No es una política racista, es clasismo institucionalizado

Para los autores, el Ayuntamiento de Barcelona debería estar más preocupado porque la vorágine del turismo no arrolle a los manteros, en lugar de perseguirlos para no dañar el contenido estético de la experiencia turística y de la marca ciudad.

28/09/16 · 15:32

A la opinión pública,

La Comisionada de Inmigración, Interculturalidad y Diversidad de Barcelona, Lola López, en entrevista a catalunyaplural.cat dijo "permitirle la venta ambulante ilegal a los manteros sí sería una política racista".

La argumentación y la lógica de la servidora pública sobre la persecución a los manteros es más cercana al clasismo que a la protección en contra de una discriminación.

Una de las formas manifiestas del clasismo es la fobia a los pobres, más exactamente, a lo pobre. A la idea que se ha construido sobre la pobreza, a sus "formas de trabajo", a sus "formas de vida"

Una de las formas manifiestas del clasismo es la fobia a los pobres, más exactamente, a lo pobre. A la idea que se ha construido sobre la pobreza, a sus "formas de trabajo", a sus "formas de vida" y a las culturas con las que se le relaciona. Owen Jones lo describe bien como la demonización de una clase social.

En Barcelona, algunos de los colectivos más desposeídos y más demonizados están racializados: ser sudaca, negro, paki o chino se suman a los viejos charnego, gitano, cani, puta o yonqui.

La lógica de "si no te persigo, te estoy discriminando" es perversa. Es bien conocida por otros colectivos, por ejemplo, la prostitución en la calle.

Presionadas por fuera del marco regulatorio y estando explotadas por vivir en una sociedad de mercado, cuando las instituciones las persiguen para "protegerlas", estigmatizan su actividad. Como estrategia, se esconden, precarizando sus condiciones de trabajo y seguridad. Pero no sólo sucede esto sino que, en ningún momento sus voces y sus organizaciones son tenidas en cuenta en las políticas públicas que se llevan a cabo. Sólo es necesario ver el caso de los de Prostitutas Indignadas o la Asociación de Profesionales del Sexo (APROSEX) o el Colectivo Hetaira.

Esta lógica de "te persigo por tu bien" privilegia al civismo por encima del sentido común. Sentido que expresaba muy bien Ada Colau al iniciar su mandato, en agosto de 2015 en una entrevista para TV3, cuando declaraba que la solución para el top manta no era policial y decía que "por mucho que se sancione, si hay situaciones de necesidad, el problema no se resuelve".

De Colau se añora la posición crítica frente a la inercia institucional y la lucha por desmantelar instituciones clasistas

De esta Colau se añora la posición crítica frente a la inercia institucional y la lucha por desmantelar instituciones clasistas. Sin embargo, esta tensión está latente, el 'Ayuntamiento del cambio' lucha contra las estructuras conservadoras, aunque hasta ahora ganen las segundas.

Si no es así, cómo se explica que se persiga a manteros y se den 50.000 euros de subvención al Tast a la Rambla, una feria gastronómica que utiliza durante cuatro días la Rambla en todo su ancho, sin importar que se afecte a caminantes, pintores, estatuas humanas y a cualquiera que quiera ocupar la calle. Y que, para colmo de males, la concejala de Ciutat Vella, Gala Pin, declare que "la subvención es un retorno que debe ayudar a recuperar espacios para la ciudad".

O cómo se entiende que se persiga a manteros y se permita a ONG precarizar en la calle a ejércitos de captadores de socios. O cómo es posible que el Ayuntamiento no persiga a los oligopolios turísticos que usan las calles para alquilar bicicletas, patines, segways, bici taxis, creando modelos acumulativos, en lugar de proteger y fomentar la organización de sus trabajadores.

O peor aún, que más de cuatro mil terrazas puedan beneficiarse económicamente de la calle, cuando la única respuesta a los manteros es que ellos no lo pueden hacer porque llegaron los últimos. Estas instituciones son clasistas y nos quitan las calles.

El mundo del trabajo está atado por reglas que nosotros no hemos discutido y que tampoco hemos aceptado, simplemente las vivimos.

Ahora mismo, en esta ciudad, en este Estado, sólo es posible ser asalariado o autónomo. Sólo se reconocen y regulan los esfuerzos, contribuciones y transformaciones productivas que se dan dentro del mercado de trabajo. El resto de acciones están sumergidas en las aguas de la irregularidad. Sometidas, por ejemplo, al patriarcado en el caso de los cuidados que se dan dentro del hogar y todo el trabajo reproductivo que lo acompaña, o al clasismo y racismo institucional en el caso de los manteros.

