MILES DE TUNECINOS LLEGAN A LA ISLA DE LAMPEDUSA
Los acuerdos con Italia, en cuarentena tras la revolución

Los cambios políticos en Túnez han dejado sin validez
algunos acuerdos sobre fronteras establecidos entre
Italia y el Gobierno de Ben Ali. Fruto de esto, aumenta
la llegada de tunecinos a las costas italianas.

08/03/11 · 11:50
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Foto: Sara Prestianni.

Miles de tunecinos han llegado en
las últimas semanas a la isla italiana
de Lampedusa, a sólo 150 kilómetro
de la costa de Túnez. Son más de
5.500, y todavía siguen llegando barcos.
Aunque el ministro del Interior
italiano, Roberto Maroni, ha definido
como un “éxodo bíblico” los desembarcos,
en realidad los flujos de inmigración
desde el norte de África
hasta Italia han sido constantes desde
principios de 2011, y en comparación
con la cifras del año pasado,
38.000 llegadas por mar, no cabe hablar
de “invasión”.

Con la caída del régimen de Ben
Ali, una dictadura apoyada por el
Gobierno italiano, miles de jóvenes
se han embarcado hacia Italia, aprovechando
el menor control militar de
las costas y la suspensión de los
acuerdos bilaterales entre Italia y
Túnez. Han salido principalmente de
la ciudad de Zarzis, a 20 km. de la
frontera con Libia, pagando más de
1.500 euros por pasaje a los intermediarios,
aunque algunos se han organizado
para comprar un bote.

Inmigrantes “de regreso”

¿Quiénes son los tunecinos que están
viajando? En su mayoría se trata
de varones jóvenes, con un nivel medio-
alto de estudios, licenciados o
con experiencias laborales en empresas.
No necesariamente procedentes
de zonas más pobres; por primera
vez llegan a Lampedusa jóvenes
de las zonas más ricas de la costa
tunecina, en crisis económica por la
caída del turismo y el caos político.
Miles de ellos han emprendido el viaje
en un momento de euforia colectiva,
huyendo de un país donde no ven
perspectivas.

Otro grupo lo constituyen los llamados
inmigrantes “de regreso”:
aquellos que vivían en Italia desde
hace años y que fueron repatriados
por el Gobierno italiano por medio
de las leyes de expulsión, y que han
aprovechado esta situación para tratar
de reunirse con sus familias. Se
trata de jóvenes que ya tienen vínculos
de solidaridad con las comunidades
de la diáspora en Italia o en
Francia. Muchos de los migrantes
llegados en las últimas semanas no
piden asilo político ya que Italia es
sólo un país de tránsito hacia otros
destinos, y también porque tienen
abierta la posibilidad de regresar a
su país de origen.

Desde el 14 de enero
de 2011, Túnez está atravesando
un periodo de profunda transformación
política, y las alianzas con el
Gobierno italiano en tema de inmigración,
garantizadas por el dictador
Ben Ali, empiezan a no aplicarse. Los
acuerdos bilaterales existen desde
1998, cuando se firmó el primer tratado
de cooperación para la repatriación
de los inmigrantes irregulares y
se estableció un mayor control de las
fronteras marítimas. Este acuerdo,
todavía en vigor, prevé un procedimiento
exprés para la repatriación
de los sin papeles de nacionalidad
tunecina.

Colaboración con dictaduras

En la base de los acuerdos que el
Gobierno italiano ha firmado con la
mayoría de los países del norte de
África (Túnez, Libia, Marruecos,
Egipto, Argelia) está la lógica de la
política italiana sobre inmigración,
que, a cambio del control interno
contra la inmigración clandestina,
garantiza a estos países el envío de
fondos y suministro de equipos y tecnologías
eficaces para combatir la
inmigración ilegal.

