Entrevista a Giuseppe Cocco, profesor en la Universidad Federal de Río de Janeiro
Claros y sombras de 13 años de gobiernos del PT en Brasil

Analizamos con Giuseppe Cocco, profesor de Plíticas de la Universidad Federal de Río de Janeiro, los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT) en Brasil y la situación actual a pocas horas de que el Senado ratifique el impeachment de Dilma Rousseff.

11/05/16 · 8:00
Miles de miembros de la CUT participan en una manifestación contra el impeachment de Dilma Rousseff. / Midia Ninja

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Hoy el Senado brasileño ratificará, previsiblemente, el impeachment contra la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff. Con este nuevo paso, se pone fin, tras trece años, al Gobierno del Partido de los Trabajadores (PT). Analizamos con Giuseppe Cocco, profesor de Políticas de la Universidad Federal de Río de Janeiro, qué han supuesto los gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff en el gigante latinoamericano y su situación actual.

Primeros casos de corrupción del PT

Antes de su reelección en 2006, en 2005 fue el primer escándalo de corrupción con el PT. Parecía que se podía defender porque consistía en el pago a diputados de pequeños partidos para, así, conseguir aprobar las leyes. La mayoría de los diputados son mercenarios y el PT hizo lo que pudo para poder gobernar. Ésta era la interpretación que yo también hice en esa época, y creo que fue un error muy grave porque por detrás había ya un sistema de corrupción y, como consecuencia, hubo una relativización de la moral que ahora estamos pagando.

2006-2008. Cambia la base electoral del PT y comienza el lulismo

La figura de Lula, que ya era muy importante, consiguió más importancia y, entre 2007 y 2008 se comenzó a hablar de “lulismo’. Hubo también una transformación de la base electoral del PT, que inicialmente ganaba acá –Río de Janeiro–, en las zonas ricas, con las clases medias, intelectuales, en el sur y sudeste de Brasil; y perdía en las zonas más pobres, en las que había un control mafioso y clientelista por parte de la derecha feudal. A partir de 2006 esta situación se invirtió y el PT se tornó más fuerte en el nordeste y en las periferias, mientras comenzaba a perder a las clases medias, que acá son más bien las élites, porque ésta es una sociedad muy desigual.

Política social de los gobiernos de Lula

En el segundo gobierno de Lula, se mantuvo una política neoliberal de continuidad. Hubo incluso una reforma neoliberal, la reforma de la jubilación de los funcionarios públicos, que fue votada en 2003 durante el primer año de gobierno. Pero esta continuidad tuvo pequeños cambios.

Bolsa Familia
Hubo un poco de política social, con una distribución de dinero a través de la Bolsa Familia, que se fue masificando. Bolsa Familia es un dispositivo neoliberal, porque era condicional, no tenía principio de universalidad al estar condicionado a determinados comportamientos de las familias, como que los niños asistieran a la escuela y fueran vacunados o el acompañamiento médico de las madres. Eran condiciones que pretendían ser positivas, pero, ¿qué familia es la que no lleva a sus niños a la escuela? la que tiene más dificultades.

La idea ya existía antes, con el nombre de Bolsa Escuela, de cuando Cristovam Buarque era gobernador del Distrito Federal [después pasaría a ocupar la cartera de Educación durante los primeros dos años del gobierno de Lula]. Lo que hizo el gobierno Lula fue masificar estas ayudas, que ahora llegan a unos 11 millones de familias, unos 35-50 millones de personas. Es la transferencia de dinero más importante a nivel mundial. Esto es una de las cosas que hizo el Gobierno Lula. Antes puso en marcha un proyecto que no funcionó, Hambre Cero, un programa católico de distribución de alimentos, un banco de alimentos que fue una locura ya que costaba más la logística que los alimentos. No funcionó y crearon el Ministerio del Desarrollo Social.

Educación universitaria
En educación, se empezó con la acción afirmativa, cupos para las minorías en las universidades federales. También el ProUni, que es un programa muy polémico. A causa de la crisis del Estado y del neoliberalismo, dos tercios de los estudiantes universitarios están matriculados en universidades privadas y el otro tercio en las públicas, a pesar de que estas últimas son mejores. La mayoría de los estudiantes que van a las públicas, que no pagan, son los más ricos, mientras los pobres van a las privadas porque hay una selección menos importante. Con ProUni obligaron a las universidades privadas a ofertar becas para una parte del alumnado pobre, y se establecieron cupos para miles de estudiantes a cambio de beneficios fiscales. Este sistema llegó a los 300.000 estudiantes. Inicialmente ProUni fue criticada por toda la izquierda y por sindicatos universitarios. Era un movimiento ambiguo porque el Estado comenzó a pasar dinero a las universidades privadas pero, a la vez, mucha gente pobre entró a estudiar en estos centros.

