El cambio político y las 'minorías'
La “nueva izquierda” ante el espejo racializado

Conversación a tres voces guiada por Helios F. Garcés que pretende reflexionar sobre la colonialidad, el relato racial y la izquierda.

21/05/16 · 8:00
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Acto oficial de celebración del Día Internacional del Pueblo Gitano el pasado 8 de abril en Madrid. / David Fernández

Antes de escuchar esto, comprende:

Esto es por todos mis ancestros
los cuales fueron violados
asesinados y colgados
por luchar por la libertad
y por la dignidad

Murieron por mí y murieron por ti

Esto es para ellos
Para saber que, sí, incluso hoy
seguimos luchando por
y seguimos hablando de:

Revolución

Arrested Development

 

Desde una perspectiva decolonial, a pesar de la reivindicación estratégica de un patriotismo español acrítico por parte de las nuevas fuerzas transformadoras, la identidad española se construye, histórica, narrativa y materialmente, en base a la negación de la diferencia. Se trata del complejo relato racial, relato que no ha sido sometido a la crítica pública, relato que sigue estructurando el imaginario colectivo y funcionando como fundamento ideológico de los privilegios de la blanquitud en las esferas sociales, culturales, económicas y políticas del territorio. Sin embargo, la creación del blanco español, de esa subjetividad moderna naturalizada que invade las relaciones interpersonales, las instituciones nacionales y la conciencia española bien pensante –tanto en la derecha como en la izquierda política– necesitó de la creación de la otredad racializada/deshumanizada; necesitó de las comunidades islámicas, de las indígenas, de las judías, de las afrodescendientes, de las gitanas. Su identidad y su nación, la del blanco español, fue construida sobre la destrucción, la persecución y el exterminio de otros cuyos descendientes siguen luchando por su dignidad y vida. Se negaron sus cosmovisiones y sus formas de conocimiento, a pesar de que fue en gran medida gracias al expolio de dichas cosmovisiones que el blanco español creó la suya.

Si atendemos a los genocidios y epistemicidios sobre los que se configura el primer Estado moderno europeo, el imperio español, observamos que a lo largo del siglo XVI sucederá lo siguiente. En 1492 se conquista Al Andalus, se destruye el reino nazarí y se expulsa a los judíos sefardíes. Es el momento de la homogeneización forzosa. Unos meses después, se inicia la colonización de Abya Yala a través de la explotación y genocidio de los pueblos originarios. En 1499 se promulga la primera pragmática contra los calés que inicia 479 años de opresión sistemática legal. Tres años después se pone en marcha la primera pragmática para la conversión forzosa de los moriscos que ahonda en la islamofobia como forma de racismo y producto de la modernidad temprana.

Durante esta época, los debates entre Ginés de Sepúlveda y Bartolomé de las Casas sobre la existencia o no del alma india y africana desembocan en la puesta en marcha del comercio transatlántico de esclavos a través del secuestro, sometimiento y asesinato de millones de personas africanas que se extenderá durante 400 años, fenómeno sobre el que se cimentará el capitalismo occidental. Nos encontramos en un periodo histórico bien particular. Por ejemplo, Silvia Federici descubrió que fue durante esta época cuando aumentó significativamente el número de mujeres quemadas por la Inquisición y es también entonces cuando dicha persecución pasa a formar parte de las cortes seculares. El propio Marx, en los capítulos XXIV y XXV de El Capital, señala dicha época como inicio de la “acumulación primitiva del capital”.

Cada una de las comunidades humanas racializadas nombradas sufre una forma de opresión particular; una forma de persecución específica y diferenciada que sigue viva en la actualidad. Así mismo, cada una de las comunidades humanas racializadas nombradas se organiza, lucha y ofrece respuestas críticas basadas en circunstancias y epistemologías que no deben ser homogeneizadas. No se trata de negar las innumerables diferencias y matices que enfrentan ni las relaciones de poder que también existen, a menudo, entre las mismas.

Sin embargo, a pesar de las diferencias, todas tienen algo en común: han sido radicalmente subalternizadas y representan la otra cara de la modernidad. Todas ocupan una situación de opresión que se explica en relación a la denominada “herida colonial”. Todas ellas siguen aquí y siguen enfrentando las consecuencias de la colonialidad del poder, del saber y del ser.

Con la intención de profundizar en la colonialidad, en la dimensión racista del poder moderno, intentamos iniciar una reflexión sobre la salud del relato racial en la trinchera donde supuestamente militan los aliados: la izquierda. No sería constructivo, realista ni honesto presentar las opiniones vertidas en esta entrevista/conversación virtual como inequívocamente representativas de las comunidades a las que pertenecen las personas que participan en la misma. No lo pretendemos.

