El riesgo de ser negro

En Sudáfrica en las últimas semanas se han venido multiplicando ataques xenófobos contra personas provenientes de otros países africanos. El historiador camerunés Achille Mbembe, profesor en la Universidad Witwatersrand de Johannesburgo, intenta explicar este odio al extranjero en un contexto de paro elevado y extrema desigualdad económica.

19/04/15 · 17:57

Texto de Achille Mbembe

¿'Afrofobia'? ¿'Xenofobia'? ¿'Racismo de negros contra negros'? Alguien “oscuro”, tan oscuro como uno pueda imaginar, acuchillando a un 'extranjero' por ser demasiado oscuro. ¿Se trata de autoodio por excelencia? Se trata de todo esto a la vez.

Ayer le pregunté al taxista: "¿Por qué necesitan matar de esta forma a todos estos 'extranjeros'?". Su respuesta: “Porque, durante el Apartheid, el fuego era la única arma que teníamos nosotros, los Negros. No teníamos munición, ni pistolas ni nada parecido. Con fuego podíamos hacer cócteles molotov y arrojarlos al enemigo desde una distancia prudencial". Hoy ya no necesitamos guardar las distancias. Para matar a esos 'extranjeros' tenemos que estar lo más cerca posible de su cuerpo para prenderle fuego o diseccionarlo, abriendo con cada golpe una herida enorme que nunca podrá curarse. O que, si se cura, dejará cicatrices imborrables en esos 'extranjeros'.

Estuve aquí durante el último estallido de violencia contra esos 'extranjeros'. Desde entonces, el cáncer ha hecho metástasis. La actual caza al 'extranjero' es el producto de una compleja cadena de complicidades –algunas abiertas y explícitas, y otras tácitas. Recientemente, el Gobierno surafricano ha endurecido sus posiciones en materia de inmigración.  Nuevas medidas draconianas que son ahora ley. Sus efectos para gente que estaba legalmente establecida aquí son devastadores. Hace unas semanas estuve en una reunión de personal 'extranjero' de la Universidad Wits. Una sucesión de historias horribles. Permisos de trabajo que no se renuevan. Visados denegadas a familiares. Niños en el limbo legal en las escuelas. Una situación kafkiana que se extiende a los estudiantes extranjeros que entraron en el país legalmente, a quienes siempre se había renovado los visados, pero que ahora se encuentran en una incertidumbre legal, si poder inscribirse a los cursos, sin poder acceder a las becas que les han sido otorgadas por fundaciones. A través de sus nuevas medidas antiinmigración, el gobierno está ilegalizando a migrantes que antes eran legales.

La cadena de complicidades van más allá. Los grandes negocios surafricanos se expanden por todo el continente, reproduciendo a veces en esos lugares las peores formas de racismo que aquí se toleraron durante el Apartheid. Mientras los grandes negocios se 'desnacionalizan' y se 'africanizan', la Sudáfrica negra y pobre, y parte de la clase media, están socializándose en lo que deberíamos llamar 'nacional-chovinismo'. El nacional-chovinismo está asomando su horrible cabeza prácticamente en todos los sectores de la sociedad surafricana. El problema con el nacional-chovinismo es que necesita chivos expiatorios permanentemente. Empieza con aquellos que no son de los nuestros. Pero muy pronto se vuelve fratricida. No se detiene en 'esos extranjeros'. En su ADN está terminar volviéndose contra sí mismo en un gesto dramático de inversión.

Yo estaba allí durante la última explosión de violencia contra 'estos extranjeros'. Desde entonces, el cáncer ha hecho metástasis. La actual caza de “extranjeros” es el producto de una compleja cadena de complicidades, algunas francas y explícitas y otras tácitas. El discurso justificativo empieza con los estereotipos habituales –son más oscuros que nosotros, nos roban nuestros empleos, no nos respetan, son utilizados por blancos que prefieren explotarles a ellos antes que emplearnos a nosotros evitando así los requisitos de la discriminación positiva. Pero el discurso se vuelve más y más vicioso. Puede resumirse de la siguiente manera: Sudáfrica no tiene ninguna deuda moral con África. ¿Evocamos los años del exilio? No, hubo menos de 30.000 sudafricanos en el exilio (me han arrojado este dato pero no tengo ni idea de dónde sale) y estaban desperdigados por todo el mundo: 4 en Ghana, 3 en Etiopía, unos pocos en Zambia, ¡y muchos más en Rusia y Europa del Este! Así pues, no aceptaremos el chantaje moral de 'estos extranjeros'.