En paralelo, las universidades públicas comenzaron a implantar también la acción afirmativa. La Universidad del Estado de Río de Janeiro fue la primera en aplicar la acción afirmativa o cupos en 2001. No fue bajo el gobierno del PT, sino con el PDT en el gobierno de este Estado. En ese año, la acción afirmativa aún no estaba contemplada en el programa del PT. A la vez, se puso en marcha un movimiento autónomo, los pré-vestibulares, que eran cursos gratuitos cooperativos para preparar a la gente a entrar en la universidad. Era un movimiento en la periferia que englobó también al movimiento negro y que tenía la reivindicación de la acción afirmativa. La izquierda decía que era una política norteamericana, que reconocía el racismo cuando el problema en Brasil no era de raza sino de clase. Acusaba a este programa de ser norteamericano y racista, de querer introducir el racismo en un país donde no había racismo. Ésa era la posición de la izquierda, sobre todo la universitaria.

Aquí en Río estaba la red de pré-vestibulares para negros y carentes. De ella vino también una renovación del movimiento negro con la red Educafro. En esa época, cuando Lula llegó al poder y Tarso Genro estaba en una comisión social antes de ser ministro de Educación en 2004, a los estudios superiores accedía el 13-14% de la población de entre 18 y 25 años, y de ese número el 10% de estudiantes estaban matriculados en centros privados. Tarso lanzó a nivel federal la acción afirmativa, pero no inmediatamente: la ley se retrasó diez años y tuvo una gran oposición de la derecha hasta que en 2013 el Tribunal Constitucional apoyó la legalidad de la norma.

Antes, muchas de las universidades, haciendo uso de su autonomía, aplicaron la acción afirmativa, como la Universidad de Bahía, pero la universidad federal de Río de Janeiro o la de Sao Paulo no la aplicaron hasta que estuvieron obligadas a ello en 2013.

Revalorización del salario mínimo
El tercer eje fue la revalorización del salario mínimo, que fue lo más importante para la lucha contra la desigualdad [primero situando la revalorización por encima de la inflacción. En 2012, el Gobierno de Dilma aprueba un aumento del salario mínimo del 8,8%, alcanzando los 678 reales. Actualmente se sitúa en 880 reales frente a los 200 de 2002, sin contar la inflacción]. Los resultados de la valorización real del salario mínimo se vieron en dos vertientes: por un lado aumentó el empleo –llegando casi al pleno empleo–, pero sobre todo en servicios, con trabajos con bajos salarios en los que la subida del salario mínimo supuso un gran cambio. Por otro, el aumento del salario mínimo afectó en la fiscalidad y subsidios por jubilación o viudez. Aunque precario, explica porque la gente no muere de hambre. En la cabeza de Dilma, que era la jefa ejecutiva del gobierno, la revalorización del salario potenciaría el consumo. Le permitió hacer el discurso sobre una nueva clase media. 

De Lula a Dilma, los años del desarrollismo

En 2008, cuando vino la crisis, Brasil sufrió una pequeña recesión. Comenzó un enfrentamiento por la sucesión de Lula entre Dilma y Marina Silva, ministra de Medio Ambiente. Una tercera figura era Tarso Genro, que entonces era ministro de Justicia, quien tenía un discurso de izquierda con un discurso moral, pero con una dimensión de revolución democrática. Tarso intentó entre 2005-2006 tomar el control del PT y ser el sucesor de Lula, pero le echaron. Lula empezó entonces a lanzar el Plan de Aceleración del Crecimiento (PAC), cuya madre es Dilma, de la izquierda desarrollista tradicional autoritaria. Retomó todos los proyectos desarrollistas de los militares, como la presa en el Amazonas, la de Belo Monte, que es el más grande. Entonces parecía que era un debate político, pero ahora vemos que el Gobierno del PT ya tenía acuerdos con las grandes empresas de obras públicas.

Marina era un obstáculo, porque defendía el medio ambiente y estaba en contra de estas grandes obras, por lo que Lula optó por Dilma. Lula se había convertido ya en un lobista de las grandes empresas, como Odebrecht. Marina se fue del PT al Partido Verde y Lula comenzó a hacer campaña por Dilma. Hicieron esa gran alianza con varios partidos en 2006 y renovaron en 2008 con el PMDB. La alianza comenzó con el gobernador [de Río de Janeiro], Sergio Cabral, y después con Eduardo Paes [alcalde de Río de Janeiro], quien hasta entonces fue uno de los mayores enemigos de Lula y que había pasado por 10 partidos diferentes [tanto Cabral como Paes están implicados en el caso Petrobras por cobrar comisiones de Odebrecht]. Hicieron una alianza en el ámbito de la ciudad, siguiendo los planes de la ciudad preparados por la derecha brasileña y consultores catalanes en los 90. El PT no cambió nada, la única diferencia es quien se quedó con el dinero. En el discurso del desarrollismo, también tuvo influencia el aumento de las relaciones con China, que además de suponer cosas interesantes en cuanto a relaciones sur sur, también fue un modelo autoritario que estuvo muy presente en la década del 2000 en toda América del Sur, en cuanto a la multiplicación de las obras faraónicas, como las presas, centrales nucleares – sobre todo entre Río de Janeiro y Sao Paulo–, los estadios para el mundial y las olimpiadas. China está metida en la presa de Belo Monte, y es ya el principal país inversor. España y Estados Unidos están en las siguientes posiciones.

