Los inicios del partido y las redes del narcotráfico
Los amos de Galicia: el narco y el PP

En las raíces del Partido Popular gallego se mezclan contrabandistas, narcotraficantes y políticos.

, Diagonal
12/11/15 · 7:00
Edición impresa
En el pazo de Baión, el colectivo de madres contra la droga realizó un 'escrache' al que era su propietario, el capo Laureano Oubiña.

Algo pasaba con sus hijos, pero por entonces no sabían mucho más. Eran los 80 en las Rías Baixas y la fariña estaba por todos lados. “Al principio pensamos que eran cosas de adolescentes, pero pronto vimos que había mucho más detrás”, cuenta a Diagonal Carmen Avendaño, una de las madres que supo entender que los problemas de adicción de dos de sus hijos no los podría solucionar ella sola. Carmen, que venía del mundo asociativo, interpelaba a otras madres: “Olvidaos de vuestro caso concreto, de vuestro hijo, tenemos que pensar en la sociedad, por qué llega la droga, quién la trae”.

Hace 30 años, en 1985, las denominadas madres contra la droga crea­ban la Fundación Érguete, “levántate” en gallego. En la presentación, entregaron una lista de 33 bares de Vigo donde se traficaba con droga. Tirando del hilo, no tardaron en descubrir que las complicidades llegaban mucho más arriba: tres años después entregaban a los principales partidos gallegos de la época –Alianza Popular, Partido Socialista y Bloque Nacionalista Galego– una lista negra con los nombres de militantes y cargos de estos tres partidos vinculados con el narcotráfico. En la segunda mitad de los años 80, no sólo la política y la policía “miraban hacia otro lado”. Los grandes capos gallegos eran “invulnerables”. Se ha­bían convertido en los “reyes de Galicia”, explica a Diagonal el periodista Nacho Carretero, autor de Fariña (Libros del K.O., 2015), en el que explora la connivencia del narco con altos cargos del PP gallego.

Los reyes de Galicia

“El narcotráfico estuvo muy cerca de convertirse en un contrapoder, Galicia se podría haber convertido en Sicilia”, pero no se llegó tan lejos. Para el autor de esta introducción al narcotráfico gallego, el trabajo de los grupos de familiares contra el narco tuvo mucho que ver con esto. Su labor fue fundamental para dar a conocer el reciclaje de los contrabandistas en capos de la droga.

“Antes de la operación Nécora, los capos gallegos eran los amos”, dice Carretero, autor de ‘Fariña’

La Galicia de la posguerra y los primeros años de la Transición –especialmente las Rías Baixas y la Costa da Morte– era un campo abonado para el tráfico de todo tipo de mercancías, una zona fronteriza con Portugal abandonada por el Estado, con una “orografía ezquizofrénica”, imposible de vigilar, necesitada de todo tipo de productos y azotada en los años 80 por la reconversión de la pesca, que dejó a una parte de la flota gallega en tierra y a cientos de armadores endeudados.

“Cuando Galicia ya no necesitó elementos tan básicos como alimentos o medicinas se empezó a buscar lo rentable, y lo rentable era el tabaco”, cuenta Carretero. De este modo aparecieron estas primeras figuras, los llamados “señores do fume”, que siempre fueron “muy bien vistos porque generaban empleo para una juventud sin trabajo, traían riqueza y daban oportunidades que no daba el Estado”.

Así surgieron personajes como Celso Lorenzo, presidente del Celta de Vigo, o Vicente Otero ‘Terito’, amigo personal de Manuel Fraga, condecorado con la medalla de oro y brillantes de Alianza Popular (AP). También era el caso de José Ramón ‘Nené’ Barral, alcalde de Ribadumia por AP, o de Ma­nuel ­Díaz González, alias Ligero, alcalde de A Guarda, también de AP, que se ganó su apodo por lo rápido que cruzaba la frontera con Portugal.

