Eritrea entra en la lista de países con mayor número de solicitantes de asilo
La silenciosa diáspora eritrea

El recrudecimiento del éxodo eritreo y la crisis de los refugiados vuelven a poner en el punto de mira al país africano, que la ONU investiga por "represión" y "violaciones sistemáticas de los derechos humanos".

01/05/15 · 12:54
El campo de refugiados de Shimelba, en el norte de Etiopía.

48.400. Ése es el número de solicitantes de asilo eritreos que intentaron encontrar un futuro mejor en los países industrializados a lo largo del año pasado. 48.400 historias que jamás llegarán a los titulares de los países receptores, historias que huyen de su pasado, que navegan en un presente frágil y que afrontan un futuro, cuando menos, incierto.

Según el reciente informe de Acnur Tendencias de Asilo 2014, Eritrea ha entrado este año en la clasificación de países con mayor número de solicitantes de asilo, ocupando el quinto puesto después de Siria, Irak, Afganistán y Serbia y Kosovo. La geografía de la diáspora de los refugiados eritreos sigue además una tendencia clara, pues dos tercios de estas personas presentaron sus solicitudes en solo tres países: Alemania, Suecia y Suiza.

Eritrea ha entrado en la lista de los países con mayor número de solicitantes de asilo, en el quinto puesto después de Siria, Irak, Afganistán y Serbia y Kosovo

Este sustancial ascenso de las cifras de solicitantes de asilo eritreos –la cifra mencionada dobla a la de las solicitudes de 2013–, no pilla a nadie desprevenido.

Pese a un breve período entre 2008 y 2010 en que el movimiento de refugiados pareció atenuarse, las cifras no han dejado de crecer desde el primer registro que recoge Acnur en el citado informe, allá por 2001. Eritrea, de hecho, llevaba ya varios años escalando puestos en el ranking mundial de nacionalidades con mayor número de personas solicitantes de asilo en el mundo, tal y como recoge dicho documento.

Así, y a pesar del relativamente escaso interés mediático que ha despertado el éxodo eritreo, los refugiados procedentes del joven país han pasado a engrosar en grandes números las poblaciones que acuden a Europa en busca de una salida, una Europa que a veces les cierra la puerta en sus narices. La muerte en la última semana de más de 1.300 de personas en las aguas mediterráneas han devuelto a la agenda las violaciones de los derechos humanos de los migrantes en la Frontera Sur, la más mortal del mundo. Regresa el fantasma del naufragio junto a la isla italiana de Lampedusa, en el que fallecieron 368 personas, aproximadamente la mitad de ellos de nacionalidad eritrea, un ejemplo –que sea ha quedado pequeño– de la arriesgada odisea que tienen que afrontar quienes están dispuestos a cruzar el cementerio del Mediterráneo con tal de escapar de un hogar que se ha convertido, ante los ojos de la comunidad internacional, en una verdadera cárcel a cielo abierto.

Violaciones de los derechos humanos

La antigua colonia italiana, país independiente de Etiopía desde 1993, está regida en la actualidad por quien en su día fuese el libertador de la nación, Isaías Afewerki, el cual se mantiene en el poder desde que fuera elegido presidente por la Asamblea Nacional eritrea el años de su secesión. En su corta historia, Eritrea no conoce las elecciones. La deriva autoritaria de Afewerki y su régimen se ha ido agudizando con los años, sobre todo después del conflicto fronterizo con Etiopía entre 1998 y 2000, en el cual se calcula que hubo entre 80.000 y 100.000 víctimas mortales.

Regresa el fantasma del naufragio junto a la isla italiana de Lampedusa, en el que fallecieron 368 personas, aproximadamente la mitad de ellos de nacionalidad eritrea

22 años después de la llegada de Afewerki al poder, Eritrea se ha convertido en uno de los países más herméticos del mundo. El país africano ocupa el último puesto de la clasificación global de libertad de prensa elaborada por Reporteros sin Fronteras, por detrás incluso de Corea del Norte, país que no obstante sí despierta un considerable interés en los medios de comunicación y la opinión pública internacionales. A mediados de marzo pasado, la Comisión de Investigación sobre Derechos Humanos en Eritrea dependiente de las Naciones Unidas mostró su preocupación por el "penetrante control estatal" al que se ven sometidos los ciudadanos eritreos a través, según este órgano, una red de espías que controla su día a día. Denuncian asimismo una "cruel represión" y "violaciones sistémicas de los derechos humanos". A las detenciones generalizadas e injustificadas se añade el servicio militar obligatorio, el cual puede ser prolongado indefinidamente, mediante el cual el aparato estatal se asegura de mantener a los disidentes bajo su estricto control.

La Comisión sí ha señalado, sin embargo, ciertos progresos realizados por el régimen eritreo, entre ellos la ratificación de la Convención de las Naciones Unidas contra la Tortura o un compromiso de limitación del servicio militar a 18 meses; a pesar de ello, ha advertido que su informe sobre derechos humanos en Eritrea y las conclusiones finales no estarán disponibles hasta junio.

