El Zapatazo

Considero que para la epidemia desinformativa venidera, sería muy conveniente hacer lo contrario a ellos: conservar la calma e informarnos antes de emitir exabruptos. prontos viscerales, tristes opiniones (por simplistas) como muchas de las aireadas por más de una mente progre y preclara.

18/06/15 · 8:00
Ostracon con en el nombre de un desterrado al ostracismo.

Con la aprobación, suponemos que mayoritaria, del pueblo ateniense, Clístenes fue el introductor de la democracia en Atenas, allá por el el 508 a. C. aproximadamente. Para ello creó las bases del nuevo estado basándose en la isonomía o igualdad de los ciudadanos ante la ley. Asimismo, concibió la ley del ostracismo, para evitar en lo posible todo intento de retorno de la tiranía.

El ostracismo, consistía en un mecanismo de autodefensa popular, mediante el cual, cada año unos 6.000 ciudadanos y ninguno mujer o esclavo, por cierto, se reunían en asamblea solemne, para proceder a una curiosa votación. En dicha elección, cada ciudadano escribía en una concha de barro u ostra (ostracon en griego) el nombre de su candidato. El elegido u “ostraquizado” debía abandonar Atenas antes de 10 días, para permanecer en el exilio durante 10 años.

Este procedimiento, aunque parezca muy duro, no era otra cosa que “un simple voto de confianza política: no constituía una pena judicial, ni un condena penal”. El exilio no era nunca permanente, el desterrado no perdía jamás sus derechos como ciudadano y podía incluso ser perdonado por la ekklesía.

Al ostracismo fueron condenados grandes personajes como el político Hiparco o Jantipo (padre de Pericles). Según parece, el último condenado fue un notable demagogo ateniense llamado, Hipérbolo, en el año 417 a. C.

Sirva esta introducción para recordar nuestra situación ante la vieja guardia peninsular, nuestros particulares tiranos democráticos, las estirpes de toda la vida. Porque resulta evidente, ante el éxito de las nuevas políticas galopantes, que vamos a ser testigos de una serie de acciones desesperadas, que dejarán lo del actual "Zapatazo" tuitero a la altura de un comino. Considero que para la epidemia desinformativa venidera, sería muy conveniente hacer lo contrario a ellos: conservar la calma e informarnos antes de emitir exabruptos. prontos viscerales, tristes opiniones (por simplistas) como muchas de las aireadas por más de una mente progre y preclara. 

No aprendemos y seguimos linchando a todo el que aúpen a los titulares de ese humilladero nacional, que son los grandes medios de comunicación españoles. Estimo que ahora, más que nunca, debemos contrastar las fuentes, buscar lo más parecido a la verdad y desconfiar de aquel "profesional" que se atreva a mentirnos. Abogo por condenar al ostracismo a los desinformadores, desterrarlos de nuestras vidas, cambiar de canal cuando aparezcan vendedores de cizaña como Eduardo Inda o Francisco Marhuenda, ignorar las barbaridades de plumillas como Antonio Burgos o Francesc Serés, o pedir educadamente el cambio de emisora del taxista o quien fuere, cuando voceros como Carlos Herrera, Sáenz de Buruaga, Jiménez Losantos… viertan su ponzoña. Ellos, que son muchos y gritan tanto, sin las personas no son nada. Sin polémica enmudecen, marchitan, desaparecen. Quiero creerlo así. Quiero vivir sin ellos. Mi ostracon ya está echado y lleva sus nombres.

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