La vaga de totes convoca una huelga de consumo el 19 de mayo
Sabotajes feministas para cambiar la realidad

La precarización del trabajo femenino se ha recrudecido con la crisis pero las respuestas feministas en formato de huelgas se articulan.

17/05/15 · 8:00
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Planchado, aseado, alimentado y listo para asistir a su empleo. Así es el trabajador champiñón, una especie bastante común que recorre nuestras ciudades cada mañana y que describe a la perfección la economista feminista Amaia Pérez Orozco. Pero detrás de esta figura, que parece brotar por generación espontánea, hay una larga cadena de trabajos invisibilizados realizados mayoritariamente por mujeres, que en muchos casos se ven sumidas en dobles jornadas maratonianas: dentro de casa cuidan, fuera realizan trabajos asalariados peor pagados y en peores condiciones laborales.

Del total del trabajo a tiempo parcial, el 73,3% está ocupado por mujeres
¿Qué pasaría si todas ellas, desde su diversidad de condiciones y de situaciones, dejaran de cuidar, de cocinar, lavar o hacer la compra durante un día y faltaran a sus empleos precarios? Esa misma pregunta se hicieron desde la Vaga de Totes, una iniciativa feminista surgida hace más de año y medio en Catalunya y que ya se ha extendido al País Valenciano, Baleares o Burgos y que pretende desbordar la idea clásica de huelga vinculada a los sectores productivos y más masculinizados. La primera fue el pasado mes de octubre. "La Vaga de Totes busca ir más allá de las clásicas huelgas"- como explica Júlia, una de sus participantes.- "Quiere incorporar a esa gran mayoría social de trabajadoras de todo tipo: las que tienen contratos laborales precarios, las que no tienen contrato o las que desempeñan trabajos que no reconocidos como tal”.

Su próxima acción será el 19 de mayo, cuando han convocado una huelga de consumo. Júlia explica por qué en esta ocasión optan por este modelo: “Una huelga de consumo está relacionada con el trabajo de cuidados porque, en el trabajo reproductivo, vas al mercado, al súper, consumes electricidad... Entendemos la huelga de consumo como método de sabotaje”.

Y es que una vez más todos los datos indican que las mujeres son las más perjudicadas con la crisis, mucho más sin son migrantes y precarias y tienen gente a su cargo. Además de asumir las tareas de cuidados y de reproducción de la vida, se han incorporado al mercado laboral para paliar una precaria situación familiar. “En muchos casos en los que el hombre se ha quedado en el paro, el peso de la economía de la casa también recae en el trabajo remunerado de las mujeres, y que se suma al trabajo del hogar y de cuidados que ya tenía. La crisis implica una mayor carga de trabajo para las mujeres”, explica Júlia.

Pero si hablamos de una precariedad laboral de las mujeres, llueve sobre mojado. Según Isabel Otxoa, profesora de Derecho del Trabajo de la Universidad del País Vasco, “la relación de las mujeres con el empleo siempre ha sido precaria aunque ahora se hayan acentuado algunas de las características: extrema temporalidad, relación salarial intermitente sin cobertura de otro tipo, trabajo a tiempo parcial que no proporciona ingresos suficientes”. Además las mujeres ocupan sectores tradicionalmente feminizados. Según Comisiones Obreras, el 50,26% del empleo asalariado a tiempo parcial se concentra en el comercio, personal doméstico, servicios y educación.

En abril el gobierno del Partido Popular anunciaba a bombo y platillo que el desempleo se había reducido en 118.923 personas, un 2,67% menos que el mes anterior, Sin embargo según el informe de Comisiones Obreras El mercado de trabajo en España, el 80% del empleo asalariado creado en 2014 es temporal y el 20% restante es indefinido, pero a tiempo parcial. Del total del trabajo a tiempo parcial, el 73,3% está ocupado por mujeres y tres de cada cuatro personas con los salarios más bajos son mujeres.

Estos datos no puede leerse sin apuntar directamente a las reformas laborales que, según Isabel Otxoa, “han aumentado de manera extraordinaria el poder patronal, tanto en las relaciones laborales colectivas como en las relaciones individuales”.

