León de la Riva nunca más

Una activista vallisoletana se despide del que ha sido alcalde de Valladolid durante 20 años, Francisco Javier León de la Riva.

16/06/15 · 17:51
León de la Riva junto al arzobispo de Valladolid. / Ángel Cantero

Nací en Medina del Campo, uno de los municipios más grandes de la provincia de Valladolid. Cuando empecé la universidad, seducida por la posibilidad de volar un poco lejos (aunque fuesen sólo unos escasos 50 kilómetros) me fui a vivir a Valladolid. Sobra decir que ya participaba de la ocasional vida de la ciudad mucho antes de mudarme, por lo que pude comprobar de primera mano que, a pesar de esa fama que nos caracterizaba ('fachadolid' lo llamaban), había un importante tejido social y ciudadano que se organizaba en múltiples asociaciones de vecinos, colectivos estudiantiles, sindicatos de base, agrupaciones ecologistas y plataformas diversas. Siempre pensé que el escenario lo propiciaba. Con asombro, observé durante años cómo el Ayuntamiento tomaba medidas en contra de buena parte de la ciudadanía, como la prohibición de tocar en directo en bares, redadas en la zona más alternativa de fiesta (Cantarranas) o un proyecto de ordenanza ciudadana que pretendía multar a indigentes o ir sin camiseta.

Durante años milité en diversas asociaciones, como la organización estudiantil Alternativa Universitaria. Aunque seguramente os sonará por las parodias del anuncio de Campofrío que hicimos, la verdad es que es una asociación con más de 25 años de historia detrás que ha servido para introducir a muchas generaciones vallisoletanas en los movimientos sociales. La forma de trabajar de Alternativa Universitaria se desarrollaba en sintonía con otros muchos movimientos de la ciudad que luchaban por la libertad de Palestina, por huertos ciudadanos, más democracia o la recuperación de espacios abandonados para dedicarlos a centros sociales, entre otros. Ahí es donde verdaderamente se crece políticamente.

De esas plataformas ciudadanas salieron los pleitos que han llevado a Francisco Javier León de la Riva al banquillo en varias ocasiones. Una vez quiso construir un aparcamiento en una zona en la que se encontraron restos arqueológicos. Otras veces quiso hacer de la ciudad un lugar menos amable, y gracias a la acción vecinal en los tribunales no se aprobaron dos de sus ordenanzas municipales. Su pleito más sonado fue por el que ha sido recientemente inhabilitado: la construcción de un sobreático en el edificio que es su vivienda oficial. Por este motivo ha tenido que cejar en su empeño de ser alcalde y, tras su inhabilitación, marcharse, no sin antes oponer fiera resistencia. Toda mi generación no ha conocido a otro regidor municipal que a este señor con tendencia suicida a la salida de tono fácil y barata.

Cuando yo era estudiante de periodismo y hacía prácticas en diversos medios locales de comunicación, siempre se especulaba con que cada comentario desafortunado llevaba adosada una estrategia para salir en prensa nacional. Y así era. Cada poco tiempo teníamos que lamentar nuestra procedencia debido a ocurrencias tan ingeniosas como opinar sobre los “morritos” de Leire Pajín, la vestimenta en los desfiles militares de Carme Chacón o ese alarde veraniego de misoginia al afirmar que “si te encuentras a una mujer en el ascensor, puede que se arranque la falda o el sujetador y diga que has intentado agredirle”. Creo que a la mayoría de mujeres de la ciudad les produciría más pena que alegría tener que compartir ascensor con este señor. Hablando de ascensores, una de sus tremendas ideas consistió en construir un ascensor en la catedral de Valladolid. Para quienes no hayan estado nunca, la catedral de Valladolid se caracteriza porque está a medio construir desde hace siglos. Esto costó más de medio millón de euros, que según León de la Riva, no salieron de las arcas municipales (aunque no dijo de dónde).

Cansadas de su machismo, algunas mujeres vallisoletanas nos plantamos en el pregón de fiestas del año pasado junto con la Coordinadora de Mujeres de Valladolid con un sujetador gigante hecho a medida para la ocasión. Cómo olvidar otras ocasiones como aquella en la que soltó tan tranquilamente “aunque la concejala Mercedes Cantalapiedra (que le ha sustituido brevemente en la alcaldía cuando ha tenido que abandonarla por orden judicial) parezca tonta, no lo es”. A lo que ella contestó sólo con una breve risa. Hay veces que me pregunto si el dinero podrá comprar la dignidad, pues todo el Partido Popular cerraba filas en torno al “gran gestor” (así justifican muchos de sus votantes su voto).

Pero cuando parecía que no había más luz en este desierto de mayorías absolutas y gobiernos despóticos del PP, el pasado 24 de mayo León de la Riva perdió su reino. Se quedó a tres concejales de la mayoría absoluta y llegaron pisando fuerte agrupaciones como Sí Se Puede Valladolid (marca de Podemos), que consiguió tres concejales, o Valladolid Toma la Palabra (candidatura de unidad popular de varios partidos como Izquierda Unida, Equo y personas de movimientos sociales de la ciudad), con cuatro concejales. Ya se había hablado mucho anteriormente del pacto que podría hacerse si no se daba esta mayoría absoluta. El objetivo estaba claro: la regeneración y cambiar a un alcalde que pretendía estar en su sillón durante 24 años.

Así que a partir de este sábado tenemos como alcalde a Óscar Puente (PSOE). Finalmente Valladolid Toma la Palabra entra al gobierno y cuenta con tres concejalías: Medio Ambiente y Sostenibilidad (María Sánchez), Urbanismo, Infraestructuras y Vivienda (Manuel Saravia), y Participación Ciudadana, Juventud y Deportes (Alberto Bustos). El primer teniente de alcalde es Manuel Saravia y las ocho concejalías, a petición de esta formación, son para cuatro hombres y cuatro mujeres. Aunque Sí Se Puede Valladolid no entra al gobierno, sí participará en la Junta de Gobierno del Ayuntamiento.

Comienza el cambio y, aunque todavía queda mucho por hacer en materia de feminismo, las mujeres empiezan a pisar fuerte. Llevaba años deseando que pudiésemos contar con espacios de participación reales y no meras concesiones de temas de menor valor o simbólicos. Porque el empoderamiento femenino no se produce por arte de magia ni es cuestión de un click. No puedo expresar con palabras la emoción que me supone perder de vista a un alcalde que me ha infravalorado tanto metiéndose con las mujeres. Por eso, hoy y siempre, De la Riva nunca más. No más misoginia municipal.

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