60 AÑOS DE LA ONU // DE LAS INTERVENCIONES 'HUMANITARIAS' A LA LEGITIMACIÓN DE LA GUERRA 'PREVENTIVA'
Algo más que “simpáticos inoperantes”

En el 60º aniversario de Naciones Unidas, el escándalo
surgido en torno al programa Petróleo por Alimentos,
que implica al director del programa, al hijo del
actual secretario general y a numerosos funcionarios
y empresas petroleras (sobre todo rusas, chinas y
francesas) ha centrado la atención de los medios.
Otros aspectos de ese mismo programa, como las probadas
consecuencias nefastas sobre la población iraquí,
han quedado en un segundo plano; de la misma
forma que la intervención de la ONU en Haití, tras un
golpe de Estado apoyado por EE UU, o la legitimación
de la ‘guerra contra el terrorismo’.

, Redacción
06/06/06 · 20:58
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DISTURBIOS EN EL CONGO. Cerca de 50 miembros del personal de la ONU se enfrentan a 150 acusaciones por abusos sexuales
en la República Democrática del Congo. En la foto, la población increpa a los cascos azules.

Cuando el dibujante Quino se refería
a la ONU, en boca de Mafalda, como
“esos simpáticos inoperantes”, la organización
apenas había tenido
tiempo para desarrollar lo que se
convertiría en su mítica incapacidad
para solucionar conflictos. Ahora
que Naciones Unidas se acerca a sus
60 años y llueven críticas por la falta
de democracia interna, la corrupción
generalizada, los múltiples escándalos
y la legitimación a posteriori de la
ocupación de Iraq y Afganistán, la
definición de Quino parece haberse
quedado corta.

En la historia reciente de la ONU,
esta incapacidad para detener desastres
quedó en evidencia por primera
vez en Ruanda en 1994, donde el entonces
responsable del Departamento
de Operaciones de Mantenimiento
de la Paz y subsecretario de la
ONU, el mismísimo Kofi Annan, no
pudo o no hizo gran cosa para evitar
una masacre de más de un millón de
personas (“Pude y debí hacer más”,
admitió Annan luego).

El general canadiense que dirigió
a los boinas azules en Ruanda, Romeo
Dallaire, reconoció los errores
cometidos: “¿De qué sirve hablar y
escribir tanto durante una investigación
pública de los sucesos de Ruanda
si volvemos [en Sierra Leona]
a recrear los mismos escenarios?”.

La pasividad de la ONU en la matanza
de Srebrenica en 1995 no tuvo
demasiada repercusión en su momento,
pero siete años después provocó
la dimisión de todo el Gobierno
holandés. Srebrenica era una Zona
de Seguridad de la ONU, protegida
por 500 cascos azules holandeses.
Los habitantes de la ciudad entregaron
las armas a cambio de la protección
de Naciones Unidas. Cuando
las tropas serbias entraron en Srebrenica,
la inferioridad numérica
convirtió a las tropas de la ONU en
testigos pasivos de la masacre selectiva
y planeada de 7.800 jóvenes y
niños musulmanes. Los cascos azules,
lejos de enfrentarse a los serbios,
confraternizaron con las tropas, como
demuestran diversas fotografías.

Petróleo por alimentos

La oleada de informaciones sobre la
corrupción en el programa Petróleo
por Alimentos ha dejado fuera del
escarnio público el papel de la ONU
en el mantenimiento de las sanciones
que provocaron más de un millón
de muertos, sobre todo niños,
por falta de alimentos y medicinas.

Los efectos del programa en la población,
así como la intencionalidad
política del embargo, provocaron la
dimisión en 1998 del entonces coordinador
general de la ayuda humanitaria
a Iraq, Denis Halliday. “Cuando
una política causa muerte y desnutrición
en la escala que vemos
ahora en Iraq, no encuentro otra palabra
que ‘genocidio”, dijo Halliday.
Para el ex funcionario de la ONU, las
sanciones eran una “táctica bélica”
de EE UU para conseguir la “hegemonía
en el Oriente Medio, es decir,
controlar el petróleo ahora y en el
futuro”.

Un año y medio después de la dimisión
de Halliday, en febrero de
2000, su sucesor en la ONU, Hans
von Sponeck, decidió abandonar el
cargo por los mismos motivos. Dos
días después de la marcha de Von
Sponeck, la directora del Programa
Mundial de Alimentos en Iraq, Jutta
Burghardt, también presentaba su
dimisión. En un artículo en el que
explicaba su alejamiento voluntario
de la ONU, Burghardt insistía en que
la palabra ‘genocidio’ era la que más
se ajustaba para definir la actuación
de la ONU y EE UU en Iraq.