No hemos aceptado las reglas del mundo del trabajo, pero tenemos el derecho a ponerlas en duda. Y ponerlas en duda es preguntar si es posible aceptar, respetar, reconocer y discutir de forma igualitaria con los trabajadores y los colectivos que llevan a cabo estas actividades.

Y no son pocas, y no son pocos los grupos que en Barcelona dedican sus esfuerzos y energías a formas no contempladas dentro del mercado laboral. Muestra de esto es la prostitución en la calle, los chatarreros, los manteros, los lateros, los músicos de calle, los bicitaxis, las estatuas humanas, los bailarines de calle, los pintores, entre otros que no conocemos o no reconocemos.

La actividad que llevan a cabo cientos de manteros en Barcelona es compleja, organizada, metódica, eficiente, solidaria y adaptable

La actividad que llevan a cabo cientos de manteros en Barcelona es compleja, organizada, metódica, eficiente, solidaria y adaptable. Se basa en la selección, compra, transporte, exhibición y venta de mercancías.

A esto se suma una organización fácilmente mutable para sortear operativos policiales, la convivencia con otros vendedores y la coordinación con el tráfico de peatones, bicicletas, patines, entre muchos otros.

Es una actividad que implica una puesta en escena en muy corto tiempo, lo que ha llevado a la elaboración y diseño de mecanismos que son parte de la arquitectura temporal de la ciudad.

Las mantas son herramientas de trabajo especialmente diseñadas para crear un punto de exhibición e intercambio de mercancías en pocos minutos, están adaptadas a cada uno de los tipos de mercancía, y hacen parte del conocimiento acumulado por los manteros.

En resumen, el top manta supera la dimensión de supervivencia que en forma común se les adjudica, y no es admisible que las soluciones políticas que se les presentan sólo enfoquen de manera simplista su realidad material más próxima.

Puede que las condiciones en las que se lleva a cabo la actividad sólo permitan su reproducción simple, pero no se debe a la actividad, ni a quienes la ejecutan, se debe a la ciudad, que no reconoce otros trabajos, ni otros trabajadores.

En Barcelona funciona una industria turística, y los turistas vienen a consumir. Una parte de las actividades que realizan está centrada en la compra de objetos relacionados con su viaje, camisetas, souvenirs, zapatillas, relojes, gafas de sol, entre otros.

Los conflictos urbanos asociados a la venta ambulante no provienen de la actividad de los manteros, esto sería como culpar a los estancos por el consumo de tabaco

Los conflictos urbanos asociados a la venta ambulante no provienen de la actividad de los manteros, esto sería como culpar a los estancos por el consumo de tabaco. La principal diferencia entre sus intercambios y otros regulados es que los manteros compran, seleccionan, transportan, atienden, traducen y venden de una forma no concentrativa.

Los beneficios de su trabajo se distribuyen entre una de las comunidades más maltratadas por nosotros y el Estado español.

Los beneficios de esta actividad no se concentran bajo un modelo explotador, como sí sucede, por ejemplo, en el sector hotelero, donde Las Kellys (asociación a nivel español de camareras de piso) bien nos han enseñado que son explotadas, con los horarios más largos, los peores salarios y precarias condiciones de trabajo. O las terrazas en Barcelona, que ocupan la calle y con su usufructo acumulan ganancias unos pocos dueños. El Ayuntamiento debería estar más preocupado porque la vorágine del turismo no arrolle a los manteros, en lugar de perseguirlos para no dañar el contenido estético de la experiencia turística y de la marca ciudad.

Hay muchos llamados, entre ellos el de Carlos Delclós en 'La incapacidad de la izquierda para gestionar la economía informal' en ctxt.es, donde nos provoca con la idea de que el Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes de Barcelona es una de las pocas iniciativas de la ciudad que está dando claves para convivir con la economía informal.

Delclós afirma que el Sindicato nos da un ejemplo de cómo "la dignidad humana se impone sobre los derechos de propiedad" basándose en el apoyo mutuo y la re-apropiación del valor en algunos nichos de mercado.

Junto a este llamado hay que sumar otro, a que vuelva el sentido común, a que nuestra mirada deje a un lado el economicismo y el privilegio que le damos a las actividades reguladas por los mercados.

Estamos juzgando a los manteros por no cumplir unas reglas de juego que no son ni siquiera justas con el resto de habitantes de la ciudad

¿Qué diferencia hay en el uso de la calle entre un mantero, una terraza, unos jóvenes explotados por ONG, una feria de comida subvencionada, o empresas de turismo con sus bicis, patines, segways y bici taxis?

La diferencia es que estamos juzgando a los manteros por no cumplir unas reglas de juego que no son ni siquiera justas con el resto de habitantes de la ciudad. Lo primero que deberíamos hacer es desobedecerlas, o por lo menos acompañar a los que las desobedecen por nosotros.

Atentamente,

"La calle es de quien la trabaja".

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