“En realidad –explica Carretero–, en la época del contrabando ni siquiera era una connivencia, era una red tan tupida que era difícil distinguir quién era alcalde o quién era contrabandista. Ese entramado aprobado socialmente se heredó con el narcotráfico”.

La historia del capo Sito Miñanco es la del narcotráfico gallego. Al igual que otro de los grandes, Laurea­no Oubiña, había nacido en Cambados, en las Rías Baixas, en una familia humilde de pescadores. A principios de los 80 se introdujo en las redes de contrabando de tabaco, un negocio interrumpido en 1983 por un breve paso por la cárcel de Carabanchel, en Madrid, donde coincidió con uno de los miembros del cártel de Medellín, Jorge Luis Ochoa. “Se suele decir que el narcotráfico gallego nació en Carabanchel, pero ésta es una visión un tanto romántica”, dice este periodista. Para Carretero, esta alianza internacional surgió en realidad en Suiza, en los canales de lavado de dinero, y en Panamá, donde los cárteles colombianos tenían sus tapaderas.

“En España, el contrabando de tabaco y el tráfico de drogas tenían el mismo castigo, el mismo riesgo con un margen de beneficio mucho mayor. Y en cuanto ven que funciona se convierte en una puerta de entrada casi monopólica para la cocaína en Europa”, cuenta.

En la época del contrabando ni siquiera era una connivencia, era una red tan tupida que era difícil distinguir quién era alcalde o quién era contrabandista

Era la época dorada de los clanes. Sito Miñanco compró el club de fútbol de Cambados y en su intento de llevarlo a primera división pagaba a sus jugadores más que el Deportivo o el Celta, relata Carretero. “Miñanco tenía el perfil más de capo, tal como lo entendemos ahora, iba con sus camisas, con sus mujeres, con sus cadenas de oro”, cuenta. “Eran mini Pablo Escobares, presidían clubes de fútbol, financiaban las fiestas, pagaban a la Iglesia, eran más importantes que el alcalde, y en los desfiles de la Virgen del Carmen, el primer barco era el del narco, no el del alcalde, eran los amos”, cuenta.

Favores y compromisos

“No hay un sólo partido en Galicia que no haya sido financiado por el narcotráfico”, le confesaba a Carretero un juez que prefirió mantener el anonimato. El mismo Laureano Oubi­ña recordaba a sus antiguos colegas: “Desde aquí les recuerdo a los políticos que soy el mismo que pagó sus campañas electorales”.

La mayor connivencia se dio con AP, pero no por una cuestión ideológica, sostiene Carmen Avendaño, sino porque eran los que gobernaban. “Cuando no se tienen escrúpulos y se tiene dinero, el dinero lo que busca es poder”, sentencia. Los contrabandistas –y luego los narcos– lo que buscaban era información, pero sobre todo “impunidad”, dice Carretero. “Los narcotraficantes hasta la operación Nécora campaban a sus anchas por Galicia. No es normal que Sito Miñanco fuera en un Chevrolet descapotable por las Rías Baixas o que Laureano Oubiña viviese en el pazo de Baión”, en referencia a la lujosa finca de 275 hectáreas.

Hasta tal punto llegaba el control de los clanes sobre el aparato judicial y policial gallego que una de las órdenes del juez Baltasar Garzón antes de lanzar en 1990 la operación Nécora, el primer gran golpe al narcotráfico, fue “ni una palabra a Galicia”, cuenta Carretero.

El periodista Perfecto Conde narraba una escena en el parador de Cambados en la que el debate entre la nueva y vieja guardia sobre cuánto dinero debían aportar a la campaña de los populares terminó a tiros. Pero no bastaba con financiar a AP. También había que estar dentro. Era el caso de Pedro Vioque, “el narcotraficante más peligroso que ha conocido Galicia”, abogado de Miñanco y Oubiña, presidente de la cámara de comercio de Vilagarcía y miembro de AP. O el caso de José Alfredo Bea Gondar, alcalde de O Grove, que no pudo asumir su segundo mandato en 1991 porque estaba en Alcalá Meco condenado por narcotráfico.