La razón de esta propuesta es la siguiente. Hace años que venimos coincidiendo en lo principal: para luchar contra el racismo es necesario realizar el giro decolonial. Para ello debemos dejar de legitimar la patología del antropólogo eurocéntrico: hurgar en la supuesta cultura de las denominadas minorías. Es necesario comenzar a mirar hacia la sociedad mayoritaria y buscar las razones del racismo en la identidad dominante. ¿Qué mejor, entonces, que escuchar y comenzar a tomar en serio la visión de las personas racializadas? Sin negar la existencia de otras opresiones estructurales, y evitando caer en cierto estrabismo intelectual, pretendemos situar el debate en torno al racismo en el lugar que le corresponde. La izquierda es heterogénea y hay en ella personas sensibles a la opresión colonial/racial, pero a nivel general la situación es lamentable. Para iniciar una conversación que sirva de muestra sobre los asuntos mencionados, cuento con la opinión de tres compañeras:

Helena Gutiérrez Espí es profesora de Educación Secundaria y Bachillerato y defensora de la Educación Pública. Es, además, mediadora intercultural, colaboradora de la revista digital de pensamiento islámico moderno www.alkalima.es y forma parte de la plataforma Red Musulmanas. Acaba de publicar su primera novela, Unos baklava por amor, una parodia en la que critica mediante el humor el etnocentrismo y el machismo, pero también el feminismo colonial.

Daniela Ortiz es una inmigrante peruana politizada, artista y miembro del Espacio del Inmigrante del Raval en Barcelona, así como de la colectiva de-cultural N.I.E. (Nómadas Insumisas de las Ex-colonias). Su trabajo artístico y político se centra en investigar el sistema de control migratorio y su relación con la colonialidad además de dar visibilidad a aquellos sujetos euroblancos responsables de la estructura de persecución, detención y deportación de personas migrantes y racializadas.

Afroespañola se creó una cuenta de Twitter y Medium porque echaba en falta voces decoloniales en el ciberactivismo español actual. Se autodenomina feminista negra interseccional, además de atea, pobre e hija de inmigrantes.
 

Helios: La nueva izquierda política vuelve a poner sobre la mesa el debate acerca de la “memoria histórica”. La aportación y el papel real de los grupos humanos subalternizados en la construcción de las sociedades modernas parece no existir ni merecer ser visibilizado. ¿En qué lugar quedan las otras memorias históricas, las nuestras? ¿Por qué a la izquierda no le supone ningún problema seguir viviendo en un territorio donde abundan estatuas, calles, colegios, monumentos con nombre de esclavistas, genocidas y opresores raciales? ¿Demuestran sensibilidad política ante la dimensión racista del poder? Pareciera que basta con ser de izquierdas para estar libre del racismo.

Helena: Las otras memorias, en mi opinión, quedan relegadas a un segundo plano (o directamente a ninguno). Todavía seguimos hablando de “Reconquista” o de “Descubrimiento de América”, seguimos celebrando fiestas de “moros y cristianos”, la “Toma de Granada” o la “Hispanidad” (“españolidad”, diría yo). En definitiva: el ellos y el nosotros. No celebramos lo que nos une, sino lo que nos separa. Y sí, la izquierda suele ser contraria a estas celebraciones, pero hasta cierto punto. No son solo estatuas o nombres de calles y plazas, que por supuesto también se oponen, al menos de boca, a ellas, son también los términos en los que contamos la Historia, que en estos casos suele ser la versión del vencedor sin importar la del vencido, la celebración de una supuesta superioridad que nos hace sentir mejores que ese otro al que hemos expoliado, desterrado o sometido. ¿Por qué no se estudia a Ibn Arabi, Averroes o Ibn Hazm en Filosofía o en Literatura? ¿Por qué los consideramos “extranjeros”, los “otros”? Nacieron aquí y forman parte de nuestra historia pero no se les conoce. Sí conocemos, en cambio, a Don Pelayo, con cuya estatua nos hacemos fotos gustosamente en Covadonga.

Helena: "La islamofobia de género va en aumento, y entre la gente de izquierdas también hay personas islamófobas"

No cabe duda de que la izquierda (políticos y votantes), si es que se puede hablar de “izquierda” en un sentido general, intenta “desubalternizarnos”, intención quizás paternalista por su parte. No demuestran, en muchos casos, sensibilidad política ante la dimensión racista del poder porque desde su posición privilegiada no son capaces de apreciarla. No asumen que gozan de unos privilegios que no tienen los subalternos. Me rodeo mayormente de gente de izquierdas y, en mayor o menor medida, el etnocentrismo no les deja ver el paternalismo con el que se refieren a esos otros. Esos otros que deben aprender de nosotros. Ese paternalismo es una forma de racismo. Por citar un ejemplo, hay gente supuestamente “muy de izquierdas” que siente lástima por “las pobres moras que tienen que llevar ese pañuelo que las oprime y sin el cual vivirían mucho mejor”. Actitudes paternalistas hacia las mujeres musulmanas he vivido muchas. La islamofobia de género, desgraciadamente, va en aumento, y entre la gente de izquierdas también hay personas islamófobas, por supuesto.
 

