Crisis de los refugiados
Lesbos, puerta a Europa

Hacemos un repaso con Andreas, activista griego miembro del proyecto Nómadas del Mar, sobre la crisis de refugiados, su paso por Lesbos y las políticas de la UE.

23/02/16 · 18:27
Llegada de refugiados a Lesbos. / Olmo Calvo

Cada minuto 30 personas se ven obligadas a abandonar su país y buscar refugio en otras tierras. Hablamos de más de 60 millones de refugiados, cifras que superan a las de la II Guerra Mundial. También hay quienes se desplazan porque son nómadas, en este caso nómadas solidarios como Andreas, activista griego miembro del proyecto Nómadas del Mar, un barco colectivo que viaja allí donde puede establecer contacto con otros movimientos autónomos y solidarios. Esta vez su rumbo les llevó hasta la isla de Lesbos. Allí han trabajado como voluntarios, además de realizar actuaciones diarias de música, circo y acrobacias para animar los días de espera y sufrimiento a los refugiados que llegan a la isla.

La isla y el viaje

La isla de Lesbos se encuentra en el mar Egeo, al noreste. Es la tercera isla más grande de Grecia, cuenta con unos 85.000 habitantes y su capital es Mitilene, donde viven prácticamente la mitad, el resto de la isla es bastante desértica. “Lesbos se encuentra muy cerca de Turquía y es un paso fácil para cruzar de Asia hacia Europa. Fácil según las condiciones, claro. Desde el pasado verano el número de personas que han hecho el viaje como refugiados ha duplicado la población de la isla. Entre agosto y octubre han llegado a cruzar entre 5.000 y 10.000 personas al día. La cantidad ha descendido con el invierno, pero siguen llegando”. 

"Tratan de atravesar los Balcanes hacia el norte, piensan que en Alemania y en los países escandinavos pueden encontrar una vida mejor”

Lesbos no es la única isla a la que tratan de llegar los refugiados. Cios, Kos, Samos también son testigos de este fenómeno masivo de huida hacia Europa. “El objetivo de los miles de refugiados que llegan a las islas griegas es ese, entrar en Europa, pisar suelo griego para después tratar de proseguir el viaje hacia la frontera con Macedonia”. Esta frontera está blindada con las vallas de concertinas, esas cuchillas que hemos visto en Melilla y que son de fabricación española. “Después tratan de atravesar los Balcanes hacia el norte, piensan que en Alemania y en los países escandinavos pueden encontrar una vida mejor”.

La mayor parte de los refugiados que llegan a Lesbos proceden de Siria, huyen de una guerra que dura ya cinco años, con más de 300.000 muertos y que ha dejado su país totalmente destruido por la barbarie. Pero también llegan gentes de otros lugares, como egipcios, o marroquíes que cruzan el Mediterráneo de parte a parte para entrar en Europa pensando que tal vez así será más difícil que les deporten si los detienen. Otros llegan de países lejanos como Irak o Afganistán, de donde llegan familias después de marchas a pie de 18 meses. Llegan familias enteras, mujeres embarazadas, ancianos, niños, personas con discapacidad...

“Cuando llegan a la costa de Turquía las mafias les esperan para vender pasajes en embarcaciones precarias de cualquier tipo, de seguridad mínima, que cuestan alrededor de mil euros por persona. Muchos sirios de clase media pagan con sus ahorros estos pasajes”. Andreas quiere relatar un caso concreto ocurrido hace pocas semanas. “Se trata de un autobús de refugiados que tuvo un accidente viajando por Turquía hacia la costa. Hubo varios heridos, personas con brazos y piernas rotas que, sin siquiera atención de primeros auxilios, embarcaron en las lanchas y llegaron a la Lesbos en condiciones lamentables”. Como hemos visto en las televisiones europeas, muchos no superan la travesía; “para los que consiguen llegar a la isla comienza otra odisea”.

