Racismo
El antigitanismo europeo y la izquierda transformadora

La solidaridad internacionalista de la izquierda occidental no está interesada en el sufrimiento humano que produce el antigitanismo.

, redactor de la 'Guía de recursos contra el antigitanismo'
16/01/16 · 8:00
Niñas gitanas rumanas se despiden de sus familiares el primer día de cole en la Cañada Real (Madrid) / José Alfonso

Según la Liga Internacional de Derechos Humanos y el European Roma Rigths Center, sólo durante el año 2015, 11.128 personas gitanas fueron expulsadas en Francia por la fuerza de los lugares en los que vivían. Así mismo, durante 2014 y 2013, las autoridades del país galo expulsaron a un total de 32.000 gitanos y gitanas sin ofrecer solución alguna a su situación de vulnerabilidad. Sólo en tres años, 43.128 personas han sido literalmente barridas de sus precarios asentamientos por motivos étnicos y económicos en el país de la igualdad, la legalidad y la fraternidad. ¿Hacia dónde? Hacia el vacío mediático. Tal y como ocurre en las películas románticas –permítaseme la odiosa metáfora–, no sabemos qué ocurre después de que los personajes se enamoren, ya que es ahí donde concluye la historia. El final feliz compulsivo francés parece consistir en expulsar una y otra vez a la diferencia gitana y pobre de su escenario civilizatorio precariamente esterilizado.

Durante estos meses, a causa de los atentados de París, son muchas las miradas adiestradas que denuncian la denostable gestión de carácter colonial que los sucesivos gobiernos franceses practican con la diferencia cultural en el interior de sus fronteras. Un diagnóstico como éste nos emplaza a profundizar en la gran responsabilidad que la Europa racista y xenófoba ostenta en la paulatina y silenciosa radicalización del gueto occidental subalternizado. Sólo cuando dicha realidad salpica la metrópoli del blanco y su familia, el Estado comienza a preguntarse si habrá formas menos violentas de tratar a las comunidades otras.

Por regla general, dado el desastroso desconocimiento general sobre su compleja y sangrante realidad, la comunidad gitana no es objetivo de este tipo de análisis. Algo así es significativo tratándose del grupo humano racializado más numeroso y antiguo de Europa. Sin embargo, determinadas voces europeas comienzan a prestar atención a cómo el denominado Daesh está ganando apoyo entre la comunidad gitana en los Balcanes, una zona donde anteriormente el fundamentalismo no tenía ningún éxito. Según un artículo publicado en la web Politico.eu: “Durante los últimos dos años, Bulgaria ha dedicado una considerable atención y recursos a la construcción de un muro en la frontera para impedir la entrada de refugiados e inmigrantes del Medio Oriente. Pero ha estado construyendo muros entre sus propias comunidades por mucho más tiempo.

Décadas de abandono de la sociedad y de las instituciones de Bulgaria ha llevado a que muchos romaníes se sientan marginados, creando un terreno fértil para los fundamentalistas religiosos, de acuerdo con los lugareños y expertos en las comunidades romaníes y la radicalización”. Sería peligrosamente ingenuo y manifiestamente miope atribuir únicamente las razones de esta problemática emergente al poder magnético del islamismo radical en Occidente. Cuando nos referimos a las comunidades en las que éste encuentra su mejor caldo de cultivo nos tropezamos una y otra vez con una realidad insoslayable: la marginalidad identitaria y material genera violencia material e identitaria.

