Elecciones Estados Unidos 2016
La estrategia de Trump para ganar es clara, pero ¿están los demócratas preparados para verla?

Más allá de su retórica racista, Trump está apelando a votantes hartos del capitalismo. La candidata demócrata hasta ahora no ha sabido contrarrestar un discurso que resalta las ataduras de Hillary Clinton con el poder de Wall Street.

, Common Dreams
26/07/16 · 12:19

Hay un dicho, basado en El Arte de la Guerra de Sun Tzu: “conoce a tu enemigo”. Después de ver el discurso de nominación de Donald Trump en la Convención Nacional Republicana, espero que los demócratas conozcan bien a Trump y su estrategia.

Es fácil pintar a este hombre de negocios convertido en político como un racista y un misógino. Es todas esas cosas y más. De hecho, esas descripciones son parte de su estrategia política. Apuntarlas sin ver la estrategia general que está usando para ganar en noviembre es una receta para el fracaso.

Sé que si hubiese visto el discurso de Trump, me hubiera enfadado tanto con sus maneras despreciables y su asquerosa retórica que hubiese permanecido ciega ante su plan general. Cuando, después, he leído la transcripción, sigo sintiendo rabia, pero he tomado nota de los temas que trata, que aparecen en un lío confuso, con Trump saltando desde temas domésticos a política exterior sin aparente coherencia. Pero hay un patrón que emerge.

En términos generales, Trump está usando una combinación sencilla de dos artificios políticos, pivotando con destreza de uno a otro. El primero es el comprobado modelo de la política de "silbato para perros" para poner en juego el resentimiento racial. El segundo toca sobre la rabia y el legítimo rencor en torno a los abusos del capitalismo. En otras palabras, está reforzando a su base de votantes resentidos que le respaldaron desde el comienzo y está cortejando abiertamente a la base que Bernie Sanders inspiró pero que fue abandonada cuando su nominación fue zancadilleada por el Partido Demócrata. El discurso de nominación de Trump fue un ejercicio repetitivo en este doble enfoque, y con la combinación de estas dos bases de votantes tan dispares aspira a la victoria en noviembre.

No importa que el propio Trump sea un tiburón del sistema financiero que ha devastado a los americanos de a pie. Él esquiva esa contradicción mediante el oxímoron y orwelliano apodo de "millonario de cuello azul", como le denominó el reverendo Jerry Falwell Jr.

Una y otra vez en su discurso, Trump invoca el miedo al "otro" –que Hillary Clinton encarna por el simple hecho de ser una mujer– y después oscila hacia la economía. Por ejemplo, habla del caso de Sarah Root, una mujer de 21 años que murió cuando su coche fue embestido por un sin papeles que aparentemente estaba borracho. "He conocido a la hermosa familia de Sara", dijo Trump "Para esta administración, su maravillosa hija era solo una de esas vidas americanas que no merece la pena proteger. Otra niña sacrificada en el altar de las fronteras abiertas. ¿Qué pasa con nuestra economía?".

A este non sequitur [una conclusión que no se deduce de la premisa inicial, N. del Ed] sobre la economía, le siguen estadísticas que buscan apelar a la gente de color: "Aproximadamente cuatro de cada diez niños afroamericanos están viviendo en la pobreza, el 58% de la juventud afroamericana no tiene empleo. Dos millones de latinos más están en la pobreza que cuando el presidente juró su cargo".

Por cierto, The Washington Post y otras organizaciones han recopilado una exhaustiva lista de mentiras y exageraciones en el discurso de Trump, que incluyen las estadísticas citadas arriba. Pero, por supuesto, los hechos están para ser manipulados en el catastrófico retrato de la nación que está pintando Trump.

