OPINIÓN // LA LEY DE ECONOMÍA SOSTENIBLE, OTRA CORTINA DE HUMO DE ZP
Un aluvión de nada

El autor considera una
anécdota el anteproyecto
de ley y critica
algunas de las
intenciones del
Gobierno de Zapatero.

02/01/10 · 20:34
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La extrema dureza con la
que ha sido recibida la Ley
de Economía Sostenible
(LES) está justificada. Es
una nueva ocurrencia de Zapatero,
otro conejo de la chistera de este
aficionado a la prestidigitación, con
el objetivo de ganar tiempo y distraer
la atención de la crisis social y
económica. En esta ocasión, nada
menos que pretende cubrir una década,
pues el Gobierno, aturdido,
paralizado y maniatado, quiere un
plazo de diez años para poner en
marcha, dice, un nuevo modelo
económico. Todo palabras hueras,
gestos vacíos, al punto de que la
LES, todavía un anteproyecto, puede
que no llegue a nacer.

La misma idea de hablar en estos
momentos de economía sostenible
es un disparate. Zapatero fue el último
en enterarse de la crisis y ha
sido el primero en anunciar la recuperación.
El Gobierno da por hecho
que la economía en el futuro
cercano emprenderá una senda de
crecimiento, que debe encauzarse
para que se prolongue lo más posible.
Pero la realidad es que la economía
española está atrapada en
una ciénaga de la que le será imposible
salir sin que pasen acontecimientos
de consecuencias graves.
Frente a la osadía de pensar que
la recuperación está cerca, hay que
recordar, por ejemplo, la opinión
del Nobel Paul Krugman, quien
sostiene que antes de que la economía
remonte será preciso que resuelva
el problema muy grave de
su inserción en la economía internacional
y en la zona del euro, pues
los datos son demoledores. La economía
española, tras generar durante
tiempo unos déficits exteriores
enormes, se ha convertido en
una de las economías con una deuda
neta exterior más importantes
del mundo; por otro lado, ha acumulado
un paro desolador. Esta situación,
señala Krugman, refleja
un desequilibrio tan profundo que
para remediarlo aconseja un ajuste
interno brutal de precios y salarios,
para ganar competitividad, partiendo
de que la pertenencia al euro impide
una devaluación de la moneda.
Frente a esta realidad, hablar de
economía sostenible es una burda
burla a la sociedad española.

La LES, por lo demás, es un gran
cajón de sastre donde sin abordarse
ningún problema esencial, se juntan un conglomerado de promesas
con detalles de cambios menores,
algunos meramente administrativos
y otros ya anunciados o que han
entrado en vigor. El mero enunciado
de los temas que se tocan da una impresión
deplorable, con una falta de
coherencia, método y concreción
que refuerzan la opinión de que se
trata de un nuevo aspaviento del
Gobierno para simular que se hace
algo. A título de ejemplo, la ley, como
no podía ser menos, dedica un
apartado al impulso de la sacralizada
I+D+i, pero como es bien sabido, en
el Presupuesto para 2010, todavía en
trámite parlamentario, se reducen
los gastos de investigación. Los comentarios
de la prensa y de los analistas
no dejan lugar a dudas de que
la ley es un aluvión de nada, una avalancha
de bruma. Y cabe añadir que
se empieza a sentir hastío de tener
que dedicar tiempo y esfuerzos a seguir
las sendas en el agua que traza
el presidente Zapatero.

Ahora bien, la incongruencia de la
LES con la cruda realidad y la inocuidad
del proyecto con respecto a
su fin declarado no deben despistar
a los trabajadores sobre las verdaderos
objetivos del Gobierno. De soslayo
y en tono menor, ya ha dejado
traslucir algunas medidas que, éstas
sí, tienen relevancia. Ya se ha comprometido
a poner en marcha una
reforma laboral con acuerdo o no de
los sindicatos. No hay que dedicar ni
una línea a equiparar reforma laboral
con el recorte de derechos sociales.
Por otro lado, ha mencionado la
revisión de las pensiones de acuerdo
con el pacto de Toledo: esto es, que
lo que se pretende es reducir las pensiones
por la vía de ampliar el período
de cómputo de los salarios en los
años de contribución. Y se ha apuntado
que con toda la “lógica”, como
dice la ministra Salgado, si se ha prolongado
la esperanza de vida debe
postergarse la edad de jubilación.
Nada de contemplar que si existe un
paro enorme sin visos de eliminarse,
con toda lógica también debe reducirse
el tiempo de trabajo a través de
una reducción de la jornada laboral
y de una anticipación de la edad de
jubilación. Por lo demás, ya se sabe
que los discursos en boga, también
el de los dos sindicatos mayoritarios,
van en el sentido retrógrado y demagógico
de que la crisis habrá de
superarse con el esfuerzo y los sacrificios
de todos, es decir, fundamentalmente
de los trabajadores.

En resumen, la LES es una anécdota
más de la política de este Gobierno,
que se olvidará, que no tendrá
efectos significativos, mientras
que la crisis seguirá produciendo estragos
y convirtiendo a los trabajadores
y las capas sociales más vulnerables
en sus víctimas propiciatorias.

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