Las fotos de otro de los grandes capos, Marcial Dorado, de veraneo en 1995 con el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, revelan no sólo las estrechas relaciones entre política y narco, sino también la visión favorable que pervive del contrabando, dice Carretero: “Una de las explicaciones que dio Feijóo era que entonces Dorado sólo era contrabandista. Ah, bueno, entonces nada”.

Transformarse o morir

Aunque tras la operación Nécora muchos de los capos fueron absueltos o consiguieron ser liberados, fue el inicio de una “guerra”, explica Carretero, que a lo largo de 15 años obligó a mutar el negocio. Antes de la operación Nécora eran grupos mafiosos “con todas las letras, con una infraestructura y una cantidad de gente muy grande y, sobre todo, una ostentación insultante”, dice.

Las organizaciones de Miñanco o Oubiña se encargaban de todo. Si había que descargar, tenían barcos y aviones. Se ocupaban de la distribución en tierra, a veces se quedaban parte de la mercancía y la distribuían ellos, tenían gente en nómina, recaderos, pilotos, conductores, almacenistas y abogados, relata Carretero.

“No hay un sólo partido en Galicia que no haya sido financiado por el narcotráfico”, confesó un juez

A partir de la operación Nécora, poco a poco van cambiando de estilo, “se esconden, son discretos, intentan pasar desapercibidos, aunque el negocio sigue siendo el mismo”.

De hecho, es en los 90 y en los primeros años del siglo XXI cuando el negocio alcanza su mayores cotas. Según el testimonio de otro juez que prefiere no dar su nombre, entre 2001 y 2003 entraron por Galicia 150.000 kilos de cocaína, cerca del 85% del total consumido en Europa. Y a finales de los 90 y principios de siglo, con la caída de los capos históricos, se produce una nueva transformación: se abandonan las grandes organizaciones y los clanes se especializan en el transporte. “Ya en el siglo XXI cuando se convierten en narcotransportistas, se reducen a clanes más pequeños cuya función es más concreta. Los cárteles colombianos los subcontratan para meter la cocaína en tierra”.

Al mismo tiempo perviven clanes gallegos “a la vieja usanza”, como Los Pasteleros o Los Burros, pero que “no son comparables a esos grandes grupos mafiosos”. Sin embargo, el negocio continúa, con íntimas relaciones con las autoridades. En 2012, era detenido el excomandante del puesto de la Guardia Civil de Corcubión José Álvarez-Otero Lorenzo, como presunto jefe de una red que pretendía desembarcar 3,2 toneladas de cocaína y que tenía controlada “a toda la Guardia Civil en la Costa da Morte”, una institución con un “desastroso currículum en cuanto a contrabando y narcotrafico”, señala Carretero. Y en 2013, fueron detenidos dos guardias civiles de Pontevedra, Diego Fontán y Javier Ló­pez, que vendían información a las bandas arousanas.

Pero la pregunta más importante sigue en el aire: hasta dónde llegaba la complicidad de los altos cargos del Partido Popular. Carmen Avendaño detalla su encuentro con Manuel Fraga, donde, según relata, el expresidente de la Xunta terminó llorando. “Era muy emotivo. Creo que todos lo vimos llorar en algún momento. Él se puso la mano en la frente y yo hablé, hablé, no sé cuánto tiempo estuve hablando, desde luego mucho, y miraba para él y yo pensaba: ‘Bueno, este señor se quedó dormido’. Pues cuando terminé levantó la cabeza y sí, le caían las lágrimas”. “¿De verdad está pasando todo esto?”, preguntó.

Carretero duda que Fraga pudiera ignorar la metamorfosis de los contrabandistas en narcotraficantes. “Tarde o temprano saldrán cosas muy gordas, hay jueces con información y, sobre todo, narcotraficantes con información que si un día tiran de la manta en Galicia se sabrán cosas espectaculares”, dice Carretero.