“Llegan cansados, destrozados por el viaje, con cierta alegría por haber logrado su objetivo, pero psicológicamente muy mal"

Viajan con lo mínimo, una maleta con ropa y con el teléfono móvil siempre. “Llegan cansados, destrozados por el viaje, con cierta alegría por haber logrado su objetivo, pero psicológicamente muy mal. Hasta el pasado verano no existían campamentos a pie de costa, por lo que la gente llegaba a tierra agotada, mojada, sin haber comido en tiempo y debiendo caminar todavía varios kilómetros para llegar a la ciudad y registrarse en los centros. Desde hace un tiempo ya hay voluntarios que esperan a los refugiados en la costa. Se meten en el agua para sacarlos y se encuentran también muchos cuerpos sin vida. A los supervivientes les dan comida y ropa seca y en coches particulares o autobuses los llevan hacia la capital”.

Andreas, que ha pasado los dos últimos inviernos en Lesbos, ha vivido en primera persona la trasformación de la isla con la llegada masiva de refugiados. Con su proyecto Nómadas del Mar sigue trabajando allí. “Tratamos de ayudar a nuestra manera. También hemos estado a pie de playa ayudando a la gente a salir del mar. Es un trabajo muy duro, se viven momentos críticos y situaciones muy difíciles de asimilar. Los refugiados no paran de llegar a cada rato y es importante que haya un relevo en los voluntarios”.

Recibimientos

En situaciones extremas como ésta sale a relucir el verdadero carácter de las personas. Hay gente que se aprovecha y gente que muestra su solidaridad. “Nunca hubo en Lesbos tanta gente, ni siquiera con el turismo, y la isla no tiene capacidad para acoger a tantas personas. Al principio hubo mucho rechazo por parte de la gente local. Luego la avalancha de voluntarios y policías, además de los refugiados, ha provocado un auge de la economía en la isla. Viviendas que estaban vacías ahora están todas alquiladas a precios mucho mayores que antes, igual que los coches. Los hoteles y los bares están llenos. Ha habido un momento que en los quioscos una botella de medio litro de agua ha pasado de valer 50 céntimos a dos euros. Las compañías de teléfonos montan sus puestos delante de los campamentos para vender móviles y tarjetas a los refugiados. La llegada de un sinfín de ONG, instaladas tanto en la costa como en la capital, ha supuesto muchos puestos de trabajo para la gente local”.

Al tratarse de una zona de paso para los refugiados, otro negocio que se ha incrementado es el de los ferris que llevan hacia la Grecia continental. “Antes había un solo ferry que cruzaba diariamente hacia el puerto de Kavala, cerca de Tesalónica, y otro hacia el Pireo en Atenas. Ahora las compañías navieras han puesto a funcionar entre cuatro y cinco ferris al día que cobran unos 50 euros por pasaje”.

"Luego la avalancha de voluntarios y policías, además de los refugiados, ha provocado un auge de la economía en la isla"

En Mitilene el CIE (centro de internamiento de extranjeros) de Moria se levantó para funcionar como cualquier otro de los CIE que conocemos en el Estado español y otras partes de Europa. “Ahora es un centro de acogida dividido por sectores. En unos módulos sigue habiendo gente encerrada, en otros se encuentran los adolescentes que se han quedado solos durante la travesía y que por su condición de menores reciben un trato diferente.

Alrededor del CIE de Moria hay otros campamentos donde se recibe a gente que pasa allí unos días y luego intentan seguir el viaje. También existen varios colectivos autónomos que han instalado sus tiendas y sus jaimas y dan acogida a los refugiados. Se trata de voluntarios que van por libre, montan campamentos y hacen comedores de forma gratuita para los refugiados”.

Uno de estos colectivos es Pikpa, un proyecto autónomo que lleva funcionando desde hace más de tres años. “Prestan ayuda a la gente que ha perdido a sus familiares en la travesía, también a niños que llevan varios meses allí acogidos, embarazadas que acaban de parir, e incluso refugiados políticos”. La situación de los menores es bastante delicada. Se calcula que hay unos 50.000 niños que han desaparecido por Europa y se encuentran a merced de las mafias del trabajo y la explotación sexual.

