Sesión de investidura
Rajoy admite la "triple alianza" y Pablo Iglesias se estrena como jefe de la oposición

El cara a cara entre Mariano Rajoy y Pablo Iglesias dibuja el escenario de la legislatura a partir de la investidura del primero. El PSOE justifica su futura abstención para terminar con el bloqueo institucional.

27/10/16 · 11:59
Pablo Iglesias, en la sesión de investidura de Mariano Rajoy. / Dani Gago

Un año después, día arriba, día abajo, se han aflojado las cuerdas. La sesión de investidura de Mariano Rajoy –la segunda en esta legislatura– terminará el sábado con el llamado "bloqueo político" y con el mismo presidente que había antes del bloqueo.

Por eso están sueltas las correas. El sábado, Rajoy será investido presidente con la abstención del grupo socialista. Eso ha aflojado los gestos y ha hecho cotizar al alza la ambigüedad, el uso del doble sentido desde la tribuna de oradores.

Antonio Hernando ha cumplido con el papelón de consumar un hecho insólito en la historia de la democracia

Comenzó Rajoy en la tarde de ayer. Y hoy ha seguido el flamante portavoz del PSOE, Antonio Hernando. El anterior médium del equipo de Pedro Sánchez hoy ha cabalgado en solitario. O lo que es lo mismo, ha cumplido con el papelón de consumar un hecho insólito en la historia de la democracia. Nunca antes el PSOE ha apoyado en el Congreso a un presidente que no es de la casa.

La escapatoria, mantener un argumento frágil: no somos como ellos. No es lo mismo. Pero somos responsables. Otra figura retórica es la lítote, conocida también como atenuación. Restar gravedad a lo que se dice. En este caso, a lo que se hace, o a lo que se ha hecho: un cambio de posición sobre lo que se dijo en las elecciones. Ambigüedad. No nos gusta Rajoy, pero...

Como consecuencia, Hernando ha permanecido el resto de la sesión con cara de funeral. Ética y estética son uno, que decía Wittgenstein. Las líneas maestras del discurso: plantearse como una oposición severa, pedir diálogo a alguien a quien niega toda capacidad de diálogo y situar a Unidos Podemos como el artífice del no cambio.

Nada ha cambiado en un año, salvo por el hecho de que ha pasado un año tormentoso y televisado en tiempo real, un año al rojo vivo que finalizará el sábado con una fiesta sin confeti. "Ha costado pero lo han conseguido", ha dicho desde la tribuna el número uno de Unidos Podemos, Pablo Iglesias. Su mantra es que esta semana, el sábado, se configura una "triple alianza". Quédense con el concepto, porque Rajoy se lo ha comprado a Iglesias. No lo oirán de boca de ningún socialista. Como no se han oído, esta vez, ataques de Iglesias a la bancada del PSOE, deprimida, que no indignada.

"Me gusta el artículo 135", ha subrayado Rajoy

Otro concepto que Rajoy le compra a Unidos Podemos es el de Régimen del 78. En este caso para "hacer un poco de justicia", dice Rajoy a "una historia de éxito" construida en el paso del régimen autoritario (denominación blanda del totalitarismo franquista) a la democracia a la Europea –"me gusta el artículo 135", ha subrayado Rajoy–.

Con el desbloqueo, la papeleta que votó la troika se impone sobre esa "otra cosa" que pudo haber pasado si el PSOE no fuese el PSOE. 

15 millones de votantes –los de PP, PSOE y Ciudadanos– encuentran, un año después, su encaje en la historia: el post-turnismo comienza con alianza, que no con Gran Coalición explícita. Y Rajoy está contento. Otra perla en el debate con Iglesias: "No tenemos miedo a manifestaciones ni a huelgas generales, tuve dos en seis meses". Implícitamente, Rajoy ha reconocido en Iglesias a la oposición. A esas alturas, Hernando ya no estaba en su escaño. Albert Rivera, de Ciudadanos, se erigía como ministro portavoz de la triple alianza con un discurso dirigido contra Iglesias

Iglesias ha agitado el avispero cuando ha asegurado, respecto a la protesta de Rodea el Congreso, que hay más potenciales delincuentes en el Congreso que en la calle

Iglesias, menos gesticulante que en otras ocasiones, ha agitado el avispero cuando ha asegurado, respecto a la protesta de Rodea el Congreso, que hay más potenciales delincuentes en el Congreso que en la calle. Llamada al orden, eso-no-me-lo-dices-en-la-calle, y remate del discurso con cita a Pablo Iglesias Posse. Dientes, que es lo que les jode, como dijo Isabel Pantoja. Unidos Podemos en su salsa, al menos hasta que el rodillo del día a día parlamentario bloquee una a una sus propuestas.

El encuentro de los tres partidos, abstención técnica mediante, tiene un flanco débil, y sobre ése cargó Iglesias. La plurinacionalidad que defiende su grupo tuerce el gesto de populares, de algunos socialistas, y su negación es la razón de ser de Ciudadanos, que sólo funciona como jefe de la oposición en el Parlament de Catalunya.

Un año después, Iglesias ha obtenido el segundo premio, la jefatura de la oposición le pertenece en la medida en que el PSOE ha tenido que optar por la ambigüedad después del no-no que había defendido Pedro Sánchez.

El candidato de los socialistas en diciembre y junio, sin corbata, ha contemplado los trenes pasar por la tribuna. Su papel es una losa para quien se sienta dos filas más abajo. Representa al PSOE que no pudo ser. Signifique lo que signifique eso.

Un año después, el grupo socialista en el Congreso sigue siendo el protagonista a su pesar del estado de las cosas. La premisa el 21 de diciembre era unívoca: uno de los partidos "de régimen" se tenía que quebrar. No había fuerzas para despachar a Rajoy. Lo propuso Albert Rivera durante la investidura de Pedro Sánchez. Hoy el líder de Ciudadanos ha quedado reducido en su papel. Su partido será bisagra un año después. Ahora el panorama no parece tan deseable. Pero Rivera navegará. La reforma electoral se vislumbra como el precio de consolación de Ciudadanos.

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