Desde abajo
La Maison des Réfugiés

Un centro autogestionado de migrantes en París.

, París
06/12/15 · 7:47
Edición impresa
Anita Pouchard Serra

En julio de 2015, los vecinos del barrio 18ème de Paris (cerca de Montmartre) decidieron sacar a los migrantes de la calle. Encontraron un refugio en el liceo Jean Quarré, un centro abandonado desde hace varios años, situado en la Place des Fêtes. Desde esta ancestral plaza de París, hoy rodea­da de altos edificios de viviendas sociales, se puede leer la pintada “Refugees welcome” sobre la fachada de cemento del instituto, convertida en un monumento a los derechos de los migrantes. Poco a poco, el lugar encontró su nombre: La Maison des Réfugiés. No es un hotel, no es un centro. Estamos en una casa. Por fin. La casa de una familia poco convencional donde conviven y comparten horas, días y noches gente que nunca hubiera imaginado conocerse, de países que no comparten ninguna frontera, ningún idioma pero que comparten al menos dos cosas: el hecho de haberse ido y el de haber llegado.

A esta familia se suman vecinos, gente interpelada en su día a día por la situación que viven los migrantes. La mezcla y la diversidad, tanto social como de procedencia, es tan grande dentro del grupo de voluntarios como en los migrantes.

Este grupo humano único decidió llevar la experiencia de la autogestión a plena luz, en pleno Paris, desafiando prejuicios mediáticos y políticos, así como las dificultades diarias de la convivencia de cualquier grupo humano, apostando con esfuerzo a un futuro distinto para los habitantes de esta casa.

Solidaridad

Los días pasan en La Maison des Réfugiés. Los profesores de francés van y vienen, brindando una herramienta fundamental a la integración y a la libertad de movimiento: el idioma. Colectivos artísticos, sociales o culturales pasan por la casa a proponer sus actividades, una cena colectiva o un poco de música para festejar El-Aid, una importante celebración musulmana. Cada tanto, son también los mismos migrantes quienes salen a la calle para reclamar su derecho a quedarse en Francia. La arquitectura de La Maison es la clásica de las escuelas de los 70. Las aulas luminosas fueron transformadas en habitaciones. El suelo está invadido por colchones, uno al lado del otro. Las camas están hechas. Reina un orden que pocas veces he visto, y que no coincide con las imágenes que los medios muestran de este tipo de iniciativas.

Cerca de la puerta, los migrantes han armado un pequeño salón para recibir y tomar té a partir de las numerosas donaciones de vecinos y voluntarios. No es un detalle menor. En la emergencia y la situación precaria en la que viven, estos detalles permiten mantener el hilo de la vida. Seguir ritos, costumbres. Recibir y compartir. El techo sólo es la parte visible de la construcción de un nuevo hogar y del hecho de poder habitarlo.

Al momento de empezar esta crónica, estas palabras y estas fotos eran el relato de un presente en transformación. En el momento de terminarla, ya son parte de la memoria de un grupo humano y de un lugar que no existe más. El 23 de octubre, las autoridades desalojaron La Maison des Réfugiés y transfirieron a los migrantes a distintos centros provisorios. A casi todos….

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