El Reino de España es un campo de minas

¿Habremos votado por encima de nuestras posibilidades? Todo indica que el golpe de mano del extremocentrismo augura tiempos más que interesantes.

10/03/16 · 12:00
Mitin de Podemos en Valencia en enero de 2015. / Vicente José Nadal Asensio

No está bien auto-citarse, pero me gustaría seguir un hilo conductor. Comentaba en el último artículo publicado aquí que una multiplicidad de factores endógenos y exógenos amenazan la estabilidad política del sistema monárquico-parlamentario y consociativo salido del 78.

Es un diagnóstico compartido desde hace tiempo en los márgenes izquierdos del espectro político (antes "periféricos" o reducidos en lo representativo) que supieron entrar con fuerza en el escenario abierto por el movimiento 15-M y sus réplicas, primero en Galiza en 2012 a través de Alternativa Galega de Esquerda, luego en las elecciones al Parlamento Europeo a través de Podemos 1.0, posteriormente en las municipales de mayo de 2015 con las candidaturas de unidad popular como experiencias colectivas y ariete institucional diseminado a lo largo y ancho del territorio estatal y, finalmente, en las Elecciones Generales de diciembre con una composición de escaños y voto popular reflejado en las cámaras completamente inédita por su alta fragmentación.

Diagnóstico que comienza a formar parte del sentido común y pocos se atreverían a cuestionar; ni siquiera desde las filas conservadoras.

Como resultado: empate catastrófico y un bloqueo institucional que encierra tal cantidad de lógicas contradictorias, intereses contrapuestos, intrigas y posibles resoluciones que harían temblar al más audaz e intrépido de los conspiradores renacentistas.

Y tan sólo, salvo giro inesperado, salidas de gobernabilidad que pasan a día de hoy inevitablemente por algún tipo de entendimiento entre el "Gran Centro" (Enric Juliana dixit) configurado por el matrimonio de conveniencia Sánchez&Rivera y el Partido Popular para evitar la repetición de comicios e intentar así apuntalar una suerte de restauración de Régimen tutelada, incluyendo mínimas reformas cosméticas a través de un gobierno excepcional y de corta duración. A imagen y semejanza del proceso que desembocó en la elección de la Mesa del Congreso, con sus posibles variaciones.

De lo contrario, la consigna es aburrir al personal e insistir en responsabilizar de la situación de ingobernabilidad al espacio democratizador y plurinacional de cambio representado por Podemos, En Comú, En Marea, Compromís e IU-UP, arrastrando al país a una repetición electoral que bien podría haberse evitado y que podría no alterar el escenario sustantivamente.

Sin perder de vista en ningún momento el gran reto político que supone para el Estado el gobierno independentista de la Generalitat de Catalunya o uno hipotético en la Lehendakaritza, lo que explica buena parte de las motivaciones que empujan a estas alianzas contranatura en clave de frente nacional, junto a la obediencia ciega a las directrices de Bruselas.

La estrategia más acertada, ilusionante y con posibilidades de éxito sería forjar una Gran Confluencia de las izquierdas a imagen y semejanza de las triunfantes candidaturas de unidad popular

En cuyo escenario, la estrategia más acertada, ilusionante y con posibilidades de éxito sería forjar una Gran Confluencia de las izquierdas a imagen y semejanza de las triunfantes candidaturas de unidad popular.

El status quo, y sus altavoces en permanente estado de alarma, supieron identificar muy bien en mayo de 2011 que aquello suponía una sacudida que agitaría los cimientos de todo un edificio político, electoral y cultural sustentado en determinado orden consensual y contrato social que había quebrado por la base: en un bloque oligárquico y partitocrático que se proyecta(ba) hacia abajo a través de los principales eslabones de la cadena de poder (justicia, administraciones, etc…) con un aparato propagandístico cada vez más estrecho y controlado, sólo contrapesado por la explosión de la web digital y el uso de las redes sociales como fuente de contraste informativo, pues también la credibilidad de ciertos medios de comunicación tradicionales comenzaba a hacer aguas por aquel entonces.

Orden y metodología corrupta que ahonda sus raíces en el tiempo pero que se paseaba ya desnudo al colisionar con las condiciones materiales de amplias capas de población trabajadora cuando llegaron a los hogares los efectos de la cronificada situación de "crisis" capitalista, como son: precariedad laboral y altísimo desempleo, desahucios, desigualdad de género o pobreza. Brecha social.

Aquel momento fundacional repartió nuevos roles y redefinió un campo de acción en el juego político que fue dibujando en lo sucesivo la ya famosa y resucitada guerra de posiciones, encontrándose ahora en un punto álgido de decantación.

Y me explico: el 15-M, junto al resurgimiento de la protesta social después de demasiados años de atonía e individualismo inducido, fueron recibidos como una gran amenaza que al ir adoptando formulaciones mínimamente organizativas y político-electorales (e ir produciendo nuevos liderazgos en el camino) no recibieron más que ataques y gruesos calificativos; infundios, calumnias e intentos de desprestigio que por lo civil o lo criminal habrían de arrinconarlos y ser presentados ante la opinión pública no ya como síntoma de una sociedad civil activa, re-politizada y madura (republicana), y como oportunidad democratizadora, sino como el regreso de los viejos fantasmas guerracivilistas.

