificación contenida en
el Plan Parcial a aprobar, sobre los
valores comerciales fijados en los
Indices Municipales de Valoración
del Suelo de Vitoria. (…) Con ello, y
dada la diferencia entre ambas cifras
15.911.086,50 pts., queda comprobada
la analogía que el mayor precio
de compra implica en compensación
con las cifras obligadamente negadas
en relación con el C.I.R.”.

Pues bien, finalmente el Ayuntamiento
de Vitoria no sólo pagó 14
millones para ayudar a los militares
a hacer frente a la expropiación de
Araka (que debería haber costeado
el Ejército en su totalidad) sino que,
además, terminó abonando al Ramo
de Guerra, esos casi 16 millones
de más en forma de plusvalía. Por
eso, ahora que los militares tienen
prácticamente en desuso la Base
Militar, cada vez que se le ocurre a
un partido político una genial idea
para Araka y para ello proponen negociar
con Defensa la compra de los
terrenos, no podemos sino ver reflejada
en la actual clase política similar
comportamiento de sumisión
a los militares al que practicaron hace
40 años las anteriores autoridades
públicas.

La conclusión es evidente. El destino
de Araka no puede ser más que
su devolución absolutamente gratuita
a las poblaciones a quienes legítimamente
corresponde y a las
que nunca se les debería haber arrebatado.
Déjense los partidos políticos
y las instituciones de someterse
otra vez a la disciplina militar contemplando
tan siquiera la posibilidad
de financiar nuevos programas
de armamento o cualquier otro gasto
militar a cambio de Araka. Y váyanse
de una vez los militares de
Araka. O, mejor, desaparezcan de
la faz de la Tierra.

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