El lavado de imagen emprendido por Afewerki no ha pasado desapercibido en el extranjero. Después de una década sin poder grabar dentro de las fronteras eritreas, la cadena británica BBC consiguió adentrarse en el país para examinar sus logros en materia sanitaria. Considerado uno de los países más pobres del mundo, Eritrea está en camino de cumplir tres de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, siendo especialmente relevantes la reducción de la mortalidad infantil y el descenso de la incidencia de la epidemia del VIH/SIDA.

La innegable mejora en salud pública no logra enmascarar, no obstante, las graves violaciones derechos humanos denunciadas por todo tipo de organizaciones internacionales: asesinatos extrajudiciales, detenciones incomunicadas, tortura, desapariciones forzosas, falta absoluta de libertad de expresión, reunión, movimiento y religión, etcétera.

"Quería hacer algo con mi vida, así que decidí dejarlo todo". Es el testimonio de Natnael Haile a VICE News, una de las innumerables historias sin nombre de eritreos que han decidido escapar a la pesadilla de su tierra natal para adentrarse en un camino que podría llegar a ser más difícil. Muchos pierden la vida en el camino, otros acaban en campos de refugiados en países como Libia o Sudán, donde las condiciones de vida presentes no les auguran un futuro prometedor. Si acaso logran llegar al Norte, su suerte todavía puede verse truncada. Países como Israel, donde los refugiados eritreos han sido llamados "infiltrados ilegales", urden tretas para deshacerse de ellos: hasta hace poco las autoridades inmigratorias israelíes ofrecían a estas personas dinero para que abandonasen "voluntariamente" el país. Desde hace apenas unas semanas, la llamada "única democracia de Oriente Medio", amenaza con encarcelarlos tras 30 días si no se marchan.

Para quien sí están abiertas las puertas del país es para las grandes empresas del sector mineroVolver no es una opción para la gran mayoría de estas personas, que podrían enfrentarse a una represalia en la cual prefieren no pensar. Las fronteras de Eritrea están cerradas para quienes deciden buscarse un futuro fuera. Para quien sí están abiertas las puertas del país es para las grandes empresas del sector minero: el territorio eritreo es rico en recursos minerales como el oro, la plata, el cobre, el zinc o el potasio. A pesar del fuerte intervencionismo estatal en la economía. el gobierno de Afewerki no ha tenido problemas en abrirse de paso a grandes firmas de la extracción minera, en su mayoría occidentales. La prisión eritrea se ha convertido en un suculento huerto para multinacionales de Reino Unido, Australia y Canadá, las cuales han sido acusadas de aprovechar la mano de obra local en condiciones de esclavitud.


En 2013, Human Rights Watch publicó un informe en el que ponía de manifiesto las dudosas condiciones en las que operaban compañías como la canadiense Nevsu Resources, a la cual dedicaba un estudio de caso, que podrían estar beneficiándose de la mano de obra forzada en el país africano. Además, las negociaciones entre las compañías y el gobierno eritreo habrían sido auspiciadas por Reino Unido.

En la actualidad, según la agencia Reuters, la Unión Europea planea desembolsar un paquete multimillonario de desarrollo en Eritrea, en principio circunscrito al sector energético, aunque todavía no se ha precisado con exactitud en qué consistirá la inversión, si abarcará otros sectores o si contará con las garantías necesarias, teniendo en cuenta el precedente de supuestas violaciones de derechos humanos de la extracción minera de compañías como Nevsu Resources. La propuesta ha despertado numerosas críticas, que han recordado a las instituciones comunitarias el fracaso del paquete de ayuda a Eritrea de 122 millones de euros a seis años que Bruselas dispuso en 2007. Como se ha señalado anteriormente, la crisis de los refugiados eritreos se ha agudizado desde entonces.

Mientras tanto, los números de personas eritreas que buscan asilo a miles de kilómetros de hogar natal no paran de crecer. Más de medio siglo después de su emancipación, su futuro parece volver a estar en manos del Norte. En las latitudes más septentrionales, las tensiones políticas y las crecientes desigualdades económicas y sociales propician el rebrote de actitudes insolidarias y xenófobas que contradicen abiertamente el Derecho Internacional Humanitario. En Suiza y Noruega los eritreos son la nacionalidad más numerosa entre los solicitantes de asilo, por delante de los sirios. En Dinamarca, Países Bajos, Suecia y Reino Unido ocupan el segundo puesto. En Alemania ya son la tercera nacionalidad en número de solicitantes. La angustiante diáspora eritrea se expande cada vez más rápido, eclipsada por las crisis humanitarias de otros lugares del mundo, infrarrepresentada en el establishment mediático internacional, dejando tras de sí la huella y la historia de miles de personas cuyo nombre el mundo no recordará.

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