El epílogo catalán

Hace tiempo que en Catalunya se vive algo parecido al fin de una era política en la región.

03/11/16 · 8:00
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Gabriel Rufián, portavoz adjunto de Esquerra Republicana de Catalunya. / Dani Gago

Unidos Podemos lanzó la palabra "epílogo" como idea fuerza el pasado sábado, día en que Mariano Rajoy fue investido presidente del gobierno por segunda vez. Con el concepto de epílogo la fuerza morada trasladaba la idea de que, con la caída del bipartidismo en pos de la Gran Coalición, la segunda de Rajoy sería la última legislatura "del régimen". Una visión de tintes propagandísticos sobre los que, sin embargo, la política comparada arroja algo más que dudas.

Diputados catalanes

Un dato que ha quedado algo soslayado es que de los 111 diputados que votaron contra Rajoy, un tercio, 36, son catalanes. Este número sólo se explica porque, en Catalunya, ya hace un tiempo que se vive algo parecido a un epílogo. El fin de era política, no estrictamente en clave independentista, está presente en todas partes, pero tampoco acaba de materializarse.

De los 111 diputados que votaron contra Rajoy, un tercio, 36, son catalanes

En el escenario español, la duda más importante sobre la teoría del epílogo es cómo actuará el bipartidismo tradicional durante este tiempo de descuento para evitar por fin una ruptura de régimen. Si se decantarán por rehabilitar a un PSOE que ha comprado tiempo, si optarán por intentar una fórmula más de tipo unipartidista de gran centro o si se abrirán a un recambio controlado de actores para que haya cambio sin desgarro. En el epílogo catalán se han intentado las tres, pero es la tercera dinámica la que ahora aparece como la más posibilista.

Hay dos antecedentes que resultan clave. El primero, entender de dónde viene eso que podríamos llamar "régimen catalán". Como capítulo catalán del régimen español, el pujolismo fue también un sistema bipartidista, pero, a diferencia de aquel, no turnista. Su mecanismo no era el recambio en el Govern sino el reparto de poder entre CiU y PSC por instituciones. Así, CiU manejó una parte del poder, pero lo compartió con el PSC y lo hizo de una forma estamental, casi territorial.

Y aquí llega el segundo aspecto fundamental para entender lo que pasa en Catalunya hoy: Convergència ha perdido el favor de los poderes económicos, también el PSC, y el reparto estamental se ha roto. Esto no quiere decir necesariamente que no lo puedan recuperar. Pero sí que ante la grave cesión electoral de ambos, el poder fáctico se ha visto huérfano de canalización institucional.

Apuesta del empresariado

En el epílogo catalán, el gran empresariado está apostando, en primer lugar, por que el procés acabe en fracaso y se abran nuevos escenarios. En segundo, por una sustitución tranquila de agentes.

Es cierto que ahora mismo, en un estado muy incipiente, está sin decidir quiénes serán los ungidos, entre otras cosas porque el poder nunca pone todos los huevos en una cesta. Así se explica que La Vanguardia tenga un director adjunto de la cuerda de los comunes y que El País dé visibilidad a Ciutadans y a algunas plataformas de derecha nacionalista no independentista que están apareciendo para ocupar el hueco de la antigua CiU.

En el epílogo catalán, el gran empresariado está apostando por que el ‘procés’ acabe en fracaso

Éste es el principal riesgo de subalternización que tienen ante sí las fuerzas que promueven cambios de fondo en Catalunya. No tanto en clave reaccionaria, sino de canalización.

No hace falta explicar cómo de fuertes son las tentaciones de las fuerzas emergentes de dejarse arrastrar al sorteo que se anuncia para elegir a los nuevos agentes de tensión estable, análoga a la CiU-PSC que logró tres décadas de paz social y nacional.

Si los poderes logran imponer la antigua lógica con nuevas caras, la operación será exitosa y no tardará en emularse para abortar el epílogo español.

Las señorías de la discordia

Siete de los quince diputados rebeldes socialdemócratas que el sábado dieron el no a Rajoy en su investidura, saltándose la disciplina de partido, son del PSC, la totalidad de los representantes del partido catalán.

La decisión plantea interrogantes sobre la relación que esta formación, que ha ido perdiendo apoyos sociales desde que consiguiera 25 diputados en el Congreso en los tiempos del tripartito de José Montilla, tendrá en el futuro con el PSOE.

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