Análisis
París, Siria, ISIS: sin novedad en el frente

Un ciclo eterno de intervenciones, dictaduras y yihadismo.

, escritor y analista
02/12/15 · 8:00
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Maniobra conjunta de tropas estadounidenses e iraquíes en 2009.

No se pueden abordar con serenidad y realismo los atentados de París ni la lucha contra el ISIS sin recordar, de entrada, que la mayor parte de las víctimas del yihadismo y la mayor parte de los que lo combaten están en Siria e Iraq y son musulmanes; y que los autores del crimen atroz de Francia del 13 de noviembre son franceses o belgas y, en cualquier caso, europeos. Esto quiere decir que, a la hora de buscar responsabilidades, es importante fijar la atención en los factores locales y no sólo en los globales.

En este sentido, señalemos que en Iraq y Siria los responsables originales sobre el terreno son, respectivamente, la invasión de EE UU de 2003 y la dictadura de Bachar Al-Assad, a la que se añaden después, en uno y otro país, las políticas sectarias del Gobierno proiraní de Al-Maliki y la financiación por parte de Arabia Saudí y otros países del Gol­fo de los grupos yihadistas opuestos a la dictadura siria. En Francia y en Europa, la responsabilidad corresponde al fracaso de las políticas de integración, a la islamofobia alimentada por políticos, medios de comunicación e intelectuales de prestigio y a una política exterior basada en la venta indiscriminada de armas y en alianzas geopolíticas incompatibles con la defensa de los derechos humanos y los “valores universales”.

Más nihilista que religiosa

Al mismo tiempo, hay que recordar que, en realidad, el horrendo crimen de París ha introducido un elemento emocional muy intenso, pero ninguna novedad efectiva. El yihadismo lleva muchos años atentando –desde el 11S de 2001– en ciudades occidentales y, sobre todo, africanas y medioorientales. Si la aparición del ISIS, rama desgajada de una organización nacida en 2006 a partir de una escisión de Al-Qaeda, constituye una novedad es porque en 2011, en pleno estallido de las revoluciones “árabes”, se la creía agonizante; porque es más occidental y nihilista que “oriental” y religiosa, y porque a partir de agosto de 2014 controla partes importantes del territorio sirio e iraquí. Hay que recordar asimismo que la reacción belicosa y contraprodu­cente del Go­bierno francés, al contrario de lo que puede hacer creer la alharaca mediática, altera poco su política exterior. Francia, como Es­paña, forma parte de la coalición internacional que bombardea Siria e Iraq desde hace un año (8.000 ataques) y, si ha intensificado sus bombardeos en las dos últimas semanas, éstos habían comenzado ya en septiembre.

Aparte de los kurdos y el Ejército Libre Sirio (junto a otros grupos rebeldes), en Siria nadie está combatiendo de verdad al ISIS. Hay como una ficción de “unidad frente al yihadismo”, mientras que, sobre el terreno, todas las partes implicadas se dedican más bien a revolotear, las unas contra las otras, para defender sus propias agendas. El régimen sirio, causante de ocho de cada diez víctimas civiles, sólo ha dirigido un 6% de sus ataques al Estado Islámico; Rusia sigue bombardeando sobre todo milicias rebeldes (en Idlib y Alepo) lejos del territorio yihadista; Turquía está mucho más pendiente de los kurdos y, frente a ellos, da toda clase de facilidades a los seguidores de Al-Bagh­dadi; Arabia Saudí los ha armado por vía interpuesta y además se apoya en ellos en su guerra yemení contra los hutis; y EE UU, según han denunciado los propios rebeldes sirios, ayudó poco en Kobane y sólo ahora comienza a destruir los transportes clandestinos de petróleo de la organización terrorista. Todos están buscando afianzar sus posiciones en la mesa de negociación y lo hacen de la manera más peligrosa (como lo prueba el derribo del avión ruso el 24 de noviembre y la respuesta de Putin), con avioncitos de guerra, bombardeos indiscriminados y declaraciones incendiarias.

No hay nada nuevo y eso es lo malo. Vivimos un inquietante déjà vu, un atroz día de la marmota en el que sólo los muertos son distintos e irrepetibles. La reacción de Francia, sus discursos y decisiones, se inscriben, en efecto, en la continuidad rutinaria que inauguró George Bush en 2001, con sus intervenciones en Afganistán e Iraq, fuente de tantas escaladas terroristas y tantos retrocesos democráticos. El paréntesis esperanzador de las llamadas “primaveras árabes”, cerrado por golpes de Estado y conflictos sectarios inducidos, deja lugar a una reactivación del ciclo eterno –intervenciones, dictaduras, yihadismo radical– en el que llevan décadas atrapados los pueblos de la zona y contra cuya maldición se rebelaron en 2011.

“Desorden global”

Algo, sin embargo, ha cambiado. La debilidad de EE UU ha generado un “desorden global” en el que, por primera vez desde el fin de la Guerra Fría, aliados y rivales se han emancipado de su hegemonía e imponen sus propias agendas. Es ese mismo desorden el que ha propiciado el fin de las fronteras de Sykes-Picot y el control sin precedentes de un territorio por parte de una organización terrorista. Pero, atención, no estamos en guerra. Hay, por un lado, una guerra civil en Siria de cuyo desenlace pacífico y –más o menos– democrático depende la derrota del Estado Islámico; eso implica acabar, al mismo tiempo, con Bashar Al-Assad y con la financiación saudí de los grupos yihadistas. Hay, por otro lado, un problema de terrorismo multinacional que debe ser combatido con coordinación policial, políticas de integración y al margen de todo “populismo penal”, por citar la expresión de la jueza Victoria Rosell.

