El lodo de Idomeni y la esperanza

Un día antes del acuerdo, centenares de refugiados intentaron cruzar las fronteras de Macedonia. Haciendo frente a la represión, regresaron a Idomeni con la esperanza de que el acuerdo les permitiera seguir el viaje. Ahora, los 13.000 refugiados de Idomeni no esperan nada.

, periodista, activista e investigadora en la Universidad de Panteon (Atenas)
02/04/16 · 9:00
Dos niñas juegan en el lodo de Idomeni. / Marios Lolos

El acuerdo entre la UE y Turquía del 19 de marzo sobre refugiados supone un cambio de página para Grecia y para las vidas de los migrantes. Según el acuerdo: “Todos los inmigrantes ilegales que lleguen desde Turquía hacia las islas griegas serán devueltos a Turquía empezando desde el 20 de marzo de 2016”. El acuerdo, que confirma a Europa como fortaleza inaccesible, ahoga también las esperanzas de los refugiados para encontrar una vida mejor. Unas esperanzas ahogadas en el lodo de Idomeni, en la frontera norte con Macedonia, al mismo tiempo que la atención de la prensa se centraba en la visita de Angelina Jolie a Grecia. Si las aguas de Egeo y del Mediterráneo son las tumbas marinas para miles de inmigrantes y refugiados, su tormento sigue en los campos de concentración –llamados centros de hospitalidad–, donde los niños nacen en cajas de cartón.

Un día antes del acuerdo, centenares de refugiados intentaron cruzar las fronteras de Macedonia. Haciendo frente a la represión, regresaron a Idomeni con la esperanza de que el acuerdo les permitiera seguir el viaje. Ahora, los 13.000 refugiados de Idomeni no esperan nada. Entre ellos hay 4.000 niños, 30 de ellos no acompañados. Todos residen en condiciones deplorables, queman desechos de plásticos para calentarse.

Protestas diarias

Después del acuerdo, las protestas son diarias en las fronteras y los lugares de concentración. En Idomeni o en el hot spot de la isla de Chios, miles de refugiados demandan condiciones dignas. El 1 de abril, 500 migrantes lograron escapar del campamento de Chios. En el puerto del Pireo, más de 5.000 personas se niegan a entrar en los autobuses que llevan a los refugiados a los lugares de concentración, que ya han pasado a estar bajo control del Ejército. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos ha suspendido su acción en las islas denunciando el acuerdo y las detenciones obligatorias de los refugiados que llegan de Turquía. Al mismo tiempo, 150 refugiados denunciaron el 21 de marzo que les llevaron al puerto del Pireo con esposas.

Cuando sea obvio que Grecia no es un país de tránsito, sino un país de reubicación para los refugiados, surgirán nuevas tareas

Según las estimaciones del Gobierno, en el momento actual más de 52,000 refugiados están atrapados en Grecia. Los que han llegado después del 21 de marzo se repatriarán a Turquía aunque sus familias estén aquí. Parece que hasta ahora los refugiados no quieren solicitar asilo. Esto significa que trataran de seguir cueste lo que cueste hacia Italia y el resto de países europeos. No cabe duda de que las redes criminales de tráfico de inmigrantes ilegales y refugiados seguirán creciendo, así como la explotación y la pérdida de miles de vidas, a diferencia de los objetivos declarados por la Unión Europea.

Las imágenes para todos los que estábamos en el Pireo o en Idomeni estas semanas eran emocionantes. Si por un lado los refugiados sufren la desesperación y se encuentran en un impasse, por otro lado la solidaridad del pueblo griego se ha mostrado impresionante. Vivimos un movimiento de solidaridad y apoyo en cada ciudad y remoto lugar de Grecia. En el puerto del Pireo, miles de griegos, a pesar de la retórica racista, no paran de llegar para dejar comida, ropa y medicinas. Médicos, actores o psicólogos ofrecen sus servicios voluntariamente a pesar de los esfuerzos gubernamentales para controlar la solidaridad de estructuras específicas.

El 19 de marzo, dos días antes del Día Internacional contra el Racismo, miles de personas se manifestaron en las grandes ciudades reivindicando la eliminación de las fronteras. Otra de las demandas de los movimientos antirracistas y solidarios es abrir las casas abandonadas en las ciudades para los refugiados. Muchas familias, en respuesta al argumento racista “acogedlos en vuestras casas”, decidieron abrir sus viviendas para acomodar a refugiados y niños no acompañados. 

Poco a poco, cuando sea obvio que Grecia no es un país de tránsito, sino un país de reubicación para los refugiados, surgirán nuevas tareas. Mantener la solidaridad y confrontar el racismo y la xenofobia. La solución la buscaremos juntos, refugiados y griegos. 

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