Pikpa acoge también a muchos refugiados kurdos cuya situación política es más complicada, en parte por el enfrentamiento que su pueblo mantiene con Turquía. “En torno a Mitilene funcionan otros colectivos como Musaferat, que además de prestar ayuda a los refugiados hace campaña contra los CIE, y No Border Kitchen, que cada día hace comida para los refugiados y voluntarios en esta parte de la costa. Al norte de la isla actúa el proyecto Plátanos recibiendo las lanchas, ayudando a salir del agua a los refugiados, proporcionándoles ropa seca y comida y llevándolos a la capital en autobuses o coches particulares”.

Sobre este tipo de colectivos, Andreas nos cuenta una iniciativa de ocupación llevada a cabo entre refugiados y voluntarios. “Se ocupó un edificio que pertenecía a un sindicato del partido comunista y que habían abandonado para trasladarse a uno en mejores condiciones. Aunque no les gustó que se ocupara, después lo cedieron como muestra de solidaridad. Se hicieron algunas reformas en el edificio, se puso calefacción, una cocina y aseos para la gente. Sin embargo, menos de una semana después grupos del sindicato aparecieron con cascos y palos para echar a los refugiados y el edificio se cerró finalmente”.

Estos colectivos libres y autogestionados, muestra clara de la existencia de la solidaridad internacional más allá de la burocracia de los Estados, están teniendo problemas con las ONG, los gobiernos locales y la policía. “Para las ONG que compiten entre ellas por posicionarse como mejor proyecto y recibir subvenciones, los colectivos autónomos resultan molestos. El Gobierno de Syriza parece que va a tomar cartas en el asunto aprobando leyes para que las personas que quieran hacer trabajo voluntario deban estar registradas en alguna institución o como parte de una ONG. Es un intento de regular el voluntariado”.

Policía de fronteras y UE

La otra presencia numerosa y excepcional que ha llegado a la isla es la de Frontex, policía de fronteras de la UE, y los Ejércitos de varias partes de Europa. “Hay policía de Polonia y Alemania, barcos militares rusos, búlgaros, italianos y portugueses. Su actuación en cuanto a prestar ayuda a los refugiados sencillamente no existe. Toda esta policía y militares de otros países tienen los mismos derechos que las fuerzas locales, a veces más, por lo que el Estado griego tiene poco que decir en las islas”.
 

"Toda esta policía y militares de otros países tienen los mismos derechos que las fuerzas locales, a veces más"

La UE habla de esta situación de emergencia como algo coyuntural que acabará pronto. Sin embargo, otras actuaciones de la propia UE parecen desmentir sus predicciones, como los rumores y amenazas de exclusión de Grecia del espacio Schengen (tratado que permite la libre circulación de personas en los países miembros de la UE). Esto supondría que Grecia quedaría aislada con el problema de los refugiados, ya que la UE se desentendería al no contar al país heleno dentro de su espacio fronterizo. En este sentido, Turquía ha recibido fondos de la UE por valor de más de 3.000 millones de euros para que el Gobierno turco frene la entrada de refugiados a Europa. “La llegada masiva de ONG que se están instalando en las islas griegas montando sus equipamientos y oficinas también parece desmentir la predicción de que se trata de un fenómeno pasajero y de igual modo el incremento cada vez mayor de policía internacional”.

Durante los últimos 25 años, Grecia ha estado rodeada de conflictos que de alguna u otra manera han afectado al país; las guerras de Yugoslavia, Kosovo, Chechenia, Líbano, la guerra del Golfo o los conflictos en Libia o Egipto. “La situación como país fronterizo y zona de paso entre Europa y Oriente han supuesto muchos problemas internos. El cierre de fronteras en otros países europeos, como Alemania, creará nuevas situaciones de dificultad. Ya se habla de levantar campos de refugiados a las afueras de las grandes ciudades griegas, como Atenas, con capacidad para 400.000 personas, y Tesalónica, que sería algo más pequeño. En 1922, un millón y medio de refugiados tuvieron que abandonar Turquía para ir a vivir a Grecia, lo que supuso una importante trasformación social del país. Hoy no sabemos qué va a pasar”.

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