Daniela: La identidad española oficial está construida basándose en la reivindicación de su carácter imperial y colonial: el pasaporte español tiene en su primera página la ruta del viaje de Colón y las tres carabelas, la fiesta nacional se celebra el 12 de Octubre y existen 14 monumentos a Colón así como varios a otros personajes como Pizarro o Cortés. Todos estos elementos no son sólo rezagos del pasado, de hecho, el diseño del pasaporte es del año 2010, la fiesta nacional fue instituida como tal en el año 1988 y al hospital 12 de Octubre se le cambió el nombre también a finales de los 80. Varios de estos elementos de la identidad española se instituyen en el principio de la “democracia”, un momento donde se buscaba reconstruir la identidad española y se realiza adrede una vuelta a la narrativa que glorifica los procesos coloniales.

Daniela: "La izquierda blanca nunca ha pasado por el proceso de cuestionar su posición de privilegio con respecto a las comunidades racializadas"

Es increíble por ejemplo que Manuela Carmena haya asistido a la celebración de la fiesta nacional el pasado 12 de octubre, refleja una posición clara de parte del Ayuntamiento de Madrid. Considero que la izquierda blanca no entiende que la existencia de estos monumentos, fiestas y símbolos es una de las herramientas esenciales para la manutención de una estructura social racializada o para el funcionamiento del sistema de control migratorio. No es solamente que suponga una ofensa para nuestras comunidades, sino que mantener esas narrativas que nos inferiorizan es imprescindible para poder ejercer violencia sobre nosotras. Una de las características de la blanquitud es la arrogancia, es la noción de siempre “saber” qué es bueno o malo para los demás colectivos.

La izquierda blanca nunca ha pasado por el proceso de cuestionar su posición de privilegio con respecto a las comunidades racializadas y los problemas que esto genera, problemas con efectos inmediatos, como puede ser la situación de la violenta persecución policial contra las compañeras y compañeros migrantes que se dedican a la venta ambulante en Barcelona con el “Ayuntamiento del cambio” o la terrible y creciente violencia contra la población migrante y refugiada en la Grecia de Syriza.
 

Afroespañola: Parece que cuando en España hablamos de memoria histórica nos referimos automáticamente al franquismo o a la Guerra Civil. En el momento en que intentamos referirnos al pasado colonial español, tanto la izquierda como la derecha saltan con justificaciones. He oído a gente de izquierdas dejar el muerto a otras nacionalidades diciendo cosas como: "Al menos nosotros nos mezclábamos con ellos, no como los malditos ingleses del norte". Es ésa la hipocresía transversal que veo en España en general. La izquierda, por muy izquierda que sea, no se salva.

En España más que en otros países nos resulta muy difícil lidiar con el racismo, tanto el actual como el que se acometió en el pasado y, mientras ya se habla cada vez más de feminismo, el racismo queda relegado a un segundo plano. Realmente no sé qué es, no sé si es un sentimiento de culpabilidad o si realmente la gente de todos los estratos sociales es tan ingenua como para creer que la opresión racista es sólo cuestión de grupúsculos minoritarios y hechos aislados en lugar de todo un sistema, al igual que el patriarcado.

Afroespañola: "En España, cuando hablamos de memoria histórica, hablamos de la memoria histórica 'hegemónica', la que afecta o afectó a la mayoría, al español medio" 

La relación de España con los negros no es nueva. La presencia africana –he de decir, negra africana– en la Península Ibérica data de mucho antes de Al Andalus, y recorriendo la historia a través de las conquistas coloniales, la trata de esclavos y la actual relación de España con sus excolonias, tanto en América como África, es imposible negarla. Ahora bien, a pesar de siglos de relaciones desiguales con las colonias en general y los indígenas en particular, España ha optado por hacer borrón y cuenta nueva en lugar de sentarse a revisar y reconocer su pasado. ¿Es normal que estudiantes universitarios desconozcan que existe un país en África que tiene el castellano como lengua oficial? ¿Es normal que no sepan señalar Guinea Ecuatorial en un mapa? Así nos encontramos con el discurso de "pero eso ya es irreversible", "pasó hace mucho tiempo" y "hay que olvidar".

Si hiciéramos eso con las víctimas del franquismo o la Guerra Civil, la avalancha de gente furiosa que se nos vendría encima sería pequeña. En definitiva, en España, cuando hablamos de memoria histórica, hablamos de la memoria histórica 'hegemónica', la que afecta o afectó a la mayoría, al español medio. Ésta es una aproximación errónea al tema, pues no es honesta, no busca la memoria histórica como tal, sino el reconocimiento de una pequeña parte de ella que infiere o lo hizo en algunas familias, en lugar de una genuina que recabe a todos los que sufrieron por culpa del Imperio español tanto en el Estado como fuera de él.
 