No contar para la huelga

Ante un mercado laboral marcado por lógicas machistas y capitalistas, La Vaga de Totes apuesta por la huelga como “método de sabotaje por excelencia”. Para Júlia “las huelgas clásicas se centran en los productivo, pero no sólo es el ámbito productivo el que afecta a nuestras vidas”. Por ello se habla de huelga pero se trata de resignificar este concepto, algo que los feminismos llevan haciendo desde hace años bajo la consigna visible en muchas huelgas generales de “Yo hago huelga aunque no computo”.

Trascender la idea clásica de huelga implica romper con el relato que pone en el centro los trabajos asalariados y productivos sin tener en cuenta lo que reproduce la vida. Como explica Amaia Pérez Orozco en Subversión Feminista de la economía, “la llamada economía real se asocia a lo productivo, cuando en realidad no se produce nada nuevo, sino que se extraen recursos y se transforman materiales. La producción sólo puede escindirse de la reproducción en la medida en que funciona una lógica distinta y contrapuesta a la generación de vida”. Sin embargo, la concepción clásica de huelga obrera obvia esta idea, simplificando la realidad. “Las huelgas generales clásicas suelen apelar al hombre blanco, asalariado, con un tipo de trabajo concreto. Mientras otras vertientes de nuestras vidas, como los trabajos reproductivos, los trabajos de cuidados, no se tienen en cuenta”, explica Júlia.

La división entre lo reproductivo y lo productivo, según indica Isabel Otxoa, “ignora todo aquello que no es funcional al mercado capitalista”. Sin embargo, existen una serie de necesidades de personas dependientes, menores o mayores que deben cubrirse y que, como el capital no las tiene en cuenta, “se resuelven con la dedicación de las mujeres mediada por el amor y, en algunos casos, con trabajo remunerado de empleadas de hogar en condiciones intolerables”.

Si hablamos de huelga, resulta inevitable hablar del papel de los sindicatos, fundamentales en la construcción de esa idea de huelga productiva en la que los protagonistas suelen ser hombres. “El trabajo asalariado confiere identidad de clase y articula el sujeto de lucha”, explica Pérez Orozco. De este modo, “los únicos agentes con legitimidad política formal son aquellos de la negociación tripartita patronal-sindicatos-gobierno”.

Pero, ¿podrían apoyar los sindicatos una huelga de cuidados? Como señala Isabel Otxoa, “los sindicatos pueden apoyar la organización de la huelga de cuidados con personas y medios. Eso significaría poner su capacidad de incidir al servicio de iniciativas que luchan contra la explotación fuera del marco de las empresas”.

Camino de hormigas

A pesar de que el análisis esté claro y que los cuidados se reconozcan como algo necesario es complicado que el mensaje cale. Júlia pone un ejemplo muy claro: “El día que mi madre y mi abuela estén de acuerdo en ir a la huelga, lo habremos conseguido. Es un camino de hormiguita. Entrar en contacto con la gente, poner el tema encima de la mesa, crear actividades en los barrios y los pueblos para ir visibilizando los motivos de la Vaga de Totes”.

Para Isabel Otxoa, visibilizar los cuidados en una huelga es una buena estrategia pero plantea algunas tensiones. “El objeto del trabajo son personas a las que no queremos hacer sufrir las consecuencias de la injusta organización de los cuidados”. Con esta afirmación Otxoa pone de manifiesto una de las principales contradicciones del cuidado: “Tenemos que acompañar el trabajo feminista de desvelar la existencia del trabajo de cuidados de propuestas de reparto, reorganización y servicios, y traducirlo en exigencias concretas. En el Día de la Madre se asume el discurso sobre el trabajo ingente que supone mantener la vida, a las feministas nos toca exigir la socialización de la bondad”.

Se congela la diferencia en las pensiones

La crisis tampoco ha solucionado otra de las constantes del sistema español: la diferencia entre la media de las pensiones de las mujeres con respecto a la de los varones sigue siendo de un -17%. La diferencia se ha mantenido prácticamente igual desde 2009. 
 

-13%
La brecha salarial sigue mostrando un dato esclarecedor: las mujeres cobran un 13,8% menos que la media de los dos sexos. Fue la diferencia del salario medio de las mujeres en 2013.                
-32%

La diferencia proporcional del porcentaje de mujeres ocupadas en la dirección de empresas y de la administración pública se sitúa en el -32,3% (la cifra de mayor igualdad es cero). En 2007, la diferencia era del -21,9%. 

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