500 millones de arquitectura transparente para el BCE

Después del 11 de septiembre de
2001, algunas voces críticas se
levantaron al considerar que la era
de los rascacielos había llegado a
su fin
. Criticada a menudo por ser
una tipología dispendiosa, poco
ecológica, un monumento al ego de
sus propietarios, con un excesivo
impacto paisajístico, los atentados
de Nueva York parecieron dejar al
desnudo la fragilidad de estas construcciones.
Pero estas voces se
equivocaron al dar por muerto al

02/05/12 · 9:12
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Después del 11 de septiembre de
2001, algunas voces críticas se
levantaron al considerar que la era
de los rascacielos había llegado a
su fin
. Criticada a menudo por ser
una tipología dispendiosa, poco
ecológica, un monumento al ego de
sus propietarios, con un excesivo
impacto paisajístico, los atentados
de Nueva York parecieron dejar al
desnudo la fragilidad de estas construcciones.
Pero estas voces se
equivocaron al dar por muerto al
rascacielos, que siguió gozando de
buena salud y se limitó a adoptar
en su diseño medidas de seguridad
suplementarias
. A menos que la crisis
financiera global entorpezca su
desarrollo, el rascacielos seguirá
siendo la tipología más representativa
para una corporación. Hasta el
momento, ninguna otra construcción
puede competir con la carga
simbólica que transmite su verticalidad,
reflejo de la estructura de las
grandes empresas y de las relaciones
de poder existentes en nuestra
sociedad
.

En el verano de 2008 se iniciaron
los trabajos preliminares a la construcción
de la futura sede del Banco
Central Europeo (BCE), un rascacielos
en el emplazamiento del Grossmarkthalle,
el antiguo mercado
mayorista de la ciudad de Frankfurt.
El nuevo edificio, que modificará el
skyline de la ciudad, es el resultado
de un concurso del 2004, en el que
participaron estudios internacionales
como el de Frank O. Gehry (Los
Angeles) o el de Benedetta Tagliabue
(Barcelona), y en el que se erigió
ganador el proyecto del vienés
Coop Himmelb(l)au. Una vez acabadas
las obras en 2014 según las
previsiones, la burocracia monetaria
europea podrá por fin ocupar sus
110.111 metros cuadrados y sus
2.500 empleados repartirse en las
45 plantas mirándonos sonriendo
desde 185 metros de altura.

La nueva sede del organismo será
una gigantesca torre de cristal, que
aspira a convertirse en icono arquitectónico
de la ciudad y símbolo de
la Unión Europea. Como era previsible,
el edificio responde a la retórica
que acompaña el discurso de todas
las nuevas sedes de multinacionales
y organismos ubicados en rascacielos.
Conocemos sus datos técnicos,
el número de personas que
trabajan en su realización (600) y la
velocidad de su construcción (una
planta cada seis días). Será sin
lugar a duda sostenible, como lo
son la mayoría de los rascacielos
que se construyen hoy en día desde
los desiertos de Dubai hasta el distrito
22@ de Barcelona. Será flexible
y funcional para sus empleados. Su
forma dialogará con el entorno urbano
y completará el perfil de Frankfurt.
A las ciudades siempre les
hace falta algún elemento vertical
para completarse. Su coste previsto
es de 500 millones de euros.

En la web que el BCE dedica al proyecto
y las obras, se puede realizar
una visita virtual al edificio. La
cámara atraviesa el antiguo mercado
convertido en hall y, una vez en
la base de las torres, asciende por
uno de sus ascensores mostrándonos
sus distintos niveles. La atmósfera
que se percibe es de tranquilidad,
eficiencia y pulcritud. Las
divisiones interiores son transparentes,
y desde los amplios ventanales
de las oficinas se contempla el paisaje
circundante. La futura sede del
Banco Central Europeo será el reino
de la transparencia, una de las virtudes
más exaltadas por la arquitectura
moderna
. A menudo se ha
dicho que, con el uso del vidrio,
una nueva época comenzaría
(Bruno Taut), que se edificaría una
nueva civilización (Paul Scheerbart).
La transparencia llegó a identificarse
con la democracia misma
(Frank Lloyd Wright) ya que, como
decía Walter Benjamin, el vidrio es
sobre todo enemigo del secreto.
Pero la transparencia, cabe recordar,
posee una naturaleza ambivalente
.
De la misma manera que
desde fuera podemos observar el
interior, también quien está dentro
puede observar nuestros movimientos.
Situada en la última planta, la
sala de conferencias del Consejo
goza de un panorama de 360 grados
sobre la ciudad y nos recuerda
el principio rector de cualquier rascacielos
al relacionar dominio
visual y político: el poder consiste
en ver y en ser visto
.

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Imagen: Bea Crespo
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