Helios: ¿Tiene “identidad” ese cambio del que hablan desde la izquierda crítica? Escucho hablar a los blancos de izquierda sobre “identidad” en términos despectivos. Para ellos, los únicos grupos humanos que tienen identidad son los “no blancos”, los “no cristianos”, los “no nacionales”. Para ellos, la opresión de clase es objetiva, universal y científica, mientras que la racial/colonial apenas tiene importancia si no es como superestructura de la primera. ¿Os sentís incluidas en sus demandas, en su perspectiva sobre la justicia social, económica y política? Me parece que nuestra situación revela la existencia de un privilegio al que la propia izquierda le cuesta renunciar. En EE UU lo llaman “el privilegio blanco”. ¿Por qué “somos” invisibilizadas? ¿No somos rentables para el electorado nacional?

Helena: En este caso también se trataría del privilegio blanco católico y del desprecio hacia las espiritualidades otras. Y no sólo las musulmanas, las negras, gitanas o migrantes estamos excluidas: también las lesbianas, las transgénero, las discapacitadas, las yonkis, las pobres… La racialización tiene un peso enorme, pero el género, la orientación sexual, la clase, etc., también.

Las musulmanas no nos sentiremos incluidas en sus demandas mientras no nos consideren sujetas de plena ciudadanía. Se sigue vinculando islam a inmigración, como si la propia inmigración no tuviera derecho a esa plena ciudadanía. Ciudadanas somos todas y todos, y si España es un Estado aconfesional, entonces el islam debería tener cabida. Y, sí, señores islamófobos: existe un islam español, les guste o no, y no es algo reciente. La ecuación musulmán y español es real, como lo es la de musulmana y feminista o feminista islámica, aunque al feminismo hegemónico le duela.

Por otro lado, ser rentables para el electorado nacional no necesariamente se traduce en ver respetados nuestros derechos. No queremos ser rentables: queremos ser personas con derecho a la plena ciudadanía, ni más ni menos.

Daniela: El 15M nunca tuvo dentro de sus reclamos prioritarios los costes y consecuencias del sistema de control migratorio. Vicenç Navarro cuando habla de las comunidades migrantes las ubica como una carga económica para su “clase trabajadora”. La propaganda de Podemos para las elecciones generales mostraba un claro perfil: sólo aparecían ciudadanos blancos y españoles. Nosotras no contamos para ellos como sujetos políticos, ni como clase trabajadora, y cuando algún partido de izquierda habla de políticas que serán aplicadas a la población migrante, éstas son ofrecidas a su masa votante, al ciudadano español de pleno derecho, los discursos y las propuestas no son dirigidas a la comunidad migrante. Me parece increíble que ni siquiera tengan la capacidad de ver la Ley de Extranjería como una herramienta del capital para generar una clase trabajadora mucho más explotada, y es ahí donde queda retratado el marco identitario en el que se mueven las izquierdas españolas, en donde hasta se termina excluyendo a aquellos trabajadores que no cumplen con el perfil del obrero, blanco español.

Daniela: "La propaganda de Podemos para las elecciones generales mostraba un claro perfil: sólo aparecían ciudadanos blancos y españoles"

Los peores problemas y los miedos más grandes que tengo están siempre relacionados a mi condición de migrante. Cuando recién llegué a España y trabajaba de camarera fueron varias las ocasiones donde el mecanismo de explotación venía con mis jefes diciendo “te hemos hecho los papeles”. Estuve dos veces sin papeles a pesar de los privilegios que tengo dentro de la comunidad migrante y ahora en noviembre, después de 9 años viviendo en este territorio, tengo que ir a pedirle permiso a la policía española mediante un proceso de maltrato burocrático en el que tengo que demostrar que soy rentable, que tengo trabajo o que tengo una alta suma de dinero, que no tengo deudas con la seguridad social y hacienda y que sigo casada con el ciudadano español que decidió compartir de cierto modo sus privilegios. Tengo que ir a responder frente a la policía las historias que se monta desde la ignorancia Vicenç Navarro.

Quizás no es que seamos invisilibizadas, las comunidades negras, gitanas, migrantes, musulmanas están de forma constante en los medios, los papers y los debates de la izquierda y la derecha. Me atrevería a decir que, al contrario, hay una hipervisibilización de nuestras comunidades: el problema es que somos representados por ellos y como a ellos les da la gana.