Por todos los medios posibles al alcance, en especial a través de la maquinaria propagandística (pero también con episodios de connivencia entre ésta y la judicatura: caso titiriteros como ejemplo más reciente) se propusieron destrozar a un adversario que, visto como enemigo, se debía disciplinar por insubordinación al haberse salido del redil: supuesta connivencia con ETA, supuesta defensa mimética del modelo venezolano para una realidad ajena por completo, supuestos vínculos económicos y políticos con Irán, agitación del fantasma del comunismo soviético…y todo el manual goebbeliano para repartir etiquetas e identidades que fijasen en parte del imaginario popular aquello más conveniente para las élites.

Contrariamente, lo hizo más fuerte, aún constatándose un repliegue de la lucha popular en las calles que parece abocado a resurgir algún día. El nivel de ilegitimidad en la otra parte es tan alto por su pasado mediato e inmediato, y por sus actuaciones y movimientos presentes, que a muchos les cuesta entender cómo es posible que ese espacio tan plural pero articulado no sólo resista si no que, elección tras elección, continúe avanzando y consolidando apoyos. Aunque no está exento de sufrir serios reveses. Y ese momento de riesgo es ahora.

La virulencia de los ataques, los precarios equilibrios y amenazas que se ciernen para el mejor ensamblado y funcionamiento de las confluencias en el proceso de construcción de unidad popular (explotadas por los rivales bajo todo tipo de argucias) podrían decantar finalmente la balanza hacia un bloque restaurador que alienta y aprovecha cualquier tipo de polémica, menor desliz o error de comunicación para conseguir el objetivo de desactivar la amenaza a sus posiciones de privilegio y de poder.

Está en juego la posibilidad de estirar todavía más un modelo fracasado, bajo la atenta mirada de unas instituciones europeas dispuestas a violentar la voluntad popular si es menester

Porque esto, y no otra cosa, es lo que está en juego: que sigan en el poder los mismos de siempre haciendo lo mismo, o que nuevos actores regeneren y enriquezcan la vida pública al tiempo que adoptan políticas alternativas en lo social, lo económico, lo institucional o en el plano territorial respecto al encaje de las naciones sin estado.

Está en juego la posibilidad de estirar todavía más un modelo fracasado, bajo la atenta mirada de unas instituciones europeas dispuestas a violentar la voluntad popular si es menester (ver Grecia). Capítulo al margen merecería la valoración sobre una UE náufraga y desnortada en múltiples frentes. Tantos que parece estar implosionando a ojos del mundo y de la Historia.

Esa decantación puede ser fulminante si se concreta la Gran Coalición restauradora ya que puede preveerse que tendrá efectos inmediatos en la estabilidad de aquellos gobiernos municipales y autónomos en los que PSOE y Podemos, de una u otra forma, colaboran: el primero vive instalado en el pánico a perder la condición de "primer partido de la izquierda", sometido a altísimas presiones externas e internas, echado hoy a lomos de la derecha a nivel discursivo y de praxis política. Algo común a la socialdemocracia nominal europea.

Al segundo se le puede achacar impaciencia y algunos movimientos erráticos, pero no falta de valentía al ofrecerse como garante de un gobierno de coalición aún existiendo la posibilidad cierta de una nueva recesión económica.

El acuerdo neoliberal entre PSOE y Cs es inasumible por la izquierda, y todos los actores lo saben. Podemos e IU-UP no pueden, de ninguna forma, convertirse en fuerzas subalternas que apoyen, por acción u omisión, un pacto con ese contenido en esta coyuntura.

Sería (eso sí lo sería) traicionar a sus votantes y perder toda esperanza de cambiar las cosas en el estado y en Europa. Ese posible acuerdo a tres bandas entre los restauradores supondría, de hecho, un fraude democrático de enorme magnitud.

El PSOE prioriza la estabilidad del Régimen monárquico y neoliberal a la ideologíaLa dirección oficial y en la sombra del PSOE, sin embargo, no atisba problema en ello. Tiene sobrada experiencia y una larga historia. Prioriza la estabilidad del Régimen monárquico y neoliberal a la ideología. Se presentó a las elecciones con un programa mínimamente socialdemócrata que ha saltado ya por los aires a los dos meses en el acuerdo con Albert Rivera, neto vencedor en este proceso post-electoral: propuestas políticas de 40 escaños, que ya son 130. Y opciones de ser propuesto por el Rey. ¡Eso es centralidad del tablero!

El tiempo que resta hasta que sepamos la resolución del enigma será un campo de minas y una batalla sin cuartel para desprestigiar y responsabilizar a la izquierda realmente existente, que representa la última esperanza para democratizar el Estado y revertir el austeritarismo dominante que está destrozando las economías del Sur al tiempo que extiende las condiciones para el crecimiento de movimientos xenófobos y neonazis en el conjunto del continente. Y la socialdemocracia, una vez más, se ve arrastrada al caos por rehusar del antagonismo y, al fin, de la Política.

¿Habremos votado por encima de nuestras posibilidades? Todo indica que el golpe de mano del extremocentrismo augura tiempos más que interesantes.

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