En 2007-2008 la cuestión era cómo reindustrializar Brasil y, especialmente con Dilma, lo hicieron de manera autoritaria, creo que con mucha inspiración en China, con el periodo militar y con la ideología socialista. Esta inflexión fue importante para salir del ciclo de las commodities, y la dinámica del pleno empleo dependía de ello. Se partía de un país que vendía materia prima e importaba manufacturas. Se hicieron grandes inversiones, pasando mucho dinero público a la gran industria, a las grandes empresas de obras públicas, y comenzó un ciclo de euforia por un lado, con ciudades llenas de coches e inversiones en infraestructuras decididas en los escritorios de las empresas, no planificadas de forma pública o a través de presupuestos participativos. Muchos de estos empresarios están ahora en la cárcel. Como la misma Odebrecht, empresa que viene de la dictadura.

Junio de 2013: fin del lulismo

Junio fue el punto final del PT y de la experiencia del Lulismo, que es mucho más importante que el PT. Antes de 2013, sobre todo en Río de Janeiro, ya estaba claro que el del PT era un proyecto de derechas y autoritario, con el desplazamiento de los pobres a las periferias, con la especulación inmobiliaria, con los grandes ricos, o con el Presal. El discurso era que Brasil era una potencia, los líderes en el Mercosur y entre en los BRICS, y que se llevaba a los pobres a la nueva clase media y se aumentaba la capacidad de consumo. Era un marketing mentiroso. Belo Monte por ejemplo, fue un proyecto para hacer aluminio que no tenía nada que ver con el consumo energético de las familias y pasaba por encima de los derechos de los pueblos indígenas.

En 2013, la situación en las ciudades se hizo más insoportable, sobre todo por temas de movilidad, y en junio la gente comenzó a luchar. La lucha comenzó en Porto Alegre en abril y en mayo contra el Mundial. Después contra el aumento del coste del transporte. La alcaldía de Porto Alegre inmediatamente suprimió el aumento del transporte. Pero en Sao Paulo y en Río de Janeiro, el PT, el PSDB y la derecha se juntaron para imponer el aumento. Cuando comenzaron las manifestaciones, éstas fueron reprimidas violentamente con el apoyo del PT y del PSDB. Dijeron que los jóvenes no entendían nada, que era necesario subir el precio del transporte [actualmente el precio del autobús es de 3,80 reales (0,96 €), y el del metro 4,10 reales (1,03€), mientras el salario mínimo se sitúa a día de hoy en Brasil en 880 reales (222,8€) ].

Se estaba celebrando la Copa de las Confederaciones y se juntó una convergencia de las luchas: la lucha contra el aumento del precio del transporte, que era una lucha contra el modelo de ciudad que se estaba imponiendo, con la lucha contra el mundial, los grandes eventos, y la lucha por la democracia y contra la corrupción. El 17 de junio de 2013 un millón de personas salió a las calles y casi entró en el Parlamento del Estado. Las manifestaciones siguieron creciendo hasta juntas dos o tres millones de personas en Río de Janeiro en la calle Presidente Vargas. Ya era mucho más que el tema del transporte. Era por todo, y había también sectores de la derecha en las manifestaciones. Ya había gente que era atacada por llevar camisetas rojas, la presencia de la izquierda comenzaba a ser problemática. Pero las manifestaciones de junio no eran contra el PT o contra el gobierno federal, eran contra la representación en general.

En Río de Janeiro siguieron hasta octubre con las manifestaciones de los profesores. Pero los manifestantes fueron masacrados por los medios de comunicación para preparar a la opinión pública de cara al mundial. El gobierno federal también comenzó una campaña y reprimieron con dureza las manifestaciones, con 23 detenidos que ahora están siendo procesados y serán juzgados en breve. El Mundial estaba siendo según el gobierno un éxito, pero también se quebró por dentro con la derrota de la selección por goleada. En Brasil quedó una impresión de derrota muy fuerte. Y lo que el PT empezó a hacer fue preparar las elecciones.