Afroespañola: A lo máximo que ha llegado esta izquierda es a reconocer las diferentes naciones que conforman el Estado español. La izquierda española está avanzada en muchos aspectos, pero en éste es muy retrógrada. Nos han enseñado a demonizar el concepto de raza porque nos recuerda a cosas malas, pero las razas no supusieron ningún problema hasta que empezaron a justificarse ciertas acciones sobre ellas. El discurso, por ende, es un discurso vacío, incluso cuñadil diría yo. Ese famoso "todos somos iguales" o, como algunas colegas se refieren a él, 'weartetheworldismo'. Sin embargo creo que el problema también deriva del conflicto entre internacionalismo (ese internacionalismo de izquierdas al que aparentemente todo el mundo está suscrito) y la interseccionalidad. De alguna manera, hablar de 'razas' es 'divisivo' y 'malo para la clase obrera'. Sin embargo, hablar de 'géneros' es 'importante' y 'hay que hablar más de esto'. Ambos son constructos, ¿cuál es la diferencia? ¿Tal vez es que sea más fácil empatizar con una mujer blanca siendo un hombre blanco que con una persona negra de cualquier género? Todo indica a que sí. Digamos que son interseccionales cuando quieren y como quieren e internacionalistas cuando se les llama la atención por falta de interseccionalidad en otra área. Es como su muletilla.

La idea de que no somos rentables para el electorado nacional es un tema del que ya hablé con anterioridad en mi blog, pero básicamente en España no ha calado la idea de que se pueda ser español y no blanco a la vez. No entra. Entonces, todos los que no somos como Manolo o Pepa entramos inmediatamente en la categoría de inmigrantes. Los inmigrantes no pueden votar, por lo que no se hacen políticas para ellos en materia de racismo (que no políticas de inmigración, ojo). La idea es: que se jodan, salga quien salga, que es más importante camelar al resto del electorado. Ésa es la hipocresía. Democracia, lo llaman.
 

Helios: ¿Cómo sentís que gestiona esa “nueva izquierda” su relación con las comunidades islámicas, con las negras, con las migrantes, las gitanas? Me da la sensación de que creen que es suficiente con introducir a un diputado no blanco en sus filas y defender los derechos humanos en sus discursos públicos. Hablando con Daniela, me di cuenta de algo. Alguna vez he escuchado justificarse a las personas blancas de izquierda diciendo que si no tenemos espacio es porque somos una minoría, pero pensándolo bien, las personas racializadas somos tres cuartas partes de la humanidad. ¿Habría que dejar de utilizar la palabra “minoría”? A tenor de lo dicho, ¿por qué creéis que no existe una alianza decolonial de los sujetos racializados en el Estado español? ¿Creéis que ayudaría?

Helena: Por supuesto que ayudaría. Esa alianza es más que necesaria. No somos minoría y, aunque lo fuéramos, eso no debería ser motivo para sufrir discriminación. Repito: todos deberíamos gozar del derecho a la plena ciudadanía.

Desde la plataforma de la que formo parte, Red Musulmanas, tendemos puentes con otros subalternizados, como por ejemplo con asociaciones gitanas. Nosotras mismas, Red Musulmanas, somos muy diversas: las hay españolas conversas, negras, amazigh, “moras”, independentistas y… ¡feministas! Hace poco hubo unas protestas frente a los estudios de un canal de televisión nacional por un programa que emiten que alimenta los prejuicios hacia las gitanas. Nosotras dimos visibilidad a esas protestas y las apoyamos desde las redes, que es desde donde solemos movilizarnos. De hecho, lo ideal habría sido acompañarlas físicamente, pues a nosotras también nos denigran en series y películas en las que nos pintan de sumisas o de terroristas. Habría estado genial estar allí con ellas y ellos y decirles a los responsables que los gitanos no están solos, que les apoyamos. Es absolutamente necesario que tendamos puentes, como ya estamos haciendo, siempre sin pretender ejercer la tutela que no nos corresponde.

Daniela: Ya el PSOE, ERC o ICV, por ejemplo, han venido realizando esta estrategia de poner uno o dos sujetos racializados en sus filas mientras apoyaban, creaban y obviaban políticas criminalizadoras y persecutorias mediante discursos paternalistas. Ahora vemos que partidos como BCNenComú siguen el mismo camino con la patética gestión que están haciendo de la persecución a los vendedores ambulantes en la ciudad de Barcelona.

Daniela: "Las estructuras racializantes generan también diferencias y privilegios entre los sujetos racializados"

El término minoría puede ser complicado ya que pareciera atribuir los procesos de discriminación a cuestión de cantidad de personas que ocupan esa identidad, cuando en realidad estos procesos de discriminación se dan por cuestiones de manutención de estructuras racistas y xenófobas. En el caso de Perú, por ejemplo, la minoría es la población blanca, pero sin embargo la estructura social racializada genera privilegios para este grupo de la sociedad, la representación en los medios, en la publicidad, está plagada de personas blancas, etc. En realidad el problema no es la cantidad de personas, sino la permanencia de la colonialidad, las estructuras racistas y la supremacía blanca, un término que de hecho deberíamos utilizar más a menudo.

