Entrevista | Teresa Ribera, ex Secretaria de Estado para el Cambio Climático
"El proceso es un cambio radical de gran magnitud"

Entre 2008 y 2011, Teresa Ribera fue la máxima responsable de la posición española en las negociaciones internacionales sobre cambio climático. Hoy echa de menos planteamientos serios al respecto por parte del Gobierno de Mariano Rajoy.

, Marrakech.
17/11/16 · 16:38
La ex Secretaria de Estado para el Cambio Climático, Teresa Ribera. / Laura Corcuera

Laura Corcuera / Marrakech

¿Qué te parecen los compromisos del Gobierno de España para 2030?

Todavía no tengo claro cuáles son los compromisos adquiridos por el gobierno de España para 2030. Hay una propuesta de la Comisión Europea de reparto donde a España se le pide un poquito más de lo que ha hecho. No estoy segura de hasta qué punto puede incentivar una transformación real de nuestro modelo de transporte y de nuestro modelo energético.

Es verdad que hemos acumulado un retraso en la inversión en eficiencia energética. Y es verdad que la sociedad está mucho mejor preparada para entender hasta qué punto nos interesa a todos cambiar nuestro modelo energético y cambiar el planteamiento de la actividad agrícola y ganadera de usos de suelo. Pero no acabo de ver materializado en propuestas concretas ese compromiso por parte de la acción del gobierno. Así que no te sé contestar.

"Me parece capital que exista una Ley del Cambio Climático y un proceso de negociación de Ley para generar un consenso y participación amplia que discuta todos estos asuntos"

¿Qué necesitaría el marco legislativo español?

Una Ley Nacional de Cambio Climático sería una muy buena cosa. Hay varios elementos importantes que la sociedad española se debe plantear. Es una obligación de resultado. Debemos ser neutros en emisiones. Cero emisiones lo antes posible. En todo caso, en el entorno energético para 2050. Esto es un desafío inmenso.

Primero, porque no vale con ir proyectando cositas pequeñas a lo largo del tiempo. Hay que hacer el ejercicio al revés. Segundo, porque en la medida en que son las bases de nuestra convivencia, requiere de un consenso social importantísimo. Para eso necesitamos una discusión bien informada, y también una garantía clara de hacia dónde queremos ir. Creo que esa visión de hacia dónde queremos ir hoy por hoy falta.

En España por ejemplo, más allá de los recortes que se han producido en energías renovables, no sé cuál es la trayectoria del ministro Nadal de cara a la descarbonización, ni en qué momento va a recuperar esa presencia.

Por eso me parece capital que exista una Ley del Cambio Climático y un proceso de negociación de Ley para generar un consenso y participación amplia que discuta todos estos asuntos.

Dentro de los contenidos de esa Ley, nos conviene entender que esto no va de maquillar de verde algunas cosas. Esto va de orientar las señales con total claridad en la dirección que corresponden. Por ejemplo, necesitamos replantearnos el sistema fiscal. ¿Qué gravamos? Lo que nos hace daño. ¿Qué incentivamos? Aquello que queremos construir. Pero hoy no es así. No es así ni con la presión social sobre el empleo y las rentas del empleo frente a las rentas de capital, no es así frente a los incentivos y al marco de acogida de determinadas soluciones energéticas que generan daño

Todo esto lo tenemos que reflejar en una ley que incorpore medidas fiscales, medidas de gobernanza, de proceso de decisión y actualización, ejercicios que planteen escenarios sobre cómo combinar las herramientas para lograr las emisiones cero y esa resiliencia frente a los efectos del al cambio climático, y permitir una discusión informada y políticamente sensible dentro del Parlamento.

"Deberíamos acabar la etapa absolutamente lamentable en la que la discusión política era cambio climático sí o no. Eso es ridículo, absurdo, da pena. Deberíamos pasar a la etapa en la que la discusión sea el cómo"
Deberíamos acabar la etapa absolutamente lamentable en la que la discusión política era cambio climático sí o no. Eso es ridículo, absurdo, da pena. Deberíamos pasar a la etapa en la que la discusión sea el cómo. Seguro que hay discrepancias: habrá opciones más a favor de dejar espacio para que el mercado y los actores privados participen en ese proceso, y habrá partidarios de un papel mucho más sólido de las instituciones públicas en la guía hacia el cambio a través de la regulación y de medidas fiscales.