Bueno, hagámonos las preguntas difíciles. ¿Por qué Sudáfrica se está convirtiendo en un campo de exterminio para los africanos no nacionales (a los que hay que añadir los bengalís, paquistaníes y quién sabe quién será el siguiente)? ¿Por qué razón este país ha representado siempre un 'círculo de muerte' para cualquier cosa y cualquier persona africana? ¿Qué significa el término 'África' cuándo decimos Sudáfrica? ¿Es una idea o es un mero accidente? ¿Debemos empezar a cuantificar lo que Angola, Mozambique, Zimbabue, Namibia, Tanzania, Zambia y otros países sacrificaron durante la lucha de liberación? ¿Cuánto dinero dio el Comité de Liberación de la Organización de la Unidad Africana (OUA) a los movimientos de liberación? ¿Cuántos dólares pagó el Estado nigeriano para la lucha sudafricana? Si tuviéramos que poner precio a las destrucciones que infringió el régimen del Apartheid en las economías e infraestructuras de los estados fronterizos ¿cuál sería el monto?. Y una vez que todo ello haya sido cuantificado ¿no deberíamos pasar la factura al gobierno de la Congreso Nacional Africano que heredó el Estado sudafricano y pedirle que devuelva todo lo que se pagó en nombre de los negros oprimidos en Suráfrica durante esos largos años? ¿No estaríamos, pues, autorizados a añadir a todas esos daños y pérdidas el número de gente asesinada por los ejércitos del Apartheid en represalia contra los países que acogían a nuestros combatientes sudafricanos, el número de mutilados, la larga cadena de miseria y destrucción sufrida en nombre de nuestra solidaridad con Sudáfrica? Y si los negros sudafricanos no quieren oír hablar de deuda moral, tal vez sea el momento de darles la razón, pasarles la factura y reclamarles reparaciones económicas.

Evidentemente todos vemos lo absurdo de esta lógica de insularidad que está convirtiendo este país en otro campo de exterminio para la gente más oscura, 'esos extranjeros'. Pero no sería absurdo, puesto que el gobierno de Sudáfrica es reacio o incapaz de proteger de la ira de su pueblo a aquéllos que están aquí legalmente, o de apelar a una autoridad mayor. Sudáfrica ha firmado la mayoría de los tratados internacionales, incluida la Convención que establece el Tribunal Penal Internacional de La Haya. Algunos de los instigadores de la “temporada de caza” actual son conocidos. Algunos han hecho declaraciones públicas avivando el odio. ¿Podemos pensar en alguna manera de enviarles a La Haya? La impunidad alimenta más impunidad y más atrocidades. Es el camino más corto hacia el genocidio. Si el Estado sudafricano no puede llamar al orden a estos perpetradores ¿no va siendo ya hora de apelar a una jurisdicción superior para que se encargue de ellos?

Y por último, un comentario acerca de los 'extranjeros' y los 'migrantes'. Ningún africano es extranjero en África. Ningún africano es un migrante en África. África es dónde todos pertenecemos, a pesar de la locura de nuestras fronteras. Ningún nacional-chovinismo puede borrar este hecho. Ninguna deportación puede borrarlo. En lugar de derramar sangre negra ni más ni menos que en la Avenida Pixley ka Seme (1), todos deberíamos asegurarnos de reconstruir este continente y de acabar con esta dolorosa historia. La que, por demasiado tiempo, ha dictado que ser negro (da igual dónde y cuándo) es un riesgo.

1. Pixley ka Seme (1881-1951) fue el fundador y presidente del Congreso Nacional Africano

Traducción de Marta Vallejo

El pasado 16 de abril, 10.000 personas se manifestaron contra la xenofobia en diferentes puntos del país en una marcha que fue interrumpida por pequeños grupos contrarios a la misma.

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