Creo que hay que tener en cuenta que las estructuras racializantes generan también diferencias y privilegios entre los sujetos racializados. Por ejemplo, en la primera legislación aplicada a los virreinatos de Perú y México, las Leyes de Indias establecían que los indígenas tenían más “derechos” que la población negra esclavizada. La ley de acceso a la nacionalidad establece que los sujetos que provenimos de las excolonias españolas de habla castellana tenemos más “facilidades” que las personas provenientes de países que no lo fueron y creo que eso ha calado ampliamente generando distancia entre las comunidades, pero a la vez sí considero que existen alianzas, por ejemplo, los compañeros del colectivo Indignados Refugiados, impulsado por Nadia Jabr y Mohammed Al Sharkawi, vienen apoyando al Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes en la ciudad de Barcelona y, además, denunciando el uso que está haciendo el Ayuntamiento de BCNenComú del discurso “Refugees Welcome” cuando a la vez mandan a la guardia urbana a perseguir a las personas migrantes que se dedican a la venta ambulante.

Definitivamente, se necesita la generación de alianzas y el fortalecimiento de las que ya existen, pero estando conscientes de que entre colectivos ocupamos espacios distintos, que nuestras opresiones se articulan de manera distinta, no cometiendo el error del discurso blanco en repetir neciamente que “todos somos iguales”, discurso que termina sirviendo para invisibilizar las opresiones.

Afroespañola: Mal. No tienen ni idea. Y hasta hace poco ni se han molestado en hablar con nosotros y preguntarnos que qué queríamos. Con el surgimiento de "los gobiernos del cambio" aún está por ver si es un interés genuino o una nueva forma de ganar más votantes. Sin embargo, no nos va a comprar un partido solo porque nos coman la oreja con sus políticas contra el racismo, que quede claro. No somos tontos. Y esto no es América.

La estrategia de Podemos se ha visto. ¿No era Pablo Iglesias el que hizo una diferencia entre sus números de listas no blancas (gitana y negra, creo recordar) y las 'personas normales'? Eso fue una cagada. Y eso demuestra la verdadera cara de la izquierda. Es un quiero y no puedo. Quiero entenderte y preocuparme por ti pero en realidad ni te entiendo ni me interesa. Si me votas, bien, y si no, vete al carajo.

No existe ni veo factible que exista una alianza decolonial porque somos muy diversos. Siempre agradeceré y apoyaré que algo así surja pero, aunque todxs estaríamos oprimidos por el Estado español por nuestra raza, etnia y/o religión, también existen dinámicas opresivas entre nosotros y es muy fácil que surjan conflictos interiores. La autocrítica no sólo la tienen que hacer la izquierda y derecha hegemónica, vosotros también.
 

Helios: En 'La Tuerka' hablan de racismo y se ponen a analizar la situación de EE UU. ¿Por qué? Parece que el racismo y la colonialidad no va con ellos. Pasa algo similar con los intelectuales que trabajan con la perspectiva decolonial en el interior de Europa. Utilizan lo decolonial para darse prestigio intelectual y eso se demuestra en las relaciones de invisibilización que ponen en marcha con los sujetos coloniales de larga duración en su propio territorio. ¿Cómo puede denunciarse esa cooptación de espacios y roles? ¿Esto se explica debido a una supuesta ceguera transitoria o habría que hablar de una vez por todas de racismo latente en la izquierda del Estado español?

Helena: Yo a eso lo llamo ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio o, como diría una de nuestras miembras, ver el burka en el ojo ajeno. Me recuerda a los comentarios que nos suelen hacer (también desde la izquierda) de que “los países de mayoría musulmana son supermachistas”, como si en España el machismo no fuera un problema.

Helena: "Las musulmanas sí sufrimos la islamofobia, sobre todo la de género"

¿Por qué hablar sólo del racismo de EE UU y no del español? Porque no han sufrido racismo nunca. Yo tampoco he sufrido racismo debido al color de mi piel porque soy blanca (sí, gozo de ese privilegio, privilegio que no tiene una mujer musulmana marroquí, por ejemplo), pero las musulmanas sí sufrimos la islamofobia, sobre todo la de género, que es una forma de racismo y va en aumento.

Las feministas islámicas venimos denunciando la colonización de nuestros espacios desde hace mucho tiempo, años, cada una desde nuestros microespacios. A menudo vemos que se habla de nosotras, se debate sobre nuestra vestimenta, sobre lo que nos ponemos o nos dejamos de poner, sobre cómo vivimos o deberíamos vivir, pero no nos preguntan. Hablan de nosotras sin nosotras. Algunas incluso se atreven a dar cursos y charlas sobre feminismo islámico sin ser musulmanas, sin haber pisado una mezquita. Tenemos voz y no necesitamos que otras hablen por nosotras.

Daniela: He visto cosas tan aberrantes como que se invite a debatir sobre racismo al programa Fort Apache al xenófobo Jorge Verstrynge, o a discutir sobre refugiados a seis personas euroblancas. De hecho, en ese programa las poblaciones racializadas y subalternizadas, si aparecen, son representadas por la figura del indio americano de piel oscura que se puede ver detrás, en el fondo, desnuda, caricaturizada y en silencio. El otro día, Pablo Iglesias hablaba en el congreso de los diputados en relación al acuerdo de Grecia con Turquía. Comenzó su discurso mencionando a Fanon, diciendo que debería citarlo, pero que en esta ocasión prefería citar la carta de los derechos humanos… Entre citar a Fanon y la carta de los derechos humanos hay una distancia abismal.