Eso es en lo que nos debemos centrar: quién paga, cómo se reparten los costes y los beneficios, cómo se asegura un proceso de cambio justo en el que el componente social es determinante. No podemos decirle a la gente que vamos a cambiar de modelo y que habrá perdedores y ganadores. Porque entonces se produce una reacción de los colectivos más vulnerables al cambio climático y al propio proceso de cambio. En España lo hemos visto en la minería y en la industria. Y me parece que no hay que apoyar al carbón, sino al minero y a las comarcas mineras...

Otro asunto: hemos tenido un chantaje permanente en el empleo industrial y en el sector del automóvil. Estoy segura de que a un trabajador de cualquier planta de ensamblaje de automóviles le da igual ensamblar un coche eléctrico, híbrido o un motor diesel o de combustión clásico... El gran riesgo está en que si no utilizamos los recursos públicos para incentivar el modelo del futuro, sino que se incentiva la permanencia de algo que tiene poco futuro, los y las trabajadoras se pueden encontrar dentro de unos años con que las plantas en que se fabrican coches no demandados cierran.

¿Cómo utilizamos el dinero público para facilitar ese proceso de cambio?

Es una discusión absolutamente crítica, política y que está poco presente en el debate social. Y cuando está presente es de una forma a mi juicio simplista. Un ejemplo en la actividad industrial: qué sentido tiene apoyar a los trabajadores del automóvil con dinero público sin pensar qué industria del automóvil y qué sistema de movilidad queremos.

O formular un sistema público de energía solar y revertir el impuesto al sol...

Creo que el impuesto al sol es una vergüenza, es un escándalo y se mofan de nosotros. Las sanciones a quienes no declaran placas solares en su casa, frente a las sanciones de una infracción de la Ley de Seguridad Nuclear... O la prohibición de que las comunidades de vecinos puedan instalar placas solares compartidas en sus cubiertas... Qué barbaridad es ésa... Si hasta hace poco se incentivaban los sistemas de calefacción central, primero con carbón, luego con gas... Y resulta que no se pueden incentivar las placas solares... Es absurdo. No tiene ni pies ni cabeza....

Otro elemento pertinente del que hablé en un foro de discusión en Baleares: la ley del sector eléctrico garantiza el coste del sistema eléctrico de los territorios extra-peninsulares, cosa que es positiva para lugares como Ceuta, Melilla, Canarias y Baleares, pero si es dinero público 100% garantizado, a lo mejor conviene pensar qué sistema eléctrico queremos. Son territorios con gran actividad solar y eólica, podían aspirar a convertirse en otra cosa.

Hay pocos sitios en el mundo tan bien situados para hacer la revolución energética y de modelo de sostenibilidad, son zonas altamente cualificadas, con un poder adquisitivo medio y una riqueza promedio muy por encima del conjunto del planeta, muy conocidas, con muchas visitas y con la garantía de cobertura total de costes.

Entonces, ¿por qué mantener el carbón, el fuel o el petróleo para un sistema de generación eléctrica que podría apostar por la micro-generación y la combinación de eólica, solar, bombeos según los casos? Tenemos capacidad para ser innovadores, creativos y constructivos, mucho más de lo que hasta ahora hemos sido. Lo importante ahora es discutir el cómo. Lo que no tiene sentido es que discutamos si tiene sentido o no. Es obvio que hace falta hacerlo.

Esto entronca con las incompatibilidades de las petroleras y multinacionales energéticas, que deberían estar fuera de este tipo de cumbres y de los centros de toma de decisiones en materia climática. La OMS expulsó a las tabacaleras en 2007.

Yo lo tengo meridianamente claro. Si yo me dedicara a la inversión energética, desinvertiría clarísimamente. Si yo trabajara en una empresa petrolera me cambiaría de sector rápidamente. Porque no tiene recorrido. Lo inteligente sería impulsar acuerdos mucho más claros en temas de prohibición de subvenciones a combustibles fósiles (primera cosa: a qué destinamos el dinero público).

