Hacia la democracia municipal

La democracia municipal tiene como fuente un sinnúmero de ejemplos históricos de los que puede beber, tanto en nuestra geografía como fuera de ella.

, militante de vivienda y comunicación
15/04/15 · 9:00
Alrededor del 80% de la población española reside en áreas urbanas. A nivel mundial, recientemente la población urbana superó a la rural, en una tendencia que según las previsiones se mantendrá. Así, el municipio resulta un elemento fundamental para la comprensión de la realidad y es uno de los principales terrenos a la hora de pensar en sustituir el actual dominio capitalista por un sistema democrático. Un objetivo plenamente vigente si tenemos en cuenta la actualidad de las palabras de Friedrich Engels sobre las grandes ciudades de hace casi dos siglos: “Indiferencia bárbara por todas partes, dureza egoísta de un lado y miseria indecible del otro lado, la guerra social por todas partes, el hogar de cada uno en estado de sitio, por todas partes pillaje recíproco bajo el manto de la ley”.
 
Cabe recordar que cuando hablamos de democracia municipal no nos estamos refiriendo, en nuestras coordenadas, al color político de los gestores locales del Régimen del 78 y menos todavía a la “apuesta municipalista” de un sector de la izquierda recién incorporado a la política burguesa. La democracia municipal no pasa por la dictadura del Estado ni por la dictadura empresarial a las cuales están sometidas nuestras ciudades. Democracia significa derrocar esas estructuras de privilegio y dominación y que la dirección del municipio sea asumida por quienes producen y reproducen las ciudades: los trabajadores y trabajadoras. Es el gobierno del pueblo, la sociedad sin Estado, basada en los principios de propiedad y decisión colectivas y auténtica representación con mandato imperativo. 

Democracia significa derrocar esas estructuras de privilegio y dominación y que la dirección del municipio sea asumida por quienes producen las ciudades

La democracia municipal tiene como fuente un sinnúmero de ejemplos históricos de los que puede beber, tanto en nuestra geografía (cantonalismo, municipios libres, colectividades, concejos abiertos) como fuera de ella (desde la Comuna de París a ciertas formas organizativas de los indígenas americanos, pasando por el Kurdistán). Debería tener, no obstante, mucho de novedad, debido a la falta de tradición en la gestión democrática de grandes urbes y megaciudades con alto desarrollo tecnológico. Municipios como Madrid o Barcelona difícilmente podrán seguir conservando ese carácter, sino que deberán reajustarse y descentralizarse como áreas metropolitanas o incluso regiones.
 

Más allá del municipio
 

El municipio es un terreno fundamental, pero no es el único. La historia nos muestra que el nivel local es insuficiente para producir transformaciones de carácter duradero, y la interconexión del mundo contemporáneo hace complicado pensar en la viabilidad de democracias exclusivamente locales. Como señala David Harvey, hay que pensar en niveles más allá de la ciudad y más allá del asamblearismo, como sugería el confederalismo de Murray Bookchin: “Interconectar pueblos, barrios, pequeñas y grandes ciudades en redes confederales. Así, el poder fluye desde abajo hacia arriba en vez de desde arriba hacia abajo”.
 
“La ciudad para quien la habita”, sería el lema municipalista democrático. Recuperando el clásico de Federico Urales, Los municipios libres, “hay que demostrar a la gente que cree haber nacido para dirigir a los demás, que administrar en esta y en otra sociedad es lo más fácil del mundo”. Si no lo hacemos, de nuevo tenemos a Engels para decirnos lo que nos espera a los trabajadores: “Nadie se preocupa de él; lanzado en este torbellino caótico, tiene que defenderse como pueda. Si tiene la suerte de encontrar trabajo, es decir, si la burguesía le concede la gracia de enriquecerse a su costa, obtiene un salario que apenas es suficiente para sobrevivir; si no encuentra trabajo, puede robar, si no teme a la policía, o bien morir de hambre y aquí también la policía cuidará que muera de hambre de manera tranquila”.
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