Leer más: La derrota del movimiento de junio de 2013 en Brasil

Después de ganar de nuevo las elecciones de 2014, el PT comenzó a hacer todo lo que contrario a lo que dijeron en campaña. Brasil estaba ya quebrado. Petrobras ya estaba quebrada. Pusieron a Joaquim Levy, economista de Bradesco, el mayor banco en Brasil, a hacer una política de austeridad brutal. Lo peor es que no funcionó. Hicieron que los más pobres pagaran los ajustes pero no tuvo efectos en revitalizar la economía, al contrario, aumentó el interés del crédito, el desempleo. La izquierda, después de este resultado, se quedó sin saber qué decir, y el activismo también. Por la recesión y también porque estaba totalmente fragmentada. La indignación, que era justa, la ocupó la derecha, y comenzaron las manifestaciones en Sao Paulo. El 15 de marzo de 2015 ya había millones de personas manifestándose en Sao Paulo, y en muchas otras ciudades por el impeachment de Dilma Rousseff. La única solución que tenemos ahora es un nuevo movimiento que por ahora no aparece.

¿Convocar elecciones anticipadas?

Sólo se convocarán elecciones anticipadas si hay mucha gente en la calle, creo que la macroeconomía del país no aguanta más estrés. En Río de Janeiro medio millón de personas no saben si van a cobrar su salario. Los jubilados no recibieron su pensión hasta el día 20, y los que ganan más de 2,000 reales no la han recibido aún. Esto pasa en Río de Janeiro, pero va a pasar a nivel federal de aquí a poco. Defiendo que haya nuevas elecciones generales y estoy contra Temer [vicepresidente del Gobierno y previsiblemente quien sustituya a Dilma cuando el Senado ratifique el impeachment] porque es un corrupto, pero también creo que una pequeña transición pueda ser mejor para celebrar después unas elecciones más tranquilas. Aquí la violencia es generalizada, a 500 metros acá [entre Ipanema y Leblon] hay conflictos con granadas y fusiles. Hay mucha violencia en Brasil, y está comenzando a revivirse la situación de 1995. Hay un repunte de la violencia. Hay una media de 130 asesinatos al día y el PT tampoco hizo nada en materia de seguridad pública, sólo la Policía de Pacificación [cuerpos policiales insertos en algunas favelas].

Pero las declaraciones de Temer en cuanto a privatizaciones y recortes sociales también son preocupantes...

Sí, pero es una situación que creó el PT. Las reformas que vienen son neoliberales, y son las que Dilma no consiguió hacer, las habría hecho ella también, no lo logró porque llegó la operación Lava Jato. Los pobres en este país no pueden luchar. Hubo un intento en junio de 2013 y se contaron diez y muchos desaparecidos de los que aún no se sabe nada.

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comentarios

1

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    Carlos D.
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    11/05/2016 - 6:31pm
    Aunque el repaso de los hechos parezca coherente, hay muchas simplificaciones y demasiada invocación a marbetes y estereotipos reduccionistas en este artículo. Sobre todo, hay dos sesgos implícitos que vuelven los argumentos bastante cortos en términos de perspectiva analítica. Uno de esos sesgos es la preferencia --no explicitada pero bien evidente para los que conocen el trasfondo-- de Giuseppe Cocco por la "nueva derecha" post-moderna de Marina Silva, en nombre de un fundamentalismo del particularismo que va de la mano con el multiculturalismo neoliberal. Desechado el viejo mapa totalizador del marxismo, esta alternativa suele ser buena para fragmentar la mirada en ambages que, por lo general, no se articulan, y se refugian en sus singularidades fenoménicas irreducibles (raza, identidad, etc.), singularidades que se desentienden completamente de las relaciones. No hace falta retomar el viejo mapa dialéctico (y materialista). Pero caer sencillamente en su revés puede que no sea más que otro espejismo teórico. El otro sesgo implícito es tomar a Río como una suerte de síntesis de un país que es muchísimo más que dicha ciudad. Esto expresa una cierta arrogancia muy característica de la intelectualidad de Río, que cree que todo el país es no más que el reflejo de la antigua corte imperial. Es muy aristocrático y muy presumido (tanto cuanto la arrogancia análoga de la corte intelectual de la Universidad de San Pablo). Del mismo modo como los grandes desplazamientos simbólicos subterráneos en Brasil se han pasado --en el curso de la contradictoria experiencia del lulismo-- más que todo en el Nordeste pobre, los nuevos desplazamientos que pueden reconfigurar las izquierdas se están pasando entre la gente muy joven de San Pablo, la misma que ha tomado la iniciativa de lanzarse a las calles en el 2013. Si Río conforma un caso específico, debe ser reconocido en sus necesarios límites. Así que la ambición demasiado explicativa de la retórica de Cocco en este artículo acaba por caer en la trampa de las simplificaciones, con un aire que no deja de tener un acento mistificador y autoritario.
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