Me parece preocupante cómo desde la izquierda se aboga única y exclusivamente por los derechos humanos de las personas refugiadas y migrantes. Desde su perspectiva, para nosotros no existen los derechos civiles y políticos. Imagínate que el 15M o el programa electoral de Podemos hubiese abogado únicamente por los derechos humanos, imagínate si a raíz del 15M se hubiesen hecho colectas de ropa usada y bolsas de arroz para entregárselo a las personas que reclamaban en las plazas.

Habrán leído a Davis, Fanon, Césaire y Anzaldúa, pero entienden mucho menos que aquellos sujetos que no han pasado por esa bibliografía pero sí han pasado por las experiencias de estos autores y creo que dejan bien claro que no les interesa si quiera escuchar las reflexiones políticas de nuestras comunidades. Como mencionaba el otro día, la comunidad migrante organizada ya en el año 1985 denunciaba que la Ley de Extranjería Española abría la puerta a las deportaciones masivas. Han pasado 31 años de violencia extrema contra la población migrante, pero 31 años también de resistencias y denuncias hechas por esta comunidad. La izquierda blanca lleva 31 años no sólo ignorando, sino también callando las voces críticas de colectivos y personas migrantes.

Afroespañola: Reitero que ese debate es inexistente. Y es inexistente porque ha habido esfuerzos muy esmerados en eliminar toda parte de nuestra historia que tenga que ver con el racismo; así, "los yanquis son los malos" y "qué buenos somos nosotros". Sin embargo, son los yanquis los que se atreven a hacer acción afirmativa sin tapujos y realizar encuestas y censos en los que la raza forma parte del cuestionario.

A mí me parece que España simplemente se niega a ver el elefante en la habitación y espera que, si cierra los ojos muy fuerte, desaparecerá, cuando cada año hay más elefantes y más y más y más. Los problemas no se solucionan ignorándolos o no hablando de ellos pero, de nuevo, si no hay una voluntad real para solucionar el problema...
 

Helios: Escucho a los militantes de los nacionalismos periféricos de izquierda comparar su situación con la de los sujetos racializados, con los negros, con los indígenas, con los gitanos, con los musulmanes. No digo que no exista una opresión de sus identidades, claro que la hay, pero siento que a menudo hay aquí un ejercicio de apropiación profundamente deshonesto que tiende a invisibilizar el racismo en sus propios movimientos.
 

Helena: Yo creo que tratan de empatizar mediante esa comparación con los sujetos racializados oprimidos pero también espero que entiendan que el alcance de la opresión que sufren no es comparable al que sufren los subalternizados. El privilegio del que hablábamos antes, el de “blanco católico o ateo” lo siguen teniendo la mayoría de ellos (digo la mayoría porque hay sujetos subalternos nacionalistas periféricos, en Red Musulmanas tenemos una).

Daniela: En el contexto catalán por ejemplo no hay una denuncia desde la izquierda independentista en cómo durante los procesos de construcción de soberanía y la adopción de competencias en políticas migratorias han sido introducidas políticas absolutamente racistas contra la población migrante. Por ejemplo la exigencia del conocimiento de la lengua catalana para la obtención de un informe de integración para poder sacar los papeles por “arraigo social”. Lo alucinante es que el discurso utilizado en el parlamento catalán a la hora de implementar esta normativa fue que el uso de una lengua común era imprescindible para la manutención de la cohesión social pero, curiosamente, la lengua catalana no se le exige para poder permanecer en el territorio a italianos, alemanes o madrileños: solamente las personas migrantes provenientes de las excolonias tenemos la capacidad de romper esa cohesión.

Afroespañola: No creo que pueda opinar mucho sobre el tema porque realmente a mí no me afecta, así que puedo meter la pata. Sin embargo, diré que la mayoría de personas de color con las que he hablado que se encuentran en este tipo de situaciones no se siente parte del territorio aun a pesar de haber nacido allí o llevar mucho tiempo viviendo allí. La mayoría también comparte la causa independentista, sin embargo, al quejarse de racismo y/o xenofobia dentro del movimiento independentista, son contestadas con respuestas que más recuerdan al facherío rancio de "pues si no te gusta, vete a tu país" que a una persona independentista de izquierdas. Supongo que ese es el riesgo del nacionalismo, sea cual sea su posición en el tablero ideológico.
 

Helios: ¿Qué ocurre con el feminismo blanco?

Helena: He visto muchas cosas: feministas blancas ateas que niegan que el feminismo pueda ser islámico (o religioso); feministas que se apoderan de nuestro discurso sin ser musulmanas (ni gitanas, ni negras…); feministas que nos ven como “las pobres a las que hay que liberar con nuestra verdad absoluta y única”. Pero también las hay que no se apoderan de tu discurso, ni pretenden colonizarte y que te buscan cuando sabes que eres tú, la musulmana o la negra o la gitana, y no ellas, la que tiene que hablar.