La discriminación judicial, la segregación escolar, los linchamientos y manifestaciones racistas contra las gitanas y gitanos forman parte de la cotidianidad europea

Es necesario recordar, aun de forma somera, cuál es la realidad del pueblo rom en Europa. Organizaciones de prestigio como el mencionado European Roma Rigths Center o la organización Amnistía Internacional, entre tantas otras –entidades poco sospechosas de servir a los intereses geoestratégicos de la izquierda radical–, aseguran que la discriminación judicial, la segregación escolar, los linchamientos y manifestaciones racistas contra las gitanas y gitanos forman parte de la cotidianidad europea. Así mismo, la discriminación en el ámbito de la vivienda, de la sanidad y la explotación laboral están, en román paladino, a la orden del día. La construcción de muros antigitanos en Eslovaquia y Portugal, entre otros países, ha sido invisibilizada por los medios de comunicación europeos, salvando las honrosas y escuetas excepciones, aunque la información está al alcance de la población mayoritaria. A pesar de que las noticias han tenido poca repercusión, especialmente en ámbitos relacionados con la izquierda alternativa, periódicos como El Mundo o El País han dedicado varios artículos a las situaciones nombradas.

Una mención especial merecen los numerosos procesos abiertos en Eslovaquia y República Checa por el Centro de Derechos Reproductivos Poradna Pre Obcianske a Ludské Práva, en colaboración con la investigadora Ina Zoon, que demuestran la existencia de al menos 110 casos de esterilización forzosa de mujeres gitanas durante los últimos años. El maltrato policial y los asesinatos impunes perpetrados en Bulgaria, Rumanía, Rusia; las acusaciones falsas de rapto de menores en Grecia, Irlanda; las explusiones en Serbia y Kosovo, así como la nueva expulsión de los mismos en Alemania y la criminalización mediática en Suiza y en Suecia, respaldan las palabras de Amnistía Internacional durante 2014: “Los Estados europeos no están reduciendo la discriminación, la intimidación y la violencia contra los gitanos y, en algunos casos, incluso las alimentan”.

En este contexto de asedio y marginación estructural, el Gobierno sueco publicaba en 2014 su Libro blanco, texto en el que reconocía que durante 100 años “marginó y esterilizó al pueblo gitano”, tal y como reseñaba El País. Desarticulando el falso discurso de la situación romántica e idílica de los gitanos que determinados Estados europeos, entre los que se encuentra el español, mantienen, la Asociación Europea de Derechos Humanos (AEDH) sostenía en su informe de 2012 que: “La situación de los gitanos es dramática, violenta, multiforme y permanente. Existe en todos los países europeos, y ningún Estado puede decir que trata y protege a esa población mejor que otro”. Un estudio realizado por la Fundación Mario Maya y la Federación Kamira en el mismo año revelaba la existencia de segregación escolar en centros de Badajoz, Córdoba, Barcelona y Madrid.

Por otra parte, la comunidad gitana sigue siendo, según los datos recogidos en el estudio Identificación policial por perfil étnico en España: informe sobre experiencias y actitudes en relación con las actuaciones policiales, publicado en octubre de 2013, el grupo social más identificado por su perfil étnico. En la última parte de El amor y la ira, cartografía del acoso antigitano, documental independiente realizado por José Heredia y Manuel Maciá, se ofrecen los relatos descarnados de las familias vecinas del barrio de Los Palmerales, en Elche, sobre el hostigamiento policial que sufren, rodeadas del más irracional de los silencios. No es exagerado advertir que dicha situación se produce en cientos de barrios a lo largo del Estado a los que todavía no ha llegado una cámara honesta.

El papel de la izquierda transformadora

¿Para qué enumerar lo anterior? ¿Para desembocar en la rabia y en el victimismo? Decidimos encabezar este artículo bajo el título: “El antigitanismo europeo y la izquierda transformadora”. Hemos hablado de antigitanismo, pero no hemos dicho nada sobre el papel de la izquierda transformadora en los asuntos que nos conciernen. No es casual: dicha relación es absolutamente inexistente. No se produce relación alguna más allá de la generada por determinadas personas sensibles que deciden reaccionar a nivel individual ante lo que está ocurriendo con su propia otredad cultural en su propia geografía nacional. Por lo general, la agenda tradicional de la izquierda, sea cual sea la tradición en la que se enmarque, ha elaborado un discurso antirracista o decolonial –cuando lo ha hecho– que se dirige hacia realidades lejanas y ajenas a su cotidianidad. Realidades atractivas y exóticas en países atractivos y exóticos que generan la fascinación necesaria desde el punto de vista occidental.
 

