ANÁLISIS: EL PESO EN LA BALANZA COMERCIAL
Algunos costes económicos de la herencia del ladrillo

Desde que estalló la crisis
hipotecaria en EE UU, la
construcción y las actividades
relacionadas están
en el punto de mira de todos.
No en vano, se sabe que este sector
es uno de los motores fundamentales
de la economía española, y la
media de trabajadores en los últimos
años ha estado por encima de
los dos millones, un número importante
de personas que pueden
verse afectadas por las fluctuaciones
del mercado inmobiliario.
Durante los últimos años, por

04/10/07 · 0:00

Desde que estalló la crisis
hipotecaria en EE UU, la
construcción y las actividades
relacionadas están
en el punto de mira de todos.
No en vano, se sabe que este sector
es uno de los motores fundamentales
de la economía española, y la
media de trabajadores en los últimos
años ha estado por encima de
los dos millones, un número importante
de personas que pueden
verse afectadas por las fluctuaciones
del mercado inmobiliario.
Durante los últimos años, por
parte de las constructoras, e incluso
desde algunas administraciones, se
ha defendido el boom inmobiliario
como creador de riqueza y de empleo.
En efecto, la revalorización de
los pisos se reflejaba en un incremento
del PIB, pero no en un incremento
de la renta familiar: un piso
en propiedad que haya doblado su
precio sólo provoca un incremento
de renta en caso de que se venda,
pero si al venderlo se compra otro
piso, la plusvalía desaparece.

Por otra parte, este hecho tiene
también repercusiones en la balanza
comercial: la actividad inmobiliaria
se destina fundamentalmente
al mercado interno (aunque hay extranjeros
que compran inmuebles,
la vivienda no se exporta). En los
últimos años, se ha producido un
trasvase de mano de obra de otros
sectores hacia la construcción,
mientras que en otros países de
nuestro entorno, la construcción
ocupa a un menor número de personas,
dedicándose el resto a actividades
relacionadas con productos
de alta tecnología e I+D+I,
destinados a la exportación y con
un valor añadido muy alto. El resultado
de esto es que las principales
empresas españolas sólo
aprovisionan el mercado inmobiliario
interno, teniéndose que recurrir
para casi todo lo demás (vehículos
industriales, productos informáticos,
telefonía) a productos
importados, provocando un aumento
del déficit comercial.

Esta moneda tiene aún una cara
más trágica: la apuesta de la economía
española por una sola carta,
la construcción, ha provocado
el desmantelamiento de otras industrias
(automoción, textil, calzado,
etc.); ahora, al final del ciclo
expansivo inmobiliario, y con
un porcentaje de paro en construcción
en aumento, no queda
ningún sector industrial capaz de
asumir ese excedente de mano de
obra que quedará libre a medida
que la actividad pierda fuelle. Este
hecho resulta particularmente
grave siendo la vivienda un bien
de baja rotación: habitualmente,
el consumidor medio no compra
más de una vivienda.

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