Sin embargo, los medios de comunicación
han centrado sus denuncias
del caso en las comisiones ilegales,
el petróleo de contrabando sacado
de Iraq que “enriqueció a Saddam”
y numerosos escándalos sexuales
internos, coincidiendo con
una campaña de la derecha norteamericana
(liderada por la cadena ultraconservadora
FoxNews) destinada
a forzar la dimisión de Kofi Annan:
los ‘neocon’ no le perdonan que
considerara “ilegal” su aventura iraquí,
a pesar de que luego la legitimara
con la resolución 1546 (ver parte
inferior). Pero la campaña de descrédito
apenas ha tocado los puntos
que podrían volverse contra EE UU,
como son la inmunidad de las tropas
en zonas de conflicto o la defensa de
los intereses norteamericanos, como
el caso del embargo a Iraq o la invasión
de Haití en 2004 y la polémica
actuación de la ONU en la isla.

Tras el golpe de Estado, apoyado
por EE UU, que desalojó a Bertrand
Aristide y la posterior intervención
de Naciones Unidas, se han multiplicado
las críticas. El presidente de la
Comunidad de Estados del Caribe,
Percival Patterson, lo expresaba de
esta manera: “Lo que ocurrió representa
un precedente muy peligroso
no sólo para Haití sino para los líderes
y todos los gobiernos democráticamente
electos”.

La Misión de Naciones Unidas para
la Estabilización de Haití (MINUSTAH)
ha sido acusada por un
reciente informe de la Universidad
de Harvard y el Centro de Justicia
Global de Brasil de complicidad con
la Policía Nacional de Haití (con la
que también colaboran las tropas españolas)
en la violación sistemática
de los derechos humanos. El informe,
de 52 páginas, recoge numerosos
casos de detenciones arbitrarias,
desapariciones de personas y asesinatos
de decenas de pacientes hospitalizados,
para su posterior enterramiento
en fosas comunes. Además,
según denuncia el informe, la misión
de la ONU ha “prestado apoyo a la
policía de manera efectiva para llevar
a cabo una campaña de terror en
los suburbios de Puerto Príncipe”.
Pero poco de esto ha sido utilizado
en contra de la ONU en los días que
preceden a su 60º cumpleaños.

Los abusos de los cascos azules
en zonas de conflicto, lejos de ser
casos aislados, se han multiplicado
por la inmunidad de facto de que gozan
las tropas, según Amnistía Internacional,
y la impunidad generalizada
por los crímenes cometidos.
Sirvan como ejemplo dos casos (elegidos
de una larga lista) documentados
en un informe interno de la
ONU sobre la intervención ‘humanitaria’
en Somalia.
1) En 1995, “15 paracaidistas belgas
fueron juzgados por abusos, entre
ellos torturas, homicidios intencionales
y simulacros de ejecución de
niños. La mayoría fueron absueltos,
pero algunos fueron condenados y
uno fue encarcelado cinco años”.
2) En 1997 fueron fotografiados varios
“soldados belgas que sostenían
a un joven somalí sobre el fuego y
obligaban a otros a comer gusanos”.
Una corte militar sentenció a los dos
militares a un mes de cárcel y al pago
de 200 libras.

Estados Unidos, que ya ha negociado
bilateralmente con 80 países la
inmunidad de sus soldados frente al
Tribunal Penal Internacional, ha advertido
que dejará de enviar soldados
a ‘misiones de paz’ si no se deja
a los soldados norteamericanos regirse
únicamente por su propia conciencia.
Los abusos del personal de
la ONU en la antigua Yugoslavia
(donde fue descubierta una red de
tráfico de mujeres obligadas a prostituirse)
o en el Congo (con el escándalo
conocido como Sexo por Alimentos)
han sido presentados como
casos aislados, pasando por alto las
coincidencias con los desmanes realizados
por las tropas norteamericanas
en Iraq.

La reforma de la ONU se ve desde
todos los frentes necesaria. Aunque
difieren radicalmente en la orientación
que debe tomar ese cambio.
James Petras lo ve así: “El nuevo
cuerpo tendrá que renunciar al carácter
elitista de la actual ONU con
su sistema de dos filas de votar y poder;
tendrá que rechazar como
miembros a países que adopten guerras
‘preventivas’ de conquista y gobierno
colonial y pillaje de recursos
nacionales”. Pero no parece que vayan
por ahí los tiros.

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