Berlín acoge cada día a más de quinientos refugiados

Europa vive en estos momentos una catástrofe humanitaria de grandes dimensiones. Alemania es el objetivo final del viaje de decenas de miles de refugiados. El país muestra sus caras más extremas.

, Berlín
24/09/15 · 8:00
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Refugiados en la frontera entre Grecia y Macedonia. / Olmo Calvo

Un hombre amenaza con lanzarse al vacío. Se ha subido a una cornisa de un edificio público y asegura que está desesperado y que no le quedan más fuerzas. Esta escena tenía lugar el jueves pasado en la capital alemana. La policía detenía al desesperanzado poco después. Era un solicitante de asilo.

Es sólo una muestra de la tensión que se vive estos días en Berlín. Desde hace más de un mes llegan a la capital, según cifras oficiales del propio ayuntamiento, más de medio millar de refugiados.

A pesar de la fama de orden y limpieza que tienen los alemanes, esta crisis parece haber pillado por sorpresa a las autoridades, y todo se improvisa de una forma muy caótica. Tanto es así que muchas personas se encuentran al límite de sus fuerzas.

Como el refugiado detenido que quería acabar con su vida. O la señora siria que está sentada en el suelo, porque aquí no hay ni sillas para la cola de registro. Esta mujer entrada en carnes se ve que no puede estar mucho rato de pie, pero tampoco parece que esté muy cómoda sentada en el duro suelo. Además se le está ensuciando el abrigo de tierra.

Cientos de miles de personas desplazadas

Se llama Sawan Yumma y nos cuenta que ha venido a Alemania huyendo de la guerra en Siria porque aquí vive su hermano. Had Sawan, que así se llama, es ingeniero y vive en Alemania hace más de una década, explica en un perfecto alemán. Nada de ello ha salvado a su hermana de tener que pasar por el trance de un terrible viaje por toda Europa. Y de la espera ahora en Berlín.

Una y otra vez nos muestra los papeles de su hermana. "Ya le tomaron los datos en Múnich, pero la hacen esperar de nuevo aquí junto a todos los otros que aún no están registrados", explica señalando con el brazo a la cola. "No tiene sentido".

Un amasijo de personas apelotonadas se pasa todo el día esperando frente al edificio de sanidad y asuntos sociales. En el jardín frente a las oficinas han colocado barreras como si se tratase de un concierto o un partido de fútbol. Sólo que las personas no hacen cola para ver a sus ídolos, sino que están aquí esperando a ser registradas para legalizarse en Alemania y obtener una plaza en un albergue.

Llegan a las seis de la mañana para estar de los primeros cuando abren a las ocho y ya se quedan todo el día esperando hasta que cierran. La cola es al aire libre. A veces llueve, otras veces hace calor o frío.

Personas de todas las edades tienen que aguantar el tipo durante días. Como Akkad Umer, que con su bebé de tan sólo unos meses en los brazos lleva todo el día desde bien temprano esperando. No tiene un asiento ni un carrito para llevarlo. Estoico sostiene a su hijo, hace cola y todavía sonríe por saberse afortunado de haber conseguido llegar hasta aquí dejando atrás el horror del Estado Islámico Daesh.

Un niño con la boca llena de postillas pasa caminando. Tendrá unos cuatro años. Su madre dice que tiene fiebre. Otro duerme en el suelo junto a la maleta donde su familia trae lo poco que le queda. Todos aquí esperan y esperan. Un hombre arranca hojas de un arbusto y se las come. No es posible que sea por hambre.

Entonces llega una furgoneta y se pone a repartir arroz con guisantes. La comida la trae una persona que tiene un restaurante y hoy ha querido ayudar de forma desinteresada. No hay arroz suficiente para tantas manos extendidas. A pesar de que el ayuntamiento paga desde hace dos semanas a una empresa de catering para que ofrezca comida a los refugiados, parece ser que muchos se quedan con hambre. Al mediodía había sopa de lentejas, pan y agua.

Una Alemania insospechada ayuda sin descanso a los refugiados

Una vez los refugiados llegan al final de la fila les un pedacito de papel con un número escrito. Fuera de la oficina han colocado un letrero digital en el que van apareciendo los números. Hay gente que lleva esperando más de una semana a que su número salga en la pantalla. Eso significa que durante ese tiempo no están registrados, por lo que no se les garantiza comida, techo ni dinero.