El pueblo gitano carece de un discurso sensacional que conecte con la sensibilidad pequeño burguesa de los jóvenes intelectuales blancos de la metrópoli

Exceptuando la existencia del valiente movimiento contra los Centros de Internamientos para Extranjeros y el reciente apoyo masivo a los refugiados, lo que se produce a nivel de discurso y práctica poco tiene que ver con los propios problemas relacionados con el racismo y la xenofobia en la vida de los jóvenes militantes de los movimientos altermundistas. La solidaridad internacionalista de la izquierda occidental no está interesada en el sufrimiento humano que produce el antigitanismo. Es entendible. El pueblo gitano carece de un discurso sensacional que conecte con la sensibilidad pequeño burguesa de los jóvenes intelectuales blancos de la metrópoli. No hay pasamontañas, pipas, ni chistes inteligentes que rememorar en la cafetería de la facultad. No hay líderes carismáticos, ni guerrillas exóticas a las que acudir para aprender nuevas formas de enfrentar al capitalismo y de conformar comunidad. Los gitanos y gitanas, por ahora, no tienen ningún confederalismo democrático con el que alumbrar la desorientación filosófica de la vieja izquierda europea. Tampoco tienen un legendario Partido de las Panteras Negras por la Autodefensa o un Partido de los Indígenas de la República.

Por otra parte, las organizaciones gitanas y progitanas obvian una y otra vez la importancia de la naturaleza depredadora del sistema capitalista en la gestión de la diferencia cultural. Ignoran voluntariamente los mecanismos que el sistema pone en marcha contra aquellas vidas que no merecen la pena ser vividas bajo los estándares naturalizados de la acumulación del capital. Sólo tienen en cuenta un supuesto sistema de dominación étnico autónomo, desconectado de la realidad en la que se gesta y por la que está irremediablemente atravesado. Descolonizar es internacionalizar una causa; sacarla de su propio ombligo y colocarla en el centro de la mesa, junto a las demás causas.

Es importante advertir que no estamos atacando la existencia de mecanismos de solidaridad horizontal y apoyo a causas que defienden la vida y organización de comunidades étnicas asediadas como la maya, la kurda, la palestina o la saharahui, entre otras. Creemos en la necesidad de dichos movimientos y los apoyamos con admiración. Lo que estamos señalando, a través de un manifiesto sarcasmo producto de la impotencia, es que es sintomáticamente negativo que esos cientos de jóvenes europeos no se formen ni involucren solidariamente con lo que le está ocurriendo a sus propias minorías en su propia casa. Mantenemos que hay razones para afirmar que hay tras todo ello una actitud y una mirada profundamente desonesta y naíf que escapa a su materialidad, a su historia y a sus propias condiciones sociales.

Es hora, sin abandonar lo otros frentes, de comenzar a intentar involucrarse en este espacio virgen que ha sido coptado astutamente durante décadas por los partidos mayoritarios. Un espacio profundamente cortocircuitado que, sin embargo, ofrece un amplio abanico de posibilidades para alumbrar la emergencia de nuevas respuestas al inhumano orden imperante. Tarde o temprano, la realidad del antigitanismo explotará en la cara de Europa. No hay duda, todo el sufrimiento y la marginación producidos salpicarán la vida entera de Europa de una manera que ni siquiera podemos imaginar. Tal y como reseñábamos al principio, el fundamentalismo comienza a encontrar eco en las comunidades gitanas de los Balcanes. Podemos estar seguros y seguras de que las cosas irán a peor, de que padeceremos las consecuencias de nuestro abandono y de nuestro desprecio. Todavía estamos a tiempo. Las vidas gitanas importan.

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