Daniela: Ocurren cosas tan patéticas como que de facto consideren que las personas provenientes del sur y los sujetos racializados somos más machistas o que no entiendan que el género no es nuestra única opresión.

Afroespañola: Pues lo mismo que con el izquierdismo blanco. Exactamente lo mismo. Al igual que un migrante negro que está solo y además es mantero no está en la misma situación que un obrero blanco nacional y con familia aquí, una mujer blanca no es igual que una mujer negra y no sufren el patriarcado de la misma forma. La mujer blanca en algún punto de la historia se benefició de ser blanca por muy oprimida que estuviese al ser mujer. ¿Y qué pasa con las mujeres negras? O, como diría Sojourner Truth, ¿es que acaso nosotras no somos mujeres?

Afroespañola: "La mujer negra lucha por su humanidad. Las blancas tienen la humanidad ganada desde hace ya siglos"

El feminismo blanco no le dice nada a las mujeres negras porque luchan contra manifestaciones distintas del patriarcado. Mientras la mujer blanca ha de luchar contra el estigma que se les impuso de ser "delicadas" y "débiles", las mujeres negras han de luchar por que se reconozca su humanidad tal cual para no caer en los abusos históricos a los que se nos ha sometido tanto física como psicológicamente. Muchas veces tengo la sensación de que muchas feministas blancas no quieren la verdadera liberación, sino equiparar sus privilegios a los de los hombres blancos, ya que, cuando les toca tratar estos temas pueden llegar a ser incluso peores que los hombres blancos. La mujer negra lucha por su humanidad. Las blancas tienen la humanidad ganada desde hace ya siglos.
 

Helios: Todas estas cuestiones ¿son diferentes en los movimientos sociales de base? ¿Sentís una mayor solidaridad, un mayor compromiso con la lucha contra la colonialidad en todas sus dimensiones en los movimientos no institucionales?

Helena: En los movimientos sociales de base también hay racismo, machismo e islamofobia, como en cualquier otro sitio, a menos que se haya trabajado para deconstruirlo. El desprecio hacia las espiritualidades otras, en concreto, está muy presente y a menudo, incluso en movimientos afines, nos acabamos encontrando con que esperan que nos “desislamicemos” y con un rechazo a aprender de manera horizontal del pensamiento islámico. Pero, por supuesto, no se puede generalizar y en muchos casos también nos encontramos aliadas en las bases con las que tendemos puentes. Ese es el camino.

Daniela: En gran medida estas cuestiones se reproducen en varios movimientos de base, aunque quizás tengan más capacidad de escucha. Muchas de las prácticas y formas de abordar las problemáticas son similares, como sucedió por ejemplo en el 15M, que no recogía entre sus principales reclamos nada en relación al sistema de control migratorio. De todas maneras, creo que a raíz de la creciente violencia contra las comunidades racializadas ciertos colectivos de base están teniendo una mayor apertura a escuchar a estas comunidades.

Por otro lado hay ejemplos como la PAH, que tiene una activa y amplia presencia de personas migrantes pero cuya visibilidad mediática siempre ha sido para personas blancas y nacionales, como el caso de la ecuatoriana Aída Quinatoa, quien ha luchado contra los desahucios desde el año 2007 y, a pesar de la constancia que ha tenido dando la pelea desde la base del movimiento, su presencia como referente de éste a nivel mediático es mínima comparada a la de Ada Colau. Aída declaraba hace unos años en una entrevista: “Si España no fuese racista, la gente hubiese escuchado lo que los migrantes estábamos diciendo y evitado todo lo que vino después con los desahucios”.

Afroespañola: No estoy para nada metida en movimientos sociales de base de mayoría blanca porque me repelen. El trato es el mismo que en las instituciones, ese 'quiero y no puedo'. Noto que tanto comunistas como anarquistas como feministas blancas en los movimientos sociales no están acostumbrados a tratar con personas racializadas al mismo nivel. El nivel condescendiente de "me he ido a dar de desayunar a los manteros de la calle y ha sido increíble", sí. Ahí no les importa interactuar con ellos, es más, ¡se sacan fotos y todo!, ¡qué buena persona soy! Sin embargo, cuando se encuentran con una persona de color crítica con sus actuaciones y tácticas que les obliga a que se pongan en su nivel les incomoda. Les incomoda muchísimo por lo que optan por alejarse de nosotras, no vaya a ser que estén siendo problemáticos, les digamos algo y se líe parda. Y se arruine esa imagen que se han labrado de buenas personas que buscan lo mejor para todos.

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comentarios

1

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    juan domingp
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    21/05/2016 - 1:56pm
    Muy buen articulo, el primero que leo en 51años , con este enfoque, enhorabuena.