Tercera manifestación de la marea roja
Del laboratorio a las calles

La Marea Roja por la Ciencia subirá de nuevo el 30 de septiembre contra la precariedad de los investigadores.

29/09/16 · 8:00
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Manifestación estatal contra los recortes en ciencia, marzo de 2010. / Olmo Calvo

La tarde del 30 de septiembre coincidirán en Madrid dos eventos con la investigación científica como protagonista. Por un lado, la séptima edición de La Noche Europea de los Investigadores –proyecto de divulgación que se celebra en 250 ciudades, promovido en la Comunidad de Madrid por la Consejería de Educación– y por el otro, la manifestación convocada por la Marea Roja por la Ciencia, que por tercera vez saldrá a la calle para visibilizar las problemáticas del sector de la Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+i).

"Creemos que aunque estos actos son totalmente necesarios, no reflejan la realidad de nuestro sistema científico ni sus carencias", asegura a Diagonal Pablo Giménez Gómez, portavoz de la Federación de Jóvenes Investigadores (FJI-Precarios) y miembro de la Marea Roja por la Ciencia. Por ello, para complementar las actividades de carácter oficial, proponen este acto reivindicativo "para que la sociedad sea consciente de las dificultades por las que atraviesa la I+D+i en España".

En el ánimo de este movimiento también está muy presente la transmisión de un mensaje, explica Giménez: "Sin ciencia no hay futuro, no solamente para el colectivo de profesionales que trabajan en Investigación sino para el resto de la sociedad que se verá privado del avance científico".

La Unión Europea fijó como objetivo que España destinase el 3% de su Producto Interior Bruto a la I+D+i, aunque el Plan Nacional de Reformas lo rebajó a un 2% para 2020

Las demandas de la Marea Roja por la Ciencia a favor de unas mejores condiciones de trabajo y de una apuesta pública decidida por el sector no son nuevas. Se vienen repitiendo en la última década, aunque las movilizaciones en el sector científico se remontan a finales de los años 70.

En 1978, un grupo de trabajadores del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) se encerró en Medinaceli para denunciar "un régimen de contratación precario e injusto".

En 1983 se produjo en Madrid otro encierro, en esta ocasión de becarios pre y posdoctorales, para protestar por la contratación encubierta mediante las becas. En el año 2000 se creó la FJI-Precarios, que consiguió en 2006 la firma del Estatuto del Personal Investigador en Formación. En 2008 en Barcelona y en 2009 en Sevilla hubo otras manifestaciones y huelgas protagonizadas por investigadores y becarios. En 2013 se entregaron más de 230.000 firmas en el Ministerio de Economía y Competitividad para "no dejar caer" al CSIC. Ese mismo año se creó la Asamblea General de Ciencia, que convocaría la primera Marea Roja.

Lo que revindica esta tercera convocatoria tiene mucho que ver con la financiación pública de la ciencia, como actividad generadora de conocimiento y fuente de empleo estable. "Reclamamos una financiación pública de la investigación independiente de los devenires políticos, en la que se contemplen convocatorias competitivas regulares para la mejor planificación de la investigación. Esta financiación ha de ser suficiente, adecuada y en consonancia con los objetivos propuestos", indica el portavoz de la Marea Roja por la Ciencia.

La Unión Europea fijó como objetivo que España destinase el 3% de su Producto Interior Bruto a la I+D+i, aunque el Plan Nacional de Reformas lo rebajó a un 2% para 2020. "En 2009 llegamos al punto más alto de inversión con un 1,4%, actualmente esta cifra se sitúa en torno al 1,2%", recuerda Giménez. El Consejo Económico y Social de España (CES) cifró el año pasado en un 60,5% la caída del gasto estatal en I+D+i entre 2009 y 2013.

La OCDE estima que desde 2009 se han destruido en España 20.000 puestos de trabajo directos en I+D+i, y al menos 11.000 científicos han tenido que emigrar

La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) estima que desde 2009 se han destruido en España 20.000 puestos de trabajo directos en I+D+i, al mismo tiempo que indica que al menos 11.000 científicos han tenido que emigrar al extranjero para poder continuar con su labor.

Por ello, la Marea Roja por la Ciencia también solicita "carreras científicas no dirigidas al liderazgo de grupos de investigación: es insostenible que todos los contratados posdoctorales tengan que competir por plazas de jefes de grupo como única opción para poder consolidar su puesto de trabajo".

Otra de sus demandas es una separación clara de los fondos para investigación pública y privada, así como para la investigación civil y la militar. "Las cifras no deben maquillarse con fondos supuestamente puestos a disposición de entidades que no hacen uso de los mismos", considera Giménez.

No todo son científicos

Lejos de la imagen del científico excéntrico encerrado en un laboratorio con probetas hirviendo a altísimas temperaturas o de la de un sabio esperando a que la manzana caiga del árbol para descubrirle una ley universal, el personal del sector científico es muy variado.

Giménez recuerda que "no está formado sólo por científicos o investigadores sino que está también conformado por todo el personal de gestión, por el personal técnico y por todos los colectivos que ayudan a que el trabajo investigador sea viable: bedeles, personal de limpieza, seguridad, etc. También está muy relacionado con los estudiantes y con las pequeñas y medianas empresas a las que puede prestar sus avances tecnológicos y conocimiento para que éstas lo apliquen y generen empleo".

Tags relacionados: número 278 Ciencia
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