Segunda cosa: de qué modo podemos marcar un calendario de salida de determinados ámbitos, que estaría muy bien que fuera compartido de forma internacional. Porque es mejor aprender juntos a que haya alguien muy avanzado que dirige su armamento para debilitar ese proceso de cambio.Y a lo mejor no es en este foro (COP22), sino en espacios sectoriales (de aviación, de transporte marítimo, de contexto financiero...).

Cada grupo de actores y sector de actividad debería encontrar sus soluciones propias y aportarlas. Los reguladores energéticos, ¿no podrían avanzar ese calendario de estándares máximos de emisión, cada vez más duros, que irían dejando fuera muchas soluciones energéticas que son viables? ¿No podrían ser mucho más duros en términos de nuevas exploraciones offshore, empezando por zonas tan sensibles como el Ático y los océanos? ¿No podrían ser mucho más claros sobre los efectos secundarios que acompñaan determinadas actividades como la explotación de yacimientos no convencionales y la polémica que se levanta en las comunidades donde se dan estas explotaciones?

Por una cuestión metodológica, bancos y multinacionales no podrían estar dentro de los espacios estratégicos para la ciudadanía y el planeta...

Es más sofisticado que todo eso. No están dentro. Tú no ves un negociador de Exxon, ahora, no sabes la influencia de Exxon dentro de la economía doméstica del país que manda a su negociador X. Llevado a la enésima potencia esto te pasaría en Arabia Saudí, allí todo está mezclado porque todo es lo mismo: gobierno e interés petrolero... Pero esto no es tan obvio.

Al mismo tiempo, es importante que todas estas empresas y los accionistas que están detrás (de ahí la transcendencia del activismo y del movimiento de divestment (por la desinversión en combustibles fósiles), que se han nutrido del buen saber hacer de especialistas en agencias de rating y en sistemas financieros.

Lo han hecho con muy buena base, utilizando las herramientas a las que son sensibles los accionistas: "Usted está esperando un retorno que no se va a producir, al revés puede encontrarse con demandas de responsabilidad por daños en el medio plazo".

Entonces empiezan a preguntar de otro modo. Yo creo que este planteamiento debería estar en la cabeza de los accionistas (cada vez más presente) y también de los gestores, que pueden ser acusados de administración desleal (como está ocurriendo en el caso del fiscal de Nueva York frente a Exxon y el conocimiento que tenían de los daños que su actividad podía generar), incluso desde el punto de vista de demanda social.

De aquí a pocos años el chico o la chica más brillante que acabe la escuela de ingeniería no querrá trabajar en una compañía así, porque no tiene ganas de salir con sus amigos y que le critiquen por el lugar donde trabaja, como pasó con el movimiento antitabaco.

Hay una evolución en la percepción social sobre la responsabilidad del cambio climático.

Y es interesante, porque no todo es racional y tiene que ver con los intereses cautivos, con el miedo al cambio, con la falta de expectativas sobre qué significa el cambio, con la falta de mensajes claros en torno a la solidaridad de ese proceso de cambio...

Volviendo al ejemplo del minero, yo entiendo que si piensa que es o la mina o que sus hijos no tienen con qué comer... Pues no es una alternativa. Y creo que vamos a ver todavía dificultades, etapas de idas y venidas porque el proceso es de un cambio radical de gran magnitud y hay muchos intereses acumulados.

Pero soy razonablemente optimista con respecto a cómo se está asentando de una forma más rápida de lo que pensamos un cambio de mentalidad. Lo hemos visto aquí (en la COP22) con la reacción frente a la elección de Trump.

Yo no he tenido la impresión de que esté todo el mundo deprimidísimo. Al revés. La impresión que tengo es que hay primero shock, luego enfado y después determinación.

Es decir, este señor (Trump) no puede venir a imponer aquí una agenda que va contra el sentido común y contra el futuro. Y me parece importantísimo. Yo viví cuando Bush ganó las elecciones y la angustia era "cómo mantenemos esto vivo". Y esto no lo percibo ahora.