De este modo, con estas subvenciones,
Italia ha financiado en todo el
Magreb la construcción de “centros
de acogida” para los inmigrantes repatriados.
En Túnez son 13, que funcionan
como cárceles donde los inmigrantes
repatriados viven encerrados,
a veces torturados, en una constante
violación de los derechos humanos.
Como ha documentado el
periodista Gabriele Del Grande, en
varias ocasiones, Italia no ha respetado
las directivas europeas en tema
de inmigración, violando la Convención
de Ginebra con las leyes de expulsión
e instaurando relaciones bilaterales
con los regímenes magrebíes,
ignorando las procedimientos
multilaterales exigidos por la UE.


ACUERDOS ENTRE BEN ALI E ITALIA

Desde 2009, Ben Ali
había reforzado la cooperación
con Italia para
la repatriación en
orden a diferentes
motivaciones: a cambio
de una re-documentación
de los inmigrantes
irregulares, su
Gobierno recibía los
fondos del programa
europeo para “el regreso
voluntario asistido”
;
legitimaba su régimen
en Europa, buscando
alianzas estratégicas
con la UE, y por otro
lado, a cambio de un
mayor control militar de
las fronteras, Italia
establecía cuotas de
ingreso de un cierto
número de inmigrantes
tunecinos en el país.
Hasta hoy han sido
9.000 los inmigrantes
tunecinos repatriados
en virtud de los procedimientos
de expulsión.

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Libia: Berlusconi ve peligrar el control de fronteras y una fuente de negocios

GIUSEPPE BOTTAZZI

Nadie había llegado de las costas
libias y el Gobierno italiano
(liderado por Berlusconi y apoyado
por la xenófoba Liga Norte)
ya pensaba en cómo instrumentalizar
la tragedia de los refugiados.
El plan: sacarle dinero a la
UE para hacer frente a la “emergencia”
y al mismo tiempo
ganar consenso en el electorado
de derecha en un momento muy
difícil para su Ejecutivo. Con
este propósito, el ministro del
Interior liguista, Roberto Maroni,
convocó una reunión entre todos
sus homólogos de la Europa
mediterránea (entre ellos Rubalcaba)
en la que se ha alcanzado
una posición común: la orilla
norte no va a asumir sola la llegada
de los migrantes procedentes
de Libia. “Hay que enviarlos
a Francia y Germania” dijo con
su habitual xenofobia el líder de
la Liga Norte Umberto Bossi.

El problema del Gobierno italiano
es sencillo: con los “pactos
de amistad” de 2008 entre
Roma y Trípoli, Berlusconi
había contratado con Gadafi la
gestión de los flujos migratorios.

Por su cercanía a Sicilia,
Libia es el pasaje obligatorio
para quien quiera llegar a Europa
pasando por el Mediterráneo.
A cambio de dinero, Gadafi
se había comprometido a
parar la salida de barcos. Lo
hacía a su modo, deportando
al desierto a quien intentaba
partir y dejándole allí. Ahora,
con la posible salida de su
socio en la zona en la orilla sur,
el Gobierno italiano no podrá
seguir con los “rechazos en
mar”, es decir, devolver los barcos
a Libia sin preocuparse de
los refugiados.

Pero la gestión de fronteras no
es el único negocio que tienen
en común estos dos países.
Según revela la asociación italiana
Archivio Disarmo, las exportaciones
de armas de Italia hacia
Libia han crecido de manera
constante desde 2006, alcanzando
en 2009 los 112 millones
de euros (eran 93 en 2008) en
bombas, torpedos, aviones y
equipos electrónicos de guerra.

El grupo clave de este comercio
es la transalpina Finmecanica,
holding de mayoría pública
activo en el sector de la defensa
(en la que Libia tiene un 2%
del capital); este grupo ha vendido
en los últimos años al régimen
libio por lo menos 30 helicópteros
militares. Además, el
grupo tiene un acuerdo con Libyan
Company for Aviation
Industry para el mantenimientos
de los equipos y la formación
del personal y, a través de
su controlada Selex Sistemi
Integrati, ha firmado en 2008
un contrato de 300 millones de
euros para realizar un gran sistema
de protección de las fronteras.

Un acuerdo destinado a
limitar los flujos migratorios
cuyo beneficiario es en realidad
la misma Italia.

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