Represión contra un campamento de sin papeles
El periplo sin fin de los migrantes de la Chapelle

Cientos de migrantes y refugiados que vivían en un campamento improvisado en París han sido desalojados violentamente por la policía en varias ocasiones.

, París (Francia)
27/06/15 · 8:00
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Campamento improvisado tras ser desalojados de varios asentamientos. / Teresa Suárez

De todos es sabido que el norte de París alberga uno de los lugares más visitados del mundo, el barrio de Montmartre, cuna de pintores y punto clave de los miles de turistas que visitan la ciudad cada día. Lo que mucha gente no sabe es que a tan sólo dos kilómetros del imponente Sacré Coeur, centenares de personas vivían en tiendas de campaña bajo uno de los puentes del boulevard de la Chapelle hasta el domingo 2 de junio, cuando un grupo de CRS (antidisturbios) comenzó a “evacuar” el campamento, teóricamente por las pésimas condiciones que presentaba. Si ése ha sido realmente el motivo, llegan con dos años de retraso.

La evacuación finaliza con la detención de muchos inmigrantes de origen africano, principalmente su­da­nés y eritreo, y el abandono de otros muchos en las calles del popular barrio de la Goutte d’Or. Tras una semana de desplazamientos, deciden establecerse frente al reciente complejo ecológico Halle Pajol, un restaurado depósito de trenes, que se convierte en escenario de un nuevo ataque de los CRS el lunes 8 de junio, tras el que varios inmigrantes, así como simpatizantes de partidos de izquierda, son llevados al hospital con heridas de gravedad. Clarisse acoge a algunos heridos leves en su casa, tiene 22 años y forma parte del comité de apoyo a los migrantes de la Cha­pelle, cuyo fin es ayudar a estas personas no sólo en la búsqueda de un alojamiento, sino también en todo el proceso de obtención de papeles y del estatus de refugiado político.

Tras la expulsión de la entrada del Halle Pajol, los inmigrantes son acogidos en un jardín de la asociación Bois Dormoy, invitación que tan sólo dura una noche debido a la imposibilidad de la asociación de hacerse cargo de todas las personas, tal y como afirman en su comunicado: “No tenemos la capacidad de sustituir a los poderes públicos en el tratamiento de las cuestiones humanitarias, sanitarias y administrativas de los inmigrantes”. Clarisse lleva un vestido negro que deja entrever alguno de los moratones resultado de las cargas de los CRS.

Nuevas cargas

El Chateau Landon, antiguo cuartel de bomberos, acoge las primeras negociaciones con el Ayuntamiento de París, que acaba proponiendo 110 alojamientos para ellos. Siguen sin ser suficientes y, pese a la idea de no dispersar a la gente en pequeños grupos que terminen invisibilizando más la situación, éstos aceptan. El caos llega minutos más tarde, cuando varios de los inmigrantes que se encuentran fuera quieren entrar al edificio con la esperanza de poder conseguir un techo para esa noche. Los CRS cargan cuatro veces, todas ellas de manera muy violenta.

Son las once y media de la noche cuando los primeros autobuses aparecen para llevar a los inmigrantes a los diferentes alojamientos. La gran mayoría se quedan abandonados en la calle. El jardín d’Éole, cercano a la estación de metro de la Chapelle, se convierte en un improvisado campamento donde las lonas de plástico actúan como techo para más de 60 inmigrantes que duermen en la gravilla, sobre cartones o en desvencijados colchones que encuentran en la calle. Las condiciones son pésimas, no hay baños ni duchas y las altas temperaturas no ayudan a conservar los alimentos que muchas personas les ofrecen. Mientras tanto, el comité de apoyo intenta organizar actividades para explicar el proceso de demanda de asilo y de obtención de papeles. La gran mayoría no sabe hablar francés y personas como Ibrahim o Bilal se encargan de actuar como intérpretes y de apuntar el nombre de todos aquellos que se encuentran en el campamento.

Nueve autobuses se llevan a casi 200 personas, algunas son amenazadas con la deportación si no suben
“Las asociaciones no nos ayudan, siempre es la misma política, si quieres que te acojan tienes que mostrar certificados médicos, y los médicos no nos los dan porque no tenemos papeles”. Touré es una de las muchas personas que fueron golpeadas por los antidisturbios el jueves 4 de junio. “Estuve una hora llorando solo, esperando, me golpearon en la cara, mira”, dice mientras señala su ceja derecha completamente inflamada y saca de su carpeta varios partes médicos. “Soy refugiado político –dice elevando la voz–. Mi abuelo fue presidente de Guinea”. Le pregunto qué piensa sobre el futuro; se queda en silencio durante varios segundos y dice: “No hay nada mejor, todo es la misma mierda”. Jacob Sahah es más optimista que su compañero guineano: “Puede que mejoremos, llegué a la Chapelle hace un mes porque todo el mundo estaba allí y no conocía nada”.

El apoyo de los ciudadanos es fundamental y los vecinos del barrio se han volcado en ayudarlos. Benedith vive cerca de Halle Pajol, el primer lugar que les acogió tras el desalojo, y fue testigo de las brutales cargas. “Estoy muy impactada con lo que está pasando y cómo los CRS han reaccionado con el gas lacrimógeno”, dice mientras prepara varios bocadillos. “Con toda la situación que está viviendo actualmente la inmigración, nuestra obligación es ayudarlos”.

Durante la mañana del viernes 19 de junio el campamento comienza a ser desalojado por los antidisturbios. Nueve autobuses se llevan a casi 200 personas, algunas de ellas son amenazadas con la deportación si no se suben, tal y como afirma una de las testigos del desalojo. Algunos migrantes se quedan en el ya casi vacío campamento que decenas de voluntarios se encargan de recoger. “Es horrible, horrible –dice Clarisse con lágrimas en los ojos–. Aún no sabemos adónde los están llevando…”. Las informaciones no tardan en llegar: han sido distribuidos por varios centros de la ciudad y se desconoce el tiempo que estarán allí. Hoy la gravilla será sustituida por un colchón y la lona de plástico por un techo de hormigón, pero esto no pone fin a la situación de estos cientos de personas víctimas también de la saturada y precaria gestión del gobierno francés.

Francia y la expulsión masiva de roms

Las políticas de expulsiones del Gobierno francés hacia los migrantes roms de Europa del Este, algunos de ellos residentes en el país desde hace décadas, fueron calificadas ya en 2010 por Vivianne Reding, vicepresidenta de la Comisión Europea, como “vergonzosas” y una violación de la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE. En 2010, tres cuartas partes de los 700 campamentos de roms existentes en Francia fueron desalojados por las autoridades, dejando a miles de personas sin hogar, y 9.000 de ellos fueron expulsados hacia sus países de origen. Estas políticas han empeorado, si cabe, con el Gobierno del socialista François Hollande. En 2013, el Gobierno dobló el número de expulsiones y pasó a desmantelar 165 campamentos, dejando sin hogar a cerca de 20.000 personas. Según el recuento del European Roma Rights Centre (ERRC) y la Ligue des Droits de l’Homme, en 2014 se han producido 13.483 expulsiones de 138 campamentos. Además, cada año miles de estas personas son expulsadas a su país. “Esas acciones son ilegales y discriminatorias y violan la ley internacional y la de la UE”, dicen desde ERRC. 

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