la recuperación colectiva empezó el 3 de septiembre de 2013
Errekaleor, el barrio más inteligente de Gasteiz

Cien personas viven en Errekaleor, un barrio obrero recuperado en Vitoria para poner en marcha un proyecto común de solución habitacional y reivindicación.

17/05/15 · 8:00
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Unos metros separan el número 26 del barrio de Errekaleor en Vitoria-Gasteiz de la placa que recuerda a Romualdo Barroso, asesinado por la policía el 3 de marzo de 1976 durante los sucesos de Vitoria. Unos pocos metros en los que es posible imaginar la historia de este pequeño barrio que conecta la parte sur y la parte este de la ciudad. Otros murales trazan las luchas con las que se sienten identificadas las personas que han recuperado algunas de las casas para poner en marcha un proyecto común de solución habitacional y reivindicación de otra Vitoria posible y diferente de la que vende el actual alcalde de la ciudad, el popular Javier Maroto.

Sin dinero ni para llevar a cabo la demolición del barrio, el Gobierno municipal abandonó la zona

El 3 de septiembre de 2013, un grupo de jóvenes entraba en el portal 26, la primera de las casas recuperadas por estudiantes y activistas del movimiento juvenil vasco. Hoy son más de cien personas las que viven allí, aunque no todas se han implicado en el proceso de recuperación de áreas comunes y fortalecimiento del proyecto político.

Tirando a los 30 años, Jonbe, uno de los integrantes de la asamblea, nos acompaña en un paseo por las calles del barrio. “Ahora mismo estamos 100, pero entran 700”, asegura antes de reconocer que no aspiran a vivir tantos y que las hu­medades de algunos bajos com­plica­rían volver a llenar el barrio, “pero el doble de gente, unas 200 o 300, sí podrían vivir aquí”.

La atmósfera de Errekaleor

Los columpios, el cine, la taberna, la parroquia o el taller de costura siguen guardando parte de la atmósfera de lo que fue Errekaleor, un barrio creado “para trabajadores inmigrantes del sur del Estado que venían a trabajar a las fábricas”, explica elocuente Jonbe. El bar y el cine fueron construidos por las familias obreras con sus manos, nos cuenta. El centro social, el frontón y otras zonas eran los centros de la socialización de aquellos proletarios, protagonistas invisibilizados de la Transición, que paulatinamente fueron abandonando el barrio a partir de los años 80. ¿Los motivos? Las humedades en algunas casas, la distancia hasta el centro de Gasteiz y un proceso destinado a vaciar el barrio y entregarlo a las grúas. “Cuando era pequeño se creó todo un mito alrededor de Errekaleor, de desconfianza con la zona”.

Cada tanto nace un mural, se amplía la huerta o se discute un proyecto de educación alternativa

Los pocos hogares que resistieron a la conversión en gueto de Errekaleor vieron cómo a un par de kilómetros del barrio comenzaban a despuntar altos edificios con propuestas arquitectónicas innovadoras. La conversión de Gasteiz en una smart city, a mayor gloria de los apartamentos dúplex, avanzaba sin diques hacia el viejo barrio obrero. El Ayuntamiento tardó diez años en tener casi culminado el proceso de expropiación. Entre tanto nació una plataforma de afectados, vecinos que no querían moverse pero que veían el implacable avance de las excavadoras. Y en ésas estalló la burbuja que sumergió a todo el Estado, también a la smart city, en un cementerio de cadáveres urbanísticos.

Sin dinero ni para llevar a cabo la demolición del barrio, el Go­bierno municipal abandonó la zona. A los grupos de jóvenes que usaban las carreteras desiertas para hacer derrapes, personas sin hogar que entraban en una vivienda para protegerse del frío o buscavidas que recogían la chatarra abandonada, se sumó aquel 3 de septiembre un nuevo perfil de vecino.

Movimiento estudiantil

La situación de Gasteiz la convierte en uno de los centros universitarios de la Comunidad Autó­noma Vasca. Jonbe explica que el movimiento estudiantil es fuerte pero se encuentra todavía algo desconectado del tejido asociativo y los movimientos de la ciudad, es una militancia “de lunes a jueves por la tarde”, que se interrumpe los fines de semana, cuando los estudiantes regresan a sus lugares de origen. La experiencia de Erre­kaleor, que fue recuperado inicialmente por estudiantes o recién licenciados, ha comenzado a modificar esa relación distante entre la sociedad civil y el movimiento estudiantil vitoriano.

A la creación de esa línea que acerca las necesidades de estudiantes y familias desahuciadas con el tejido de Gasteiz ha contribuido, involuntariamente, el Ayuntamiento de Vitoria, que trató de forzar el desalojo del barrio a medida que el proyecto fue creciendo y dándose a conocer en la ciudad. En febrero, aprovechando un pequeño incendio en una de las casas –que no cuentan con sistemas de calefacción–, el Ayuntamiento aprovechó para “criminalizar” a sus ocupantes, cuenta Jonbe. Los movimientos sociales de la ciudad respondieron a los mensajes de alerta y se desplazaron al barrio para evitar un posible desalojo. El Gobierno municipal envió a peritos para determinar si se incumplían las condiciones de salubridad e higiene, pero no hubo caso. Una deficiente instalación eléctrica en una de las casas recuperada sí provocó el “apagón” de casi todo el barrio que aún hoy perdura.

El castigo por parte de las autoridades impulsó a la asamblea de Errekaleor. Desde entonces las comidas y cenas se hacen en las zonas comunes, con electricidad. Allí se avanzan los contenidos de las asambleas de los domingos y se discute de política. Antifascistas del comité Pro Donbass, animalistas, militantes de la liberación sexual, familias desahuciadas organizadas en la lucha por la vivienda, disidentes de la izquierda abertzale e integrantes de la misma en alguna de sus múltiples estructuras conviven en un Errekaleor que mantiene contacto con viejos vecinos, de los cuales algunos han regresado a sus casas tras su enfrentamiento con el Ayuntamiento. “Nos hemos convertido en un agente más del movimiento popular en Gasteiz”, dice Jonbe.

Complicidades

Los nuevos vecinos de Erreka­leor cuentan con complicidades en el Ayuntamiento de parte de Bildu y de muchos partidos “progres, que no considero ‘nuestros’ en términos ideológicos, que entienden esto y lo defienden”, explica nuestro guía. Las próximas elecciones municipales del 24 de mayo también tendrán su eco en las calles del barrio. El PNV aspira a recuperar el bastón de mando de la ciudad y ha mostrado disposición a “ofrecer alternativas” al vecindario, a pesar de que el Departamento de Indus­tria del Gobierno vasco es el que ha dejado sin electricidad las casas del barrio.

Pero la vida sigue abriéndose paso en Errekaleor. A cada auzolan –días de trabajo colectivo– asisten más y más personas procedentes de todos los puntos del País Vasco. Cada tanto nace un mural, se amplía la huerta, se retiran hierros pelados, se avanza en la retirada de la taberna o se discute un proyecto de educación alternativa en la antigua escuela del barrio. Aunque la resistencia –legal, física y mental– al desalojo está programada y preparada, en las calles del barrio nada parece indicar que éste vaya a quedar de nuevo abandonado. Es más, la imaginación se dispara para pensar las posibilidades de un barrio en el que la inteligencia la pone la gente, no las excavadoras.

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