DIEZ MILLONES DE PERSONAS EN EL CUERNO DE ÁFRICA SUFREN HAMBRUNA
África vende sus tierras a transnacionales y fondos de inversión

Más de 63 millones de hectáreas de tierras fértiles han sido vendidas en África a inversores extranjeros para producir alimentos que van al exterior. Es el fenómemo conocido como acaparamiento de tierras. Mientras, la FAO ha requerido ayuda ante la hambruna que afecta a más de diez millones de africanos.

11/10/11 · 8:00
Mercado local. / Izaskun Sánchez Aroca.

Más de 47 millones de hectáreas de tierras se han vendido en todo el mundo, según el Banco Mundial 30 millones del total son terrenos de África, aunque este organismo internacional admite que la falta de transparencia de las transacciones podría elevar las cifras. Sin embargo, organizaciones independientes como Global Land Project apuntan que sólo en África han sido vendidas 63 millones de hectáreas a inversores extranjeros. Es lo que ya se conoce como acaparamiento de tierras.

Mientras, el hambre se ceba con
este continente. Más de diez millones de personas en el Cuerno de África sufren una de las peores hambrunas.
 Este verano, la Agencia de las
Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) hizo
un llamamiento a la comunidad internacional
para asistir a miles de
personas de Somalia, pero también
de Eritrea, Etiopía, Kenia, Yibuti y
norte de Kenia.

‘Razones’ del hambre

La FAO explica que la causa de la
hambruna en el Cuerno de África es
debida a la peor sequía que sufre la
región desde hace 30 años. Sin embargo,
no se menciona la venta de
tierras a multinacionales como uno
de los fenómenos más graves que impide
a la población de estos países ricos
en recursos naturales el acceso a
los alimentos.

Organizaciones sociales, ambientales
y campesinas, como las
ONG Grain y Vía Campesina, entre
otras, denuncian la presencia
fondos de pensiones y multinacionales
de la agroindustria en sus
tierras
. Desde 2008, trasnacionales
y numerosos países ricos se lanzaron
a la búsqueda de tierras fértiles
debido a la subida del precio
del petróleo, que encareció también
el precio de los alimentos.

Los gobiernos africanos dieron la
bienvenida a estos inversores, que se
encontraron con tierras fértiles,
agua, salarios bajos e incluso subvenciones
de los Estados africanos.
Gran parte de la producción está
siendo destinada a los biocombustibles,
otra parte a garantizar la soberanía
alimentaria de países importadores
de alimentos.

Esta política neocolonialista ha
sido impulsada por el Banco Mundial
y la propia FAO, además de organismos
como la agencia de Comercio y el Desarrollo de Naciones
Unidas o el Fondo Internacional de
Desarrollo Agrícola, sustentada por
bancos privados como el Banco
Islámico de Desarrollo, con sede en
Arabia Saudí.

La FAO, en su informe
sobre el Estado de la Inseguridad Alimentaria en el Mundo,
(2010), asegura que de los 6.700 millones
de personas que habitan el
planeta, 925 millones sufren hambre
crónica. Y estima que en 2050 la
población mundial se elevará a
9.100 millones. Por eso apunta que
“será necesario cultivar, de manera
efectiva, miles de hectáreas hasta
ahora desaprovechadas, sobre todo
en países subdesarrollados”.

En África, el 80% de la población
subsiste gracias a la agricultura familiar.

Además, en muchos países
las tierras son comunales, pero los
acuerdos entre los gobiernos africanos
y las multinacionales no son claros.
Ni siquiera para el Banco
Mundial, que admite la falta de transparencia
en las transacciones. Esta
política ha expulsado ya a miles de
familias de sus tierras y pone en peligro
su soberanía alimentaria.

India, Arabia Saudí y China son
los primeros compradores de tierras
en el continente africano.
Pero también
Kuwait, Qatar, Bahrein y empresas
de Suecia, Alemania o Reino
Unido que han suscrito acuerdos con
Angola, Kenia, Zambia, República
Demo crá tica del Congo, Mozam -
bique, Senegal, Mali, Sudán, Sua -
zilandia, Botswana, etc.

Tierras ‘no aprovechadas’

Según Gustavo Duch, activista y experto
en soberanía alimentaria, esta
política supone “un duro ataque contra
la soberanía alimentaria de los
pueblos”. Además, frente al argumento
oficial de que son tierras “desaprovechadas”,
Duch explica que
“esas tierras ‘inhabitadas’, como dicen,
son bosques o campos que ofrecen
frutos, leña y caza para muchas
poblaciones,
tierras que son pequeños
huertos, son pastos comunales
para el ganado local que están perdiendo
esas funciones”.

Etiopía (82 millones de habitantes)
es uno de los países que más
tierras ha vendido y alquilado durante
años a transnacionales.
Según el presidente etíope, Meles
Zenawi, más de 2.500 kilómetros
de tierra fértil en la región de
Gambella ha sido alquilada a 36
países. Este año, más de 15.000 etíopes van
ser realojados para “darles
mejor acceso al agua, escuelas
y transporte” en el departamento
de Gambella. El Gobierno asegura
que son realojos “voluntarios” y
que el motivo es el acaparamiento
de sus tierras.