Otro ejemplo de la invocación de Trump del "otro", esta vez personificado por el Estado Islámico y el miedo de los americanos blancos a perder su prestigio imperialista: "[El Estado Islámico] se ha extendido a lo largo de la región y del mundo. Libia está en ruinas, y nuestro embajador [el difunto Christopher Stevens] y su equipo fueron abandonados a su suerte en las manos de sus salvajes asesinos". A continuación, invoca la sumisión de Clinton a los intereses del dinero: "Los grandes empresarios, los medios de las élites y los mayores donantes se han alineado en torno a la campaña de mi oponente porque saben que ella va a mantener su sistema amañado en su sitio".

Más adelante, en su discurso, vuelve a saltar a la política doméstica hablando de los asesinatos de policías en Dallas y Baton Rouge (Louisiana) sin mencionar en absoluto la violencia policial ni el asesinato de negros. Por supuesto, en esta ocasión se trata de Trump tocando "el silbato para perros" para ganarse a los votantes propolicía y a los blancos racistas. Pero rápidamente vuelve a la economía, diciendo "Esta administración ha fallado en las ciudades del interior de América. Está fallándolas en educación, está fallándolas en términos de empleo".

Acusa, equivocadamente, a Clinton, de tener una política migratoria de "amnistía masiva, inmigración masiva y anarquía" que "satura vuestras escuelas y hospitales y reduce vuestros puestos de trabajo y salarios". Esta macabra visión apela directamente a los miedos xenófobos a los inmigrantes, que Trump una vez más enlaza con un cambio hacia la economía prometiendo "una mirada distinta para nuestros trabajadores, que empieza con un nueva política de comercio justa, que proteja nuestros trabajos y ponga firmes a los países que nos engañen".

Cuando Trump se dispone a resumir su aproximación a la presidencia, usa la misma táctica otra vez: "mi plan empezará con la seguridad interior –que significa barrios seguros, fronteras seguras y protección contra el terrorismo–. No puede haber prosperidad sin ley y orden. En economía voy a proponer reformas para conseguir millones de nuevos puestos de trabajo y trillones en nueva riqueza que puedan ser usados para reconstruir América".

Trump, que podría haber sido derrotado por Bernie Sanders en unas elecciones generales, como sugieren varias encuestas, está determinado a atraer a los seguidores de Sanders explotando la frustración del público general en torno a los abusos del capitalismo. En un momento dado, Trump va y dice: "He visto con mis propios ojos como el sistema está amañado contra nuestros ciudadanos, tal y como se ha amañado contra Bernie Sanders –él nunca ha tenido ninguna opción–. Pero sus seguidores se van a unir a nuestro movimiento, porque vamos a arreglar la principal cuestión: el comercio".

Si los demócratas quieren derrotar a Trump en noviembre, necesitan reconocer rápidamente su estrategia y asumir las medidas aparentemente progresistas que Trump está ofreciendo para reconciliar a los votantes conservadores blancos con los progresistas en lo económico. En otras palabras, Clinton necesita encarnar a Sanders, y rápido. De esa manera, puede agregar a los incondicionales demócratas (aquellos que de todas maneras la piensan votar) con los independientes que Sanders movilizó, para ganar con un margen cómodo en noviembre. Por supuesto, el Partido Demócrata podría haber asegurado su victoria antes, evitando torpedear la candidatura de Sanders. Documentos internos recientemente publicados por Wikileaks han mostrado el desprecio que el partido tuvo por el candidato mejor situado para una victoria decisiva.

Pero es muy tarde para lamentarse por ello. Todo lo que Clinton puede hacer es entender la estrategia de Trump y trabajar para batirla. Eso significaría renunciar a las ataduras con Wall Street que ha mantenido a lo largo de toda su carrera, ataduras que en gran medida han generado el bien merecido desprecio que le dispensa parte del público. En cambio, ella está confiando en que los votantes la elegirán porque ella no es Trump. Si Trump está abrazando políticas del miedo basadas en su racismo y su misoginia, Clinton no es distinta. El miedo que ella atiza es el miedo al propio Trump. Y puede que eso no sea suficiente.

Publicado con licencia creative commons en la web Common Dreams. Traducido por Diagonal.

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Hillary Clinton junto al CEO de Goldman Sachs, Lloyd Blankfein.
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