Entrevista
Periodismo desde la barricada de Panrico

Benítez y Rosetti han documentado en ‘Panrico, la vaga més llarga’ (Ediciones del 1979, 2016) el conflicto laboral más largo desde el comienzo de la crisis

30/10/16 · 7:13
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Isabel Benítez y Homera Rosetti. / Victor Serri

El Vallès Oriental amaneció el 13 de octubre de 2013 con una huelga indefinida que se sostendría durante ocho meses. Dos colaboradoras de La Directa han documentado la “huelga más larga” y publicado un libro sobre el caso Panrico. Isabel Benítez (Monterrubio de la Serena, 1981) y Homera Rosetti (Barcelona, 1979) son dos periodistas de clase que trabajan en las barricadas de la información de los conflictos sociolaborales.

En la huelga de Panrico convergieron varios intereses que jugaron en contra de los trabajadores, ¿cuáles fueron?

Homera Rosetti: Lo que comentamos en el libro, precisamente, es que la huelga de Panrico fue única, por un lado, por los ocho meses que aguantaron de huelga, pero también porque jugaron con todos los actores en contra que podían contar. El primero, obviamente, la dirección de la empresa, el enemigo natural de clase de una plantilla, con un ERE sobre la mesa brutal.

El segundo, la Generalitat de Catalunya, que permitió el esquirolaje y el boicot a la huelga por parte de la dirección de Panrico sin sancionarla y, lejos de mediar, se puso de parte totalmente de la patronal, como en otros conflictos. Y el tercer gran enemigo fue el enemigo interior, que fue el propio sindicato, en el caso de Panrico, CC OO. Es el sindicato mayoritario en la planta de Santa Perpètua y fue en la línea de frenar la lucha y de alargar el frente judicial para agotar a la gente en pie de guerra y la propia huelga.

¿Es posible superar esta etapa de crisis de régimen sin uno, diez, cien Panricos más?

Isabel Benítez: El papel que juegan las luchas que sostienen un frente de resistencia en los centros de trabajo es vital. Estamos viendo cómo, por ejemplo, Panrico, que es una empresa que es solvente, que tiene una tasa de aprovechamiento de las instalaciones de la fábrica muy alta, que es una marca consolidada, por la propia política especulativa en la que nos encontramos, utiliza la excusa de la crisis  para hacer chantaje y presionar a la baja, aún más, los salarios y las condiciones laborales. La lucha de Panrico, que se resiste a perder los derechos sociales básicos es un mecanismo de presión para que no se socialicen las pérdidas de la crisis y se puedan construir barricadas de resistencia.

“Si repasamos los medios de comunicación, la información sobre conflictos laborales no es la que más abunda y aún menos desde la perspectiva de la clase oprimida”

H.R.: En el caso de Panrico, el elemento interesante además es la existencia de un comité de apoyo que engloba a organizaciones, partidos, activistas, que va más allá del polígono industrial en el que está la fábrica y que tiene una lectura socioeconómica más transversal. Piden responsabilidades políticas, se pone encima de la mesa el modelo productivo. Son conflictos de este tipo los que catalizan la posibilidad de alianzas fuertes desde la perspectiva de clase frente a la crisis del régimen, y ponen sobre la mesa la necesidad de recuperar un sindicalismo de combate que las actuales directivas sindicales no están ejerciendo en el día a día.

Ambas estáis especializadas en conflictos sociolaborales. ¿Es ésta la disciplina perdida del periodismo?

H.R.: Creemos que el conflicto en el mundo del trabajo es esencial para entender la actualidad y el momento que estamos viviendo. Y eso, precisamente, es lo que queremos recuperar con este libro, como tantos otros libros y artículos que se publican. Desgraciadamente, si vemos las librerías, bibliotecas y repasamos los medios de comunicación, la información sobre conflictos laborales no es la que más abunda y aún menos desde la perspectiva de la clase oprimida, de la clase trabajadora como protagonista del mismo conflicto. De hecho, los medios de comunicación de masas informan más desde una perspectiva económica, en tanto elemento de productividad o de desarrollo de una crisis económica X en un lugar más, que como elemento de conflicto en el trabajo como lo entendemos desde abajo, como espacio de reconquista de derechos. Otra cosa es que también, en los medios de comunicación alternativos, deberíamos hacer una autocrítica de que tampoco se está cuidando y dando el espacio a la información sobre los conflictos laborales que se debería dar. Para nosotras es central, y es el punto de partida para hablar de otros muchos conflictos, entender la crisis actual y los problemas sociales que vivimos hoy en día.

¿Para qué han servido esta huelga, la de Coca-Cola o la de Movistar?

I.B.: Estos conflictos han tenido vasos comunicantes. Cronológicamente, el primero es la huelga de Panrico, y ahí hubo una experiencia de apoyo sociopolítico que hacía tiempo que no se vivía con tanta intensidad. Pero la huelga de Panrico no consiguió romper la barrera mediática, no convirtieron el conflicto en un conflicto de orden público o de orden político, que era lo que se pretendía. De alguna manera, el aprendizaje de esta experiencia hizo que la huelga de Movistar, que se convocaría meses después, reprodujese la misma estructura de grupo de apoyo pero de manera mucho más amplia y fuerte, con  más capacidad de incidencia.

Por otra parte, uno de los triunfos del conflicto de Panrico es evidenciar muy dramáticamente las contradicciones de este modelo sindical, o de agotamiento de un modelo. También ilustra el retroceso en derechos laborales a raíz de la última reforma laboral especialmente y el cercenamiento del derecho a huelga. La gente de Panrico tuvo que pelear que su huelga era legítima hasta última hora, y lo consiguieron, se lo reconocieron los tribunales, pero de alguna manera eso mermó la posibilidad de boicot del circuito de producción. El caso de Coca-Cola sirve para ilustrar también los límites del régimen. Estamos hablando de un conflicto que ha ganado todo lo que podía ganar en los tribunales. La Audiencia Nacional no hace más que ratificarse en los términos de la sentencia y, sin embargo, la empresa no cumple. No cumple y, desde nuestra perspectiva, esto siembra dudas sobre el Estado de derecho.

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