El negocio del narcotráfico pervive en Galicia, aupado en los últimos años, dice Carretero, por los recortes en personal y medios en la lucha contra las redes de tráfico de drogas. Lo que ha cambiado es la percepción de la sociedad gallega. En esa tarea, para el autor de Fariña, los grupos de familiares fueron fundamentales. “Le echaron mucho valor, porque se enfrentaron a los narcos cara a cara en un momento en el que hacer eso era jugarse la vida. Esa sensación, esa rabia de ver que la vida de tu hijo está destrozada, y tu vecino sale en Mercedes, fue la que levantó a estas madres. Ellas no acabaron con el narcotráfico, pero fueron parte de un sector de la sociedad gallega que hizo reaccionar al Estado e hizo que por fin se hiciera algo, donde hasta entonces nadie había hecho nada”.

La red de intereses del primer PP

En 1984 se produjo la primera gran operación para acabar con el contrabando, liderada por el juez José Luis Seoane Spiegelberg y el gobernador de Pontevedra, Virginio Fuentes. Pero una filtración permitió a los principales capos huir a Portugal. Poco después, el entonces presidente de la Xunta, Gerardo Fernández Albor, se encontró con los capos exiliados en el país vecino. “No digo que fuese por esa reunión, pero poco tiempo después los contrabandistas volvieron a Galicia, les pusieron unas multas muy salvables y quedaron libres”. No hay pruebas de que sean hechos relacionados, insiste Nacho Carretero, pero poco después este juez fue trasladado a Santander y el gobernador a Albacete.

Tags relacionados: número 257
Imprimir Imprimir
Versión PDF PDF
Enviar por e-mail Enviar
Corregir
+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