Exxon ha salido a decir que la agenda de cambio climático hay que tomársela en serio al ganar Trump las elecciones. ¿Quién nos lo hubiera dicho hace unos años que Exxon iba a venir a decir esto? Creo que no está todo ganado, hay que hacer el camino y es una carrera contrarreloj.

Pero 2020 es demasiado tarde.

Tenemos que generar una aceleración exponencial del ritmo de cambio de modelo. Esto nos permitirá cambiar las cosas cuanto antes.

Estamos en la semana política de la COP22 después de la científica. La comunidad científica ha demostrado y documentado la catástrofe ecológica y social, y la necesidad de un cambio de modelo económico y productivo.

El problema no es que nos falte conocimiento científico, ni debemos caer en la trampa de los descreídos. Hay que intentar entender por qué no sea articula el discurso científico y ecologista con el político. Si todo fuera tan racional, ya se habría articulado.

Pero hay dos cuestiones importantes: uno, tienes que romper la regla de los intereses creados y su inercia. Para eso debes empoderar y activar un proceso de cambio. Dos, para activar ese proceso es muy importante que la gente pase de la indiferencia a la convicción de la importancia de actuar. Este es un elemento social y psicológico.

La ciudadanía en abstracto no está en desacuerdo, pero no siempre es coherente con las decisiones que toma en las urnas y qué le reclama al responsable público. Y, en ocasiones, sienten un miedo a qué supone el cambio.

Esto tiene un paralelismo interesante con respecto al crecimiento de la extrema derecha. Si yo veo que a mí me va mal y que los políticos hablan en abstracto pero no dan soluciones a lo que a mí me afecta, puedo caer fácilmente presa del primer gurú que viene con soluciones mágicas. Es un voto de desconfianza total en el sistema

La desafección política llevada también al cambio climático...

Piensa en el ejemplo Trump. Piensa en la agenda medioambiental de Obama y qué ha pasado. Lo que hubiéramos considerado imposible, ha pasado. Ha ganado Trump. No tiene ni pies ni cabeza. Nos hace falta ser mucho más claros en el componente social del cambio climático, incluida la solidaridad de países que deberían ser mucho más solidarios.

The Guardian publicó un artículo de Naomi Klein que decía que Trump era fruto también del abandono de una clase media que no se siente representada en las instituciones y en cuyos problemas reales nadie está pensando. Por eso debemos evitar que este proceso de cambio sea inclusivo y genere una salida social para los colectivos que siendo los más vulnerables, podrían convertirse en los más reaccionarios (vuelvo al ejemplo de la minería).

De ahí que el esfuerzo de algunos sindicatos para poner el énfasis en la transición justa sea capital. La legitimidad ética y moral de países y colectivos más vulnerables está asegurada. Y esto tenemos que recordarlo, particularmente en Europa, que está en una situación horrible y necesita recuperar mucha agenda social. Una agenda que debe conectarse con la agenda ambiental.

Pero en una Europa con distintas sensibilidades y problemáticas habrá que ver cómo organizar conjuntamente esa agenda.

Es importante jugar las cartas en casa. Así que volvemos a tu primera pregunta: Gobierno español, ¿qué va a hacer? ¿Qué propuesta energética y fiscal tienen? ¿Cómo vamos a proteger los espacios frágiles? ¿Cómo vamos a ser solidarios con los colectivos industriales que salgan de todo esto? No hay respuestas ni debate serio. Hay cositas, pero las cositas no bastan. Se necesitan planteamientos serios. El marco global debe facilitar todo esto, pero no se puede esperar que las cosas sean resueltas en el marco global.

¿Qué expectativas tienes con los resultados de la COP22?

Que se confirme que esto no tiene retorno. De lo que vamos a hablar a partir de ahora es de cómo acelerar la ambición. No de los pequeños detalles técnicos, sino de cómo alimentar ese círculo virtuoso en una carrera contrarreloj. Y cómo la sociedad global es suficientemente fuerte para reaccionar y aislar a cualquier loco que surja en cualquier sitio del mundo.

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