Y aunque no se les garantice, todos aquí tratan de poner de su parte para que no ocurra una desgracia mayor, léase que las personas caigan desfallecidas de hambre o sed, o que tengan que dormir al raso. Son cientos de voluntarios que se han pasado medio verano atendiendo a las personas de forma desinteresada.

Medio Berlín y media Alemania se han puesto manos a la obra, pues según cifras del Ministerio del Interior, el país espera que hasta final de 2015 sean un millón los refugiados que soliciten asilo

Medio Berlín y media Alemania se han puesto manos a la obra, pues según cifras del Ministerio del Interior, el país espera que hasta final de 2015 sean un millón los refugiados que soliciten asilo. Una "cuestión nacional" para la que se ha movilizado al ejército y para la que la canciller Angela Merkel ha presupuestado 6.000 millones de euros.

Las primeras semanas del comienzo de este éxodo masivo proveniente principalmente de Oriente Medio y más en especial de Siria, el caos era aún mayor. Los refugiados esperando en la oficina berlinesa no tenían ni agua, ni un baño donde hacer sus necesidades. Personas heridas o con graves enfermedades no tenían atención médica adecuada.

Las personas se organizaron entonces a través de las redes sociales Facebook y Twitter y comenzaron a traer donaciones de agua, comida, ropa, mantas, sacos de dormir. Médicos y enfermeros acudieron a la llamada de una nota interna enviada a través del colegio de médicos en la que se pedía que colaborasen altruistamente atendiendo a las personas.

Esta red de colaboradores continúa haciendo la mayor parte del trabajo. Por ejemplo, al final del día, cuando aún hay personas sin alojamiento tratan de encontrar casas particulares en las que puedan dormir.

Los alcaldes de casi todas las ciudades han abierto albergues para refugiados por el país, ya que existe un sistema de reparto de refugiados automático. Son alojamientos de emergencia creados en edificios abandonados como antiguos cuarteles, naves industriales, antiguos colegios, pistas deportivas... en Berlín incluso van a abrir dos hangares en el antiguo aeropuerto de Tempelhof para albergar a los recién llegados.

El frío invierno alemán se acerca y muchos de estos refugios no están preparados para las bajas temperaturas. Además en muchos casos los refugiados duermen en literas en espacios abiertos sin intimidad.

Otra Alemania comienza a despertar con consecuencias imprevisibles

Pero no son todo bienvenidas. Una Alemania oscura, racista y xenófoba ha reaparecido también a raíz de la crisis migratoria. Según datos estadísticos recopilados por la policía, en lo que va de 2015 se produjo casi un ataque cada día contra un albergue de refugiados, o contra edificios en los que se planeaba crear uno. Son incendios, piedras, cóckteles molotov, insultos, incluso en algún caso han entrado personas armadas a las residencias.

Asimismo el movimiento de Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente (PEGIDA), cuyo epicentro es la ciudad del este alemán Dresde, acaba de resurgir de sus cenizas y amenaza con hacerse un movimiento masivo en poco tiempo a raíz de la llegada de los miles de refugiados.

Entre los participantes en estas manifestaciones se cuentan conocidos neonazis, pero muchos son simplemente ciudadanos preocupados por su futuro y el de su país.

Como Katia, que prefiere no ser fotografiada. Tiene dos hijos y está en paro. Le preocupa que el Estado entre en bancarrota y ella ni siquiera pueda cobrar el subsidio por desempleo. "Además tienen otra cultura, son musulmanes, no nos vamos a entender. No hablan nuestro idioma". Sus palabras reflejan la opinión de una buena parte de la sociedad alemana que, si bien no se atreve a decirlo directamente, sí lo hace en las redes sociales.

Facebook y Twitter se han llenado en las últimas semanas de miles y miles de comentarios ya no como éstos, sino abiertamente xenófobos, así como amenazas de muerte y todo tipo de insultos a las personalidades que hablan en público a favor de los refugiados.

Y mientras en Alemania, así como en Suecia, otro de los destinos de los refugiados, se forma una tormenta perfecta de consecuencias imprevisibles, no dejan de llegar nuevos refugiados a la frontera sureste de Europa.

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