En esa región, la
multinacional india Karuturi, radicada
en Bangalore, una de las 25
empresas de la agroindustria más
potentes del mundo, ha alquilado
311.000 hectáreas de tierras para
producir arroz que irá a parar a la
India,
según denuncia el Consejo
de Justicia de la etnia Anuak.
También en Etiopía, el millonario
saudí Al Amoudi, a través de la
compañía Star, ha invertido más
de 2.000 millones de dólares en la
compra de tierras en Etiopía.
Mientras, miles de personas de la
región Ogaden, al sureste del país,
corren el riesgo de morir de hambre
según la FAO, debido a que el
Gobierno niega la ayuda internacional
a la zona. Etiopía es uno de
los mayores receptores de ayuda
humanitaria del mundo, al tiempo
que dedica la mitad de su presupuesto
a gastos militares.

En el mismo continente, inversores de Arabia Saudí tienen proyectado
cultivar en el valle del río
Senegal 120.000 hectáreas
para
producir un billón de toneladas de
arroz que serán transportadas a este
país del Golfo Pérsico. Esta inversión,
codirigida por el hijo del
presidente de Senegal, forma parte del denominado
proyecto 7x7, ahora Agroglobe, de Foras International Investment Company, grupo de inversión
de la Organización de la Conferencia Islámica (OCI), integrada
por 57 Estados. La compañía Foras
asegura que en siete años se producirán
siete millones de hectáreas en
tierras de regadío. La misma operación
se llevará a cabo en terrenos
de Mali, donde Foras ha adquirido
5.000 hectáreas más. El proyecto
también se va a extender a
Mauritania, Nigeria y Sudán.

India y China, países a la cabeza del acaparamiento de tierras

China, socio preferente en el continente africano, donde ha invertido grandes cantidades en infraestructuras, ha adquirido también millones de kilómetros en tierras. Beidahuang Group, la primera empresa de la agroindustria china, cuenta ya con dos billones de hectáreas en varios continentes, sobre todo en África.

Pero es India quien está a la cabeza en el acaparamiento de tierras. Según The Economist Times, más de 80 compañías indias han invertido en cultivos en Kenia, Etiopía, Madagascar, Senegal y Mozambique destinados al mercado hindú. El listado de países africanos que han entregado sus tierras es largo.

Entre ellos, Mozambique, donde se
calcula que su Gobierno ha vendido el 20% de
las tierras de cultivo. Por su parte,
la República Democrática del
Congo alquila a empresarios de la
agroindustria de Sudáfrica diez millones
de hectáreas
por un periodo
de 90 años, y algo muy parecido
ocurre en Sudán
Por su parte, el Banco Mundial,
ante la resistencia de las comunidades
locales al acaparamiento de
tierras, ha creado los llamados Principios de Inversión Respon -
sable, una serie de condiciones, no
vinculantes, que pretenden ‘legalizar’
estas transacciones.

Más de 500 organizaciones
campesinas, organizaciones no
gubernamentales, ambientales y
sindicatos hicieron en junio un llamamiento
contra el acaparamiento
de tierras durante la reunión en
París del G-20. Esas mismas organizaciones
se darán cita entre el
17 y el 20 de noviembre en Nyeleni
(Mali) para unir estrategias frente
a la venta de tierras.

Pero los planes no cambian. El
economista neoliberal
Jeffrey Sachs, responsable del
proyecto Aldeas del Milenio, de la
ONU, cuya trayectoria repasa La
Doctrina del Shock, de Naomi
Klein
, explica en un artículo publicado
en agosto que en el
Cuerno de África hay esperanza
porque empresas como “Ericsson,
Airtel, Novartis y Sumitomo Chemical” están participando en iniciativas
para “ayudar a las comunidades
de pastores pobres”.
Y añade Sachs que afortunadamente “varios países de
la península Arábiga (...) están
mostrando una alentadora disposición
a ayudar” al Cuerno de
África.

SOBRE LA FALTA DE ALIMENTOS

El argumento que sustenta la FAO sobre la falta de alimentos es, según Gustavo Duch, activista y experto en soberanía alimentaria: "Igual de cierto que el mundo es plano. Se trata -argumenta Duch- de un mito antiguo y plomizo, que se repite para agrandar los negocios de la agricultura intensiva y la agricultura de la exportación. La mitad de los cereales que produce el planeta se los comen los coches. La mitad de la pesca que se pesca se descarta. Casi la mitad de lo que se produce se acaba tirando. De tanto repetir que el mundo no produce alimentos al final parece que ésa es la realidad". Este investigador añade que se llevan a cabo políticas que favorecen los agronegocios: "Los transgénicos que colmarán nuestras despensas, los monocultivos que aliviarán la pobreza rural y ahora el cuento de poner tierras en manos extranjeras para rentabilizarlas al máximo", añade.

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