6

  • |
    Amancio
    |
    30/03/2016 - 12:10pm
    La heroína causo estragos especialmente en la provincia de Pontevedra, en sitios como O Grove, donde más movimiento de fardos había, aquello a finales de los 80 y principios de los 90 parecía Walking Dead, había yonkis hasta en la puerta de la iglesia, y eso lo sabemos todos los que estuvimos allí en aquellos años. Eso no pasó en Orense o en Lugo. Había una relación directa entre el dineral que manejaban aquellos chavales que descargaban para los narcos y el enorme mercado de heroína que floreció en la zona en los 80.
  • |
    Hanna
    |
    06/12/2015 - 9:55pm
    Hace un par de años, escribí sobre este asunto, tal como me fue llegando o lo vi, no solo por gallega, sino por los largos veraneos en la Illa de Arousa . http://dissidens.org/marcial-de-la-isla-y-su-amigo-feijoo-2/
  • |
    Malakías
    |
    13/11/2015 - 1:02pm
    Exacto #3 Fue casi exclusivamente la Heroína la causa de la perdición de la generación de los 80. También se cuenta que fue introducida en Euskadi y Galiza (y demás) para destrozar una juventud que exigía cambios democráticos profundos. Hablar de contrabando...pues, que quieren que les diga, ya existía antes y después de la Guerra Civil (con diferentes productos) a lo largo y ancho de Galiza. Contrabando de tabaco, pues sí, todos empezaban por ahí, y algunos querían u aceptaban otras mercancías a posteriori. Laureano, efectivamente, fue encausado por tabaco y hachís, aunque se sabe que también tocaba ("algo")la tecla de la fariña, la cual iba in creccendo. Se apunta al narco gallego, para presentarles como "el mal personificado, el enemigo interior, tu vecino satán", y eso ya tal...
  • |
    Brent
    |
    12/11/2015 - 10:47pm
    Siempre que se cuenta esta historia hay una narrativa común, y nunca falta lo de las "madres coraje" que se rebelaron al ver cómo sus hijos se convertían en adictos. Pero las víctimas de "las drogas" (suele decirse así en general, como si todas fuesen una), la famosa generación perdida de los 80, los que murieron y los que acabaron perdidiños... fueron adictos a la heroína. HEROINA, sí, como el título de la película sobre Carmen Avendaño. Y la heroína, ¿de dónde venía, por donde entraba? Por Galicia no. Oubiña fue condenado en la operación Nécora por contrabando de tabaco y posteriormente por haxix, Sito Miñanco traficó con cocaína, sí, y muchos otros también, pero... ¿heroina? La heroína entraba por otros lados y la movía otra gente. ¿Por qué a estas alturas se sigue apuntando a los narcos gallegos? ¿Por qué esta diferencia entre el tráfico de cocaína y el de heroína, que es básica y además obvia, nunca se comenta? ¿Cómo es posible que las madres de Éguete responsabilizaran a gente que poco tenía que ver con el drama de sus hijos, y no solo eso (comprensible en una madre, que busca desesperadamente alguien cerca a quien culpar), sino que los periodistas publiquen sistematicamente artículos y reportajes donde ese hecho ni se menciona?
  • |
    Nemigo
    |
    12/11/2015 - 2:39pm
    todo esto tiene un contexto. El contrabando de tabaco estaba por todas partes, hasta la armada española hacía contrabando. Llegaban toneladas de tabaco de contrabando en buques de la armada, lo traían los propios marineros y nadie decía nada. El tabaco se vendía en TODOS los bares, el rubio de batea estaba muy bien considerado teniendo en cuenta el monopolio que tenía tabacalera vendiendo basura. Por que no olvidemos que el tabaco de contrabando era MÁS CARO que el legal... y mejor. El paso al narcotráfico fue por fase. Primero se pasó hachis. Pequeñas cantidas, un fardo entre las toneladas de tabaco de contrabando. Esos contrabandistas se acercaban con sus lanchas a los buques que traían el tabaco de contrabando. Eran grandes cargueros desde los que se pasaba a otras embarcaciones. Luego vivieron las planeadoras. La guardia civil no podía seguir a una embarcación a más de 40 nudos en plena noche entre miles de bateas. El narcotráfico de cocaína se hacía como simples transportistas. Se cobraba por llevarlo a la costa. Estos narcos NO traficaban con esa droga. La coca iba para madrid o europa. Quién hacía esa distribución y lavaba ese dinero? No se quiere investigar.
  • |
    Malakías
    |
    12/11/2015 - 12:20pm
    1º La op. Nécora, ¿Para qué?, para que partiendo del bueno de Garzón, el negocio de entrada de fariña en Europa fuese controlado desde Madrí. Los narcos, y quizá pequeños capos, prefirieron, como benos gallegos, rendir pleitesia y vasallaje, que hacer una Sicilia gallega. Los Grandes de Latinoamerica, apoyados tras la Nécora, desde Madrí, impusieron "por las buenas", sus condiciones. Los narcos de antaño no eran por lo general "mala gente", a modo de los líderes de las "favelas brasileiras", frecuentemente protegidos por parte del pueblo al que alimentan. La fariña en vena, y la heroína destrozarón una generación que no conocía la droga. Los asesinatos, no suelen ser contabilizados como tales, no se le meten 40 tiros a nadie. Y 150.000 kilos entre 2001-2003 es un dato que roza el ridículo. Al narco presuntamente, le da igual quien gobierne, alguno dicen que los que menos suelen gobernar son más fáciles de sobornar, que piden menos. Al igual que los cuerpos de seguridad a diferentes escalas, que por un favor mínimo, presuntamente pueden ganar igual que en todo un año de trabajo. La Industria metalurgica y armamentística vasca se reconvirtió, hacía enseres de cocina y demás empleos para sus fábricas y materias primas. La industria pesquera y el mar gallego se reconvirtió también, hasta que como de costumbre, presuntamente desde Castilla, impusieron su ley, presuntamente, por las buenas. En Galiza se vive en paz, y el mar nos da de comer.