Pero ni España ni Europa están en guerra. ¿Guerra contra quién? Los paralelismos con el Iraq de 2003 son, en este sentido, incongruentes y sólo favorecen a los que, como Aznar y sus secuaces (incluidos Le Pen y Rivera), tienen una misma y única respuesta para todos los problemas: matar gente en otros países y hacer más vulnerables a sus propios ciudadanos. A eso hay que decir NO siempre; ahora, desde luego, lo mismo que hace un año.

No estamos en guerra, salvo que los revoloteos en Siria e Iraq de unos contra otros acaben oponiendo la OTAN, no al Estado Islámico, sino a los rusos. Lo que tenemos es ya bastante grave, pero eso sería aún más grave, tan grave que todas las partes harán lo posible por evitarlo. Recordemos, en todo caso, que ninguno de los gobiernos que revolotean sobre Siria e Iraq está interesado –y esto es lo verdaderamente trágico– en la democracia y la libertad de los que mueren abajo.

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comentarios

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    Homo Erectus
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    16/12/2015 - 1:29am
    Como siempre SAR diciendo las verdades del barquero. Como siempre manadas de comunistas de pegatina que no han pisado un país árabe en su vida acusándole de estupideces para no tener que asumir que lo que pasa en oriente medio no es lo que su mentalidad frentista y dicotómica desea "los muy güenos contra los muy malos"... Leed a los milicianos Kurdos, a ver que os dicen de vuestro idolatrado Al Assad.
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    Pedro Machin
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    04/12/2015 - 4:25pm
    El señor SAC como siempre en linea con los intereses imperiales yanquis en Medio Oriente y en el Norte de Africa. Recuerdo todo tu odio escrito contra Gadafi y tus alabanzas democraticas para los afiliados de occidente! A quien ayudo lo que paso en Libia? Acaso el pueblo Libio vive mejor?, tiene mas democracia? el norte de Africa es mas seguro?; asumistes el mismo papel contra Al Assad y Siria; tu prefieres Los hermanos musulmanes, el wahabismo fundamentalista manipulado por occidente que un gobierno constituido y que la inmensa mayoria del pueblo Sirio apoya. Para quien trabajas? decir que hay que acabar con el EL al mismo tiempo que con Assad es en coinsidencia lo que quiere y ha expresado el gobierno de EEUU y UE!!!! Que clase de "izquierdista" tu eres que quieres acabar con los regimenes nacionalistas que le han plantado el pecho al Sionismo y que mantienen una convivencia de todas las religiones. Decir que solo el ELS y los Kurdos le hacen frente al EL es una desfachatez de su parte!!!!
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    lois
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    04/12/2015 - 8:26am
    Y como explica el sr Rico que la mayoría de los refugiados estén entonces bajo el régimen de Asad , según ACNUR 6.7 millones...cosa que la prensa nunca citan y que el ejercito sirio han tenido ya más de 70 .000 mil muertos...y como explica entonces los intentos que hacen de recuperar las rutas de Palmira...y la recuperación de Adra despues de la masacre de yihadistas de Al Nusra (rama local de Al Qaeda) y de Jeish al Islam (Ejército del islam, facción predominante en la periferia de Damasco)... donde los deja? , que son rebeldes buenos aun?.... y Libia donde a quedado ?
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    Leandro
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    03/12/2015 - 3:22pm
    Porque los terroristas no invaden israel? Porque la otan y toda la mafia europea no lleva sus bombas democraticas y humanitarias a turquia, arabia saudita, qatar, jordania... No sabes no? Asesinos mercenarios eso son los periodistas atlantistas!
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    Krapocho
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    02/12/2015 - 1:56pm
    Mientes deliberadamente, Santiago, y tratándose del tema de que se trata, eso te convierte en un ser humano horrible. Expones datos sobre Siria totalmente inventados sin citar una sola fuente. Tal vez porque tus fuentes son las agencias que trabajan para vender una intervención militar en Siria. Niegas que el ejército sirio esté combatiendo al Daesh, cuando es una obviedad, pues Daesh es una amenaza muy seria para la seguridad nacional siria. Cualquier niño de 5 años podría entender esto. Además, nombras los bombardeos de la coalición occidental sin comentar su ineficacia y sin comentar que casualmente se intensifican al empezar los rusos, que sí están siendo efectivos, pues bobardean los pozos de petróleo en manos de Daesh (cosa que EEUU nunca hizo porque ese petróleo acaba en Israel y la UE vía Turquía). Atribuyes el epíteto de dictadura al gobierno sirio, cuyo presidente fue refrendado por casi un 90% de los votos, mientras que no atribuyes ninguno a Arabia Saudí, posiblemente la dictadura más sangrienta del mundo. Y a la redacción del periódico Diagonal, he de decirles que, van a perder un lector y suscriptor por seguir mostrando la línea de A. Rico, que ya tiene sobre sus espaldas la defensa de la destrucción de un país como Libia a base de